sábado, 10 de enero de 2015

LEYENDA MOCORETÁ


Entre los indios mocoretáes había uno, joven, aguerrido y valiente llamado Igtá (hábil nadador) que amaba a la más buena y hermosa de las mujeres de su tribu, Picazú (paloma torcaza), y quería casarse con ella.
Los padres de Picazú consintieron en que se realizase tal boda; pero siendo necesario para ello la aprobación de la Luna, llamaron al Tuyá (adivino) de la tribu para que la consultara.
Era una noche plácida y serena. La luz blanca, clara, brillante y hermosa de la Luna iluminaba los campos y las tolderías de los indios. Y el Tuyá interpretó:
-Esa luz que nos envía la Luna significa que ella aprueba satisfecha la boda de Igtá y Picazú.
Entonces, el Jefe de la tribu ordenó a Igtá demostrase a todos que en verdad era digno y merecedor de tomar compañera. Para ello debía arrojarse a las aguas de la laguna y nadar durante largo rato. Después, ir en busca de un gran número de presas de caza.
Igtá, que era excelente nadador y había cazado mucho desde su niñez, realizó las pruebas con el mayor éxito, pues nadó cuanto se lo pidió y trajo entre sus brazos abundante caza.
Las ceremonias de la boda realizáronse una noche, después de tres lunas. Se encendió una gran hoguera, a cuyo alrededor todos los indios comían, bebían, bailaban y gritaban, celebrando tan grande acontecimiento.
Pero algo faltaba para que Igtá y Picazú fueran felices: tener la seguridad de que Tupá, su dios bueno, había aprobado también la boda. Y esperaron.
¡Cuál no sería su pena y desconsuelo, cuando llegada la noche siguiente comenzó a caer una copiosa lluvia! Eran las lágrimas de Tupá las que caían sobre la tribu para significar el descontento y desaprobación del dios por haberse realizado la unión de los jóvenes indios.
Igtá y Picazú no podían, pues, continuar unidos perteneciendo a la tribu. Debían huir y arrojarse a las aguas de la laguna. Allí había una isla donde moraban todos los que se habían casado contrariando la voluntad de Tupá. Los dos debían ir a esa isla para no volver jamás.

Al día siguiente cesó la lluvia. Y por la tarde, a la hora en que el sol iba a ocultarse en el ocaso, Igtá y Picazú se arrojaron al agua y comenzaron a nadar.
Los indios de su tribu, reunidos a orillas de la laguna, viéndolos alejarse lentamente, los injuriaban y maldecían para aplacar el enojo de Tupá y evitar sus castigos, pues ésta era su creencia.
Igtá, hábil nadador, consiguió nadar buen trecho, ayudando también a su infortunada compañera. Poco faltaba a Igtá y Picazú para llegar a la isla sanos y salvos, cuando una nueva desgracia cayó sobre ellos: Ñuatí (Espina), un guerrero malvado de la tribu, les arrojó una flecha. Todos los indios lo imitaron, y entonces fue una lluvia de flechas la que llegó hasta Picazú e Igtá, quienes, heridos quizás por ellas, desaparecieron de la superficie de las aguas.
En ese preciso instante el sol, que se hundía en el horizonte, tomó un intenso color rojo; y su luz tiñó la laguna e iluminó de rojo los campos y el cielo.
Esto llenó de asombro a los indios, los que, atemorizados, huyeron velozmente, alejándose de la laguna.
Mientras tanto Igtá y Picazú, ayudados sin duda por Tupá porque eran buenos, lograban salvarse y llegar a la isla, donde podrían al fin vivir felices, pues se amaban mucho.

Vocabulario:
Tupá: Dios bueno de los guaraníes. 
Tuyá: Anciano de la tribu. Consultaba los astros. Era curandero y sacerdote. 
Igtá: Hábil nadador. 
Picazú: Paloma torcaza.


Ñuatí: Espina. 

Fuente: sobreleyendas.com

martes, 6 de enero de 2015

PINTURAS DE ANDREA DEL SARTO

Autorretrato 1528 Florencia Galería Uffizi
Andrea del Sarto fue pintor de estilo manierista, post renacentista, que nació en Florencia el 16 de julio de 1486 y falleció el 21 de enero de 1531, en la misma ciudad. Por su gran meticulosidad y depurado estilo se le apodó «Andrea senza errori», o sea, Andrea sin error, muy influenciado por Rafael y Leonardo. Su formación como artista comenzó en el taller de Piero di Cosimo.


 Retrato de Mujer con cesto. 1517. Óleo sobre tabla  de 76 x 54 cm. Florencia, Galería de los Uffizi.




 Viaje de los Reyes Magos, 1511. Fresco de 360 x 305 cm. Santissima Annunziata, Florencia.




 Nacimiento de la Virgen, 1514. Fresco de 413 x 345 cm. Santissima Annunziata, Florencia.


Sagrada Familia, 1520, óleo sobre tabla de 129 x 105 cm. Galería Palatina, Florencia.


San Juan Bautista, 1523, óleo sobre tabla de 94 x 68 cm. Galería Palatina, Florencia.


 
Retrato de Baccio Bandinelli, 1530, óleo sobre lienzo de 59 x 43 cm. Galería de los Uffizi, Florencia


Retrato de Mujer con un libro, 1514, óleo sobre tabla de 87 x 69 cm. Florencia, Galería de los Uffizi.


 Triunfo del César, 1520. Fresco de 502 x 356 cm. Villa Medici, Poggio a Caiano


 Historias de José, 1516, óleo sobre tabla de  98 x 135 cm. Galería Palatina,  Florencia.