sábado, 31 de mayo de 2014

LA CAZA




JULIA OTERO
Periodista


La caza







VIERNES, 30 DE MAYO DEL 2014
Están inquietos, parece que incluso irritados. Por eso han puesto en marcha toda la maquinaria. La que se ve, lee y escucha pero, probablemente también, la que se mueve en la zona oscura, la que busca en las cloacas. Habrán dado órdenes de revolver donde sea para dar con cualquier debilidad. Con poca cosa se construye una buena calumnia. ¡Es tan vulnerable la reputación, tan sencillo acabar con ella!
Sí, señores y señoras: ha empezado la caza de Pablo Iglesias, el coletas, el telepredicador, ególatra, amigo de ayatolás, populista y chavista. No un rogelio dócil -como llaman los pijos de Madrid a los socialistas- sino un demonio de izquierdas.
Seamos comprensivos con el instinto cinegético que se ha despertado en la clase política convencional: acaban de robarle la cartera delante de sus narices. Un millón doscientos mil españoles que ellos creían abstencionistas (esa bendición para el statu quo), se levantaron del sofá con ganas de dar un grito en la urna. Y el establishment no se lo explica aún. Nadie ha contado con mayor sinceridad que Marta Ferrusola la extrañeza que el poder siente cuando es desafiado. Le ocurrió cuando Maragall, Carod y Saura se unieron para desalojar a CiU del Govern, un «robo» dijo ella entonces, «como cuando alguien entra en tu casa». Así están muchos esta semana. Pablo Iglesias y el grupo de profesores universitarios del núcleo duro de Podemos, bregados en los movimientos sociales, hijos de su tiempo, usuarios naturales de las redes sociales, se han convertido en una amenaza para los arriolas de los partidos convencionales. Resultó especialmente patético, por eso, escuchar al asesor mejor pagado de España calificar de frikis a los triunfadores de las elecciones.
Esa maldita televisión
También es humana la irritación de Arriola: en cuatro meses y con un presupuesto de campaña inferior a lo que él cobra en medio año por aconsejar comparecencias en plasma, van a sentar cinco eurodiputados en Bruselas. La casta -término en alza- está que muerde y sus arietes mediáticos trasmiten que todo es por la maldita televisión que crea monstruos. Y lo dicen unos ejemplares que viven en la tele, en una tertulia sin fin. Tanta coherencia, agota.
Es pronto para saber si Podemos es el caballo de Troya en el corazón del sistema o un visitante que pronto se desarmará. Hoy y ahora, sin embargo, es un tábano que muerde en todas las cuadras y que actuará como un revulsivo. Y esto, como dice el hashtag de Podemos, #EsSoloElPrincipio. ¿Alguien duda que el próximo intento sea un Syriza español? Habría que jubilar a algunos dinosaurios de IU, sumar con ecologistas y movimientos sociales como la PAH... y buscar un buen cabeza de lista. Pongamos una Ada Colau.
Mientras, los socialistas deshojan margaritas a punto de convertirse en Los otros. En Catalunya, ya lo son.

jueves, 29 de mayo de 2014

POEMAS DE ELISEO DIEGO


Eliseo Diego nació el 2 de julio de 1920 en La Habana, Cuba y falleció el 1 de marzo de 1994 en Ciudad de México. Poeta, escritor y ensayista, García Márquez lo definió como, "Uno de los más grandes poetas que hay en la lengua castellana".  



No es más...

por selva oscura... 

Un poema no es más 
que una conversación en la penumbra 
del horno viejo, cuando ya 
todos se han ido, y cruje 
afuera el hondo bosque; un poema

no es más que unas palabras 
que uno ha querido, y cambian 
de sitio con el tiempo, y ya 
no son más que una mancha, una esperanza indecible; 

un poema no es más 
que la felicidad, que una conversación 
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio. 



