viernes, 4 de julio de 2014

POEMAS DE ANDRÉS BELLO




Andrés de Jesús María y José Bello López  nació el 29 de noviembre de 1781 en Caracas, Venezuela  y falleció el 15 de octubre de 1865 en Santiago, Chile.  Poeta, filósofo, traductor, ensayista, filólogo, político y jurista. Su obra más importante fue la Gramática del idioma castellano.  





El anauco

Irrite la codicia
por rumbos ignorados
a la sonante Tetis
y bramadores austros;
el pino que habitaba
del Betis fortunado
las márgenes amenas
vestidas de amaranto,
impunemente admire
los deliciosos campos
del Ganges caudaloso,
de aromas coronado.

Tú, verde y apacible
ribera del Anauco,
para mí más alegre,
que los bosques idalios
y las vegas hermosas
de la plácida Pafos,
resonarás continuo
con mis humildes cantos;
y cuando ya mi sombra
sobre el funesto barco
visite del Erebo
los valles solitarios,
en tus umbrías selvas
y retirados antros
erraré cual un día,
tal vez abandonando
la silenciosa margen
de los estigios lagos.

La turba dolorida
de los pueblos cercanos
evocará mis manes
con lastimero llanto;
y ante la triste tumba,
de funerales ramos
vestida, y olorosa
con perfumes indianos,
dirá llorando Filis:
«Aquí descansa Fabio» .

¡Mil veces venturoso!
Pero, tú, desdichado,
por bárbaras naciones
lejos del clima patrio
débilmente vaciles
al peso de los años.
Devoren tu cadáver
los canes sanguinarios
que apacienta Caribdis
en sus rudos peñascos;
ni aplaque tus cenizas
con ayes lastimados
la pérfida consorte
ceñida de otros brazos.



        *  *  *  *  *  *  *  *


Las ovejas

«¿Líbranos de la fiera tiranía
de los humanos, Jove omnipotente
¡una oveja decía,
entregando el vellón a la tijera?
que en nuestra pobre gente
hace el pastor más daño
en la semana, que en el mes o el año
la garra de los tigres nos hiciera.

Vengan, padre común de los vivientes,
los veranos ardientes;
venga el invierno frío,
y danos por albergue el bosque umbrío,
dejándonos vivir independientes,
donde jamás oigamos la zampoña
aborrecida, que nos da la roña,
ni veamos armado
del maldito cayado
al hombre destructor que nos maltrata,
y nos trasquila, y ciento a ciento mata.

Suelta la liebre pace
de lo que gusta, y va donde le place,
sin zagal, sin redil y sin cencerro;
y las tristes ovejas ¡duro caso!
si hemos de dar un paso,
tenemos que pedir licencia al perro.

Viste y abriga al hombre nuestra lana;
el carnero es su vianda cotidiana;
y cuando airado envías a la tierra,
por sus delitos, hambre, peste o guerra,
¿quién ha visto que corra sangre humana?
en tus altares? No: la oveja sola
para aplacar tu cólera se inmola.

Él lo peca, y nosotras lo pagamos.
¿Y es razón que sujetas al gobierno
de esta malvada raza, Dios eterno,
para siempre vivamos?
¿Qué te costaba darnos, si ordenabas
que fuésemos esclavas,
menos crueles amos?
Que matanza a matanza y robo a robo,
harto más fiera es el pastor que el lobo» .

Mientras que así se queja
la sin ventura oveja
la monda piel fregándose en la grama,
y el vulgo de inocentes baladores
¡vivan los lobos! clama
y ¡mueran los pastores!
y en súbito rebato
cunde el pronunciamiento de hato en hato
el senado ovejuno
«¡ah!»  dice,  «todo es uno».

             

                              *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Miserere

¡Piedad, piedad, Dios mío!
¡Que tu misericordia me socorra!
Según la muchedumbre
de tus clemencias, mis delitos borra.

De mis iniquidades
lávame más y más; mi depravado
corazón quede limpio
de la horrorosa mancha del pecado.

Porque, Señor, conozco
toda la fealdad de mi delito,
y mi conciencia propia
me acusa y contra mí levanta el grito.

