martes, 4 de marzo de 2014

POEMAS DE JOSÉ SANTOS CHOCANO


 

José Santos Chocano Gastañodi nació el 14 de mayo de 1875, en la ciudad de Lima, Perú, y falleció el 13 de diciembre de 1934 en Santiago de Chile. Diplomático y uno de los más importantes poetas hispanoamericanos, dentro del modernismo, fue conocido como "El cantor de América".



Blasón

Soy el cantor de América autóctono y salvaje;
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con un vaivén pausado de hamaca tropical...

Cuando me siento Inca, le rindo un vasallaje
al Sol, que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el coloniaje,
parecen mis estrofas trompetas de cristal.

Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el León de Oro;
y las dos castas fundo con épico fragor.

La sangre es española e incaico es el latido;
¡Y de no ser poeta, quizás yo hubiese sido
un blanco aventurero o un indio emperador!


OOOOOOOOOOOOO


Quién sabe


Indio que asomas a la puerta
de esa tu rústica mansión,
¿para mi sed no tienes agua?,
¿para mi frío, cobertor?,
¿parco maíz para mi hambre?,
¿para mi sueño, mal rincón?
¿breve quietud para mi andanza?...
—¡Quién sabe, señor!


Indio que labras con fatiga
tierras que de otro dueño son:
¿ignoras tú que deben tuyas
ser, por tu sangre y tu sudor?
¿Ignoras tú que audaz codicia,
siglos atrás, te las quitó?
¿Ignoras tú que eres el amo?
—¡Quién sabe, señor!


Indio de frente taciturna
y de pupilas sin fulgor,
¿qué pensamiento es el que escondes
en tu enigmática expresión?
¿Qué es lo que buscas en tu vida?,
¿qué es lo que imploras a tu Dios?,
¿qué es lo que sueña tu silencio?
—¡Quién sabe, señor!


¡Oh raza antigua y misteriosa
de impenetrable corazón,
y que sin gozar ves la alegría
y sin sufrir ves el dolor;
eres augusta como el Ande,
el Grande Océano y el Sol!
Ese tu gesto, que parece
como de vil resignación,
es de una sabia indiferencia
y de un orgullo sin rencor...


Corre en mis venas sangre tuya,
y, por tal sangre, si mi Dios
me interrogase qué prefiero,
—cruz o laurel, espina o flor,
beso que apague mis supiros
o hiel que colme mi canción—
responderíale dudando:
—¡Quién sabe, Señor!
 

OOOOOOOOOOOOOOOOO




Nostalgia

Hace ya diez años
que recorro el mundo.
¡He vivido poco!
¡Me he cansado mucho!
 

Quien vive de prisa no vive de veras:
quien no hecha raíces
no puede dar frutos.
Ser río que corre,
ser nube que pasa,
sin dejar recuerdos ni rastro ninguno,
 

es triste, y más triste para el que se siente nube
en lo elevado, río en lo profundo.
Quisiera ser árbol, mejor que ser ave,
quisiera ser leño, mejor que ser humo,
y al viaje que cansa
prefiero el terruño:
 

la ciudad nativa con sus campanarios, arcaicos
balcones, portales vetustos
y calles estrechas, como si las casas
tampoco quisiesen separarse mucho...
 

Estoy en la orilla
de un sendero abrupto.
Miro la serpiente de la carretera
que en cada montaña
da vueltas a un nudo;
y entonces comprendo que el camino es largo,
 

que el terreno es brusco,
que la cuesta es ardua,
que el paisaje mustio...
¡Señor!, ya me canso de viajar, ya siento
nostalgia,
ya ansío descansar muy junto
de los míos... Todos rodearán mi asiento
para que les diga mis penas y triunfos;
 

y yo, a la manera del que recorriera
un álbum de cromos,
contaré con gusto
las mil y una noches de mis aventuras
y acabaré con esta frase de infortunio:
 

-¡He vivido poco!
¡Me he cansado mucho!