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Viajes

Un patio de la Víbora
donde la sombra crece hasta el silencio
en árboles y hierbas y amarguras
y llagas del adobe, tiene
también palmeras de otro mundo
grabadas en el aire quieto.
Salir al patio, entrar en el aroma
ruinoso de los años, es un poco
viajar al otro extremo de la vida
y estar como no estando,
en la penumbra
de donde todo viene, adonde
todo se va, por fin, a ser silencio.



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Calma

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,
que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la brisa,
Se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,
la infinita
playa desierta,
de manera
que no acaba,
quizás,
este silencio,
nunca?

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Testamento 

Habiendo llegado al tiempo en que 
la penumbra ya no me consuela más 
y me apocan los presagios pequeños; 

habiendo llegado a este tiempo; 

y como las heces del café 
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas; 

habiendo llegado a este tiempo; 

y perdida ya toda esperanza de 
algún merecido ascenso, de 
ver el manar sereno de la sombra; 

y no poseyendo más que este tiempo; 

no poseyendo más, en fin, 
que mi memoria de las noches y 
su vibrante delicadeza enorme; 

no poseyendo más 
entre cielo y tierra que 
mi memoria, que este tiempo; 

decido hacer mi testamento. 

Es este: 
les dejo 

el tiempo, todo el tiempo. 

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Voy a nombrar las cosas

Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.

Y el interior sagrado, la penumbra
que surcan los oficios polvorientos,
la madera del hombre, la nocturna
madera de mi cuerpo cuando duermo.

Y la pobreza del lugar, y el polvo
en que testaron las huellas de mi padre,
sitios de piedra decidida y limpia, 
despojados de sombra, siempre iguales.

Sin olvidar la compasión del fuego
en la intemperie del solar distante
ni el sacramento gozoso de la lluvia
en el humilde cáliz de mi parque.

Ni el estupendo muro, mediodía,
terso y añil e interminable.

Con la mirada inmóvil del verano
mi cariño sabrá de las veredas
por donde huyen los ávidos domingos
y regresan, ya lunes, cabizbajos.

Y nombraré las cosas, tan despacio
que cuando pierda el Paraíso de mi calle
y mis olvidos me la vuelvan sueño,
pueda llamarla de pronto con el alba.

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Cuadernillo de Bella

1

Cómo llevar a las palabras
la sensación, el roce de tu mano
por vez primera entre la mía.
Su forma frágil, delicada,
su ser, su estar en mí, su suave entrega.
“Esta es la mano, en fin, de tu muchacha”,
me dices no sé cómo, mientras siento
“esta es la mano de la niña mía”.

Mayor delicia habrá,
si tiempo y suerte quieren.
Ninguna habrá tan absoluta y pura.

2

Reverente imagino tus muñecas
en tus brazos menudos acunadas.
Cómo se llaman, digo. Y me respondes
en una voz que la distancia vela
desde el hondo del patio. Deja. Mira,
tú estás feliz, eres feliz, qué importa.

Tú estás hecha de infancias, niña mía.
tú eres toda de niños. Vida solo.

3

Ya te miro venir, ligera y leve,
volando las escalas del teatro,
la boina al sesgo de tu pelo lacio,
radiante y feliz, hecha de aromas.
Das a mi amigo un libro, me sonríes,
después te vuelves y tu esbelta espalda
escaleras abajo es una música
y es una puertecilla hacia la dicha.

4

Quién sabe cómo fue ni cuándo y dónde
me dijiste que sí, que me entregabas
el huerto de ti misma, paraíso
de magias y delicias y qué glorias.
Y yo ciego de mí te acepto a ciegas
del esplendor terrible de tu llama
tan frágil y menuda entre mis brazos.
Pues tú eres tú y eras la vida y todo
cuanto va desde el júbilo a lo trágico,
desde el alba a las fiestas de la tarde.

5

Y tus muñecas fueron al fin hijos,
oh música del mundo, oh maravilla,
mi cajita de asombros, mi señora!
Y el dueño de tu huerto florecido,
el taciturno, te volvió la espalda,
te dejó a solas con tus juegos mágicos,
los únicos que importan, y lloraste.
¿Cómo pude yo hacer que sollozaras?
¡La boina al sesgo del cabello pulcro,
tú, la del rostro terso, radiante,
quién pudo imaginarte entonces lágrimas!
Y sin embargo fuimos los dos uno,
no se puede ser más, y tú has llorado.

6

Todo es al fin no más un cuento mágico.
Quién sabe cómo, todo cuento acaba.
Yo di su vida a los muñecos tuyos
como un brujo hechizado. Me embrujaste
con solo ser tan niña a vida pura.
Como a través de un vidrio estoy mirándote.
Turbio vidrio mi asombro de saberte
tal cual eres, mi niña desdichada.
Me hechizaste, y en cambio te hice daño.
Mas yo sólo te amé porque tú eras.

martes, 27 de mayo de 2014

POEMAS DE LINA ZERON



Lina Zerón nació en Ciudad de México el 30 de octubre de 1959. Poetisa triunfadora, su obra poética ha sido traducida a 12 idiomas. Ha merecido muchos premios literarios, entre ellos el "Ciudad de Barcelona". 








Añadirte a mi piel

Quiero hervirte
en el centro de mis suspiros,
desgreñar tus ansias en mi ansiosa piel,
y encender piras infinitas
en la avenida de mis piernas
para guiar tu clavel por mi noche.

Desmadejar tus besos con mis besos,
en la flor de mi naranjo adormecer tu sed.
Sentir en mi elástico triángulo
azules bocanadas
y convertirte en amaranto ocaso,
para deleitarme con tu espuma,
para echar anclas,
para perseguir gaviotas,
para morir en ti.


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Aroma de mil flores

Tiembla la hojarasca a la espera del amante,
como tiembla el olmo en la tormenta
con cada embestida de viento;
tiembla impaciente pero de pie espera.
Como huracán doblega mi encendido follaje,
penetra, penetra con enormes raíces
la espesura de mi ansiosa tierra
sembrando gemas en el enigma de la noche.
Satisfecho
-hijo del viento- descansas.
Duermes entre aroma de mil flores
esperando que llegue el alba a despertarnos
con el eco de nuestras cálidas tormentas.



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Moradas mariposas

Fui semilla de sol plantada en la tierra 
parida por un tornado de agua 
entre polvo estelar y alarido de colores. 

Yo quería nacer mariposa, 
águila 
y que me crecieran doradas plumas, 
pero nací higuera de enormes raíces 
y me salieron ramas 
y de las ramas hojas 
y me nacieron ojos en la corteza. 

De las hojas brotaron palomas 
y acunaron suspiros mis rojos dedos, 
y mis manos abanicaron tinieblas 
y probé la manzana del Edén. 

Supe del sabor de la sangre 
y me punzaron los huesos 
y aprendí a llorar con mi sombra 
y a cargar la cruz del fruto de María, 
pero también probé la miel sagrada de la rosa 
y la carne del cordero 
y tuve sangre virgen en las venas 
y entre mis piernas el jugo de Adán corrió. 

Mi vientre parió moradas mariposas 
que alimenté con savia pura de abeja 
y me convertí en olmo 
para defender los frutos 
y ni sequías 
ni tempestades 
arrancaron mi tronco de la tierra. 

Cantaron muchas primaveras con sus inviernos, 
maduraron los higos y a la vida cayeron 
y se olvidaron de este árbol 
y desnudas quedaron mis ramas. 


Dejé de ser higuera y olmo, 
me crecieron alas 
y en las plumas colores 
y en los colores agua 
y me convertí en pez-golondrina. 

Mis lágrimas humedecen las escamas 
y los suspiros hacen volar mis alas 
cuando veo las semillas que mis frutos dieron. 

Soy feliz de haber nacido higuera, 
volverme olmo 
y ahora ser pez-golondrina 
sin nido fijo y sin cadenas. 

    *************

Florescencia

En el eco ojival de mi transparencia 
en tu recuerdo me diluyo... 

Mis húmedos surcos navegables 
afloran 
en el intermitente canto de tus deseos. 

Sumerges pistilos en mis labios abismales, 
produciendo capilares estertores 
me vuelvo tu cómplice 
mi cuerpo convulsiona en el lecho. 

En tus manos soy mar incontenible, 
horizontales anhelos, 
hembra previsible ante la presencia 
de innumerables goces. 

Mis secretos escondidos humedeces. 
Poro a poro se bañan mis fuegos seculares, 
tiemblo, grito, 
mareas sucesivas y salvajes 
repertorio de conjunciones fulminantes. 
Embates fragorosos, ¡gemidos! 
Incontrolables pulsaciones 
del conjuro procreador multiplicante. 

Ya sin quejas descanso en tu piel 
despejada de líquidas sorpresas. 
Tranquila, 
serena, 
iluminada. 

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Antes de amarnos

¿Qué fuimos antes de amarnos? 
¿Quién eras tú? 
¿Y yo quien era? 
Fría lumbre en los labios contenida, 
rígido corazón opaco, 
áspero fruto mi vientre, 
ligero ropaje de verano tu mirada. 

Ahora que nos amamos... 
fuego somos donde mariposas se suicidan, 
cuerpos de luz, 
piel ardiendo en rojas llamas, 
hechizo inacabable. 

Unidas en el mismo cuerpo sombras somos, 
sueños revelados en poemas, 
atraídas mareas por la luna, 
enormes olas de amores fatigadas. 

Ahora que te amo... 
un insecto que nace en las mañanas 
y muere por la tarde entre tus muslos soy, 
suspendidas gotas de placer, 
suspiro de Sol en el cenit, 
sirena de agua dulce, 
develada estrella bajo tu cuerpo. 

Ahora que tú me amas... 
eres símbolo de alianza entre los dioses, 
amuleto colgando de mi cuello, 
turbulenta agua con que mis flores riego, 
lámpara que guía a los ciegos soy. 
Ahora que nos amamos... 
somos raíces cálidas de la tierra. 

    *************

Réquien 

Hoy cerré la casa con un candado de oro remendado, 
regué primero los girasoles que solícitos se erguían 
las dubitativas rosas que conocen el dolor de la defensa. 
Recorrí la luminosa alcoba entre lo oscuro 
y sellé con gruesos listones las indiscretas persianas. 
Hoy abandoné la infinitud de una vida en casa, 
los cimientos de amor a mi espalda quedaron, 
se derrumbó la perfección de una armónica rutina, 
la joya de caricias que entretejió nuestras vidas. 
No volveré a doblar cortinas ni manteles de motivos 
ni a zurcir más trozos de suspiros a la vieja sobrecama, 
ni los paseos de fin de semana esperar con impaciencia, 
no lucharé más por extirpar el olor a humedades 
y besos que cada rincón nos pillaba. 
Debo arrancar de la memoria el polen de tu risa, 
tus manos remolino de nubes esparcidas en mi piel, 
olvidar tus besos -trino de mirlos en la mañana- 
el balanceo perfecto de nuestros cuerpos. 
No volveré a mirar tus ojos de fuego de luna 
ni a esperar en la ventana que aparezca tu figura. 
Ayer debí incinerarte y tragarme las cenizas 
para tenerte dentro aun tu cuerpo fallecido 
en vez de enterrarte en un frío cajón de madera. 
Hoy me encuentro mas sola que un viejo faro de mar. 

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Desconsuelo

Dios ¿dónde estás? 
Acaso en la débil ala de una mariposa, 
en el monótono zumbido de la abeja 
o en la gaviota que roza vagamente la playa. 
Te busco 
en el crepúsculo vacío de invierno, 
en la luz sin frontera de mis ojos, 
en la melancólica sombra del ciprés. 
Palpitan en mi pecho reflejos de aurora. 
y no estás. 
Tampoco en el alud de tatuados dolores, 
en el breve escalofrío de mis párpados azules, 
en la marimba interna de mi cuerpo. 
Tal vez mis rezos llegaron tarde a la cita, 
tal vez eres pedestal de oro inaccesible, 
anzuelo en el fondo sin carnada 
y yo hambriento pez en la noche del océano. 
Tal vez seas omnipotente campo y yo roja hormiga. 
Tal vez seas flama desprendida del sol 
y yo ciego espejo incapaz de reflejarte. 


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Ahí, donde

En la blanda cavidad de mi cuerpo 
ardes. 
En el espacio donde impera la noche 
tiemblas. 
En las sombras donde los dementes clemencia piden 
te arrodillas. 
En la profundidad del sueño roto 
apareces. 
En nombre del Maestro que llegó a salvarnos 
imploras. 
Ahí, donde el olvido a jirones llega 
palpitas. 
Ahí, donde tu memoria no tiene sosiego 
existo. 
Ahí donde el alma absorta se ciñe uno a uno 
yacemos juntos. 
Ahí donde mi corazón oprimo antes de que el llanto llegue 
y me avergüence 
te desconozco. 
Ahí, donde mi delgado silencio te interroga, 
te perdono. 





lunes, 26 de mayo de 2014

EL BASTIÓN



Con 60 años muy gastados, he aquí a un ciudadano de vuelta de todo, cabreado por la corrupción, hastiado de la política, indefenso ante la quiebra de las instituciones, zarandeado por el rigor de la crisis económica. Puede que sea un euroescéptico militante, pero hubo un tiempo en que Europa fue un sueño imposible para los españoles de su generación. Hoy no piensa votar. O tal vez sí. Ante los embates del destino ahora se enfrenta al dilema clásico: levantar el ánimo todavía y luchar con arrojo o dejarlo correr y limitarse a soñar. Este ciudadano sabe muy bien que pelear no siempre es cosa de valientes ni soñar significa que seas un cobarde. Cuando Europa era un proyecto político excitante él era muy joven. En el álbum de su memoria se ve con 19 años sentado en la escalinata de la plaza de España de Roma junto a otros compañeros de curso en el viaje del ecuador o fregando platos en un restaurante de Londres un verano que fue a aprender inglés. En otra imagen está solo en París, en una callejuela del Barrio Latino, que a las ocho de la mañana, recién regada, olía a cruasán. Allí olió también por primera vez la libertad. Todos los jóvenes le parecían Yves Montand, todas las chicas eran Brigitte Bardot y las parejas de enamorados se besaban a la luz del día en los muelles del Sena. Todavía conserva llenos de polvo los libros del Ruedo Ibérico que compró en aquella librería de un exiliado español. Entonces cualquier viaje a Europa era iniciático. El muro de Berlín, la discoteca Paradiso de Ámsterdam, el cielo bruñido sobre los acantilados de mármol de Grecia, aquellas chicas que bajaban desde el corazón de Escandinava a nuestras playas, novias de verano, que en el sexo no exigían nada a cambio salvo sentirse libres. En efecto, él era muy joven y soñaba que un día aquella Europa de ríos navegables, de democracia y cultura abierta, de vacas con ojos azules, de Erasmo y de Voltaire, acabaría por sacudirnos la caspa negra del franquismo. Hoy siente una asfixia ante el descalabro de aquel proyecto europeo que ha sido invadido por burócratas corruptos, mediocres. Ante el dilema de pelear o soñar, este ciudadano guarda sus últimas fuerzas para que nadie le arrebate aquel sueño de juventud, que es su último bastión para no sentirse derrotado.