Pequé contra Ti solo;
a tu vista obré mal; para que brille
tu justicia, y vencido,
el que te juzgue tiemble y se arrodille.

Objeto de tus iras
nací, de iniquidades mancillado,
y en el materno seno
cubrió mi ser la sombra del pecado.

En la verdad te gozas
y para más rubor y más afrenta,
tesoros me mostraste
de oculta celestial sabiduría.

Pero con el hisopo
me rociarán, y ni una mancha leve
tendré ya; lavárasme,
y quedaré más blanco que la nieve.

Sonarán tus acentos
de consuelo y de paz en mis oídos,
y celeste alegría
conmoverá mis huesos.

Aparta, pues, aparta
tu faz, ¡oh, Dios!, de mi maldad horrenda
rastro de culpa por tu enojo encienda.

En mis entrañas cría
un corazón que con ardiente afecto
te busque; un alma pura,
enamorada de lo justo y recto.

De tu dulce presencia,
en que al lloroso pecador recibes,
no me arrojes airado
ni de tu santa inspiración me prives.

Restáurame en tu gracia,
que es del alma salud, vida y contento;
y al débil pecho infunde
de un ánimo real el noble aliento:
haré que el hombre injusto
de su razón conozca el extravío;
le mostraré tu senda,
y a tu ley santa volverá al impío.

Mas líbrame de sangre,
¡mi Dios, mi Salvador! ¡Inmensa fuente
de piedad! Y mi lengua
loará tu justicia eternamente.

Desatarás mis labios,
si santo un pecador que llora alcanza,
y gozosa a las gentes
anunciará mi lengua tu alabanza.

Que si víctima fueran
gratas a Ti, las inmolará luego;
pero no es sacrificio
que te deleita el que consume el fuego.

Un corazón doliente
es la expiación que a tu justicia agrada:
la víctima que aceptas
es un alma contrita y humillada.

Vuelve a Sión tu benigno
rostro primero y tu piedad amante
y sus muros humilde
Jerusalén, Señor, al fin levante.

Y de puras ofrendas
se colmarán tus aras y propicio
recibirás un día
el grande inmaculado sacrificio.


    
                          *  *  *  *  *  *  *  *  *

Rubia

¿Sabes, rubia, qué gracia solicito
cuando de ofrendas cubro los altares?
No ricos muebles, no soberbios lares,
ni una mesa que adule al apetito.

De Aragua a las orillas un distrito
que me tribute fáciles manjares,
do vecino a mis rústicos hogares
entre peñascos corra un arroyito.

Para acogerme en el calor estivo,
que tenga una arboleda también quiero,
do crezca junto al sauce el coco altivo.

¡Felice yo si en este albergue muero;
y al exhalar mi aliento fugitivo,
sello en tus labios el adiós postrero!


                       *  *  *  *  *  *  *  *  *

A Moisés

 ¿Qué son las fuentes en que el oro brilla,
 y el mármol de colores,
 a par del Nilo, y de esta verde orilla
 esmaltada de flores?

No es tan grato el incienso que consume
 en el altar la llama, 
como entre los aromos el perfume 
que el céfiro derrama. 

Ni en el festín real me gozo tanto, 
como en oír la orquesta 
alada, que, esparciendo dulce canto, 
anima la floresta.

¿Véis cuál se pinta en la corriente clara
el puro azul del cielo?
El cinto desatadme, y la tiara,
y el importuno velo.
¿Véis en aquel remanso trasparente
zabullirse la garza?
Las ropas deponed; y al blando ambiente,
el cabello se esparza.

miércoles, 2 de julio de 2014

POEMAS DE RAMÓN DE GARCIASOL


Ramón de Garciasol cuyo verdadero nombre es Miguel Alonso Calvo nació el 29 de septiembre de 1913 en Humanes, Guadalajara y falleció en Madrid el 14 de mayo de 1994. Poeta, narrador, biógrafo y ensayista. Perteneciente a la Generación del 36. Su poesía tiene influencias de Unamuno y Rubén Darío.

 

Cancioncilla de la invitación a la serenidad

Dulce te quiero, serena-
mente profunda te quiero.
Un silencio colmenero
melifica la colmena


que no quiere ser locura,
sino luz medida. Mira
y di con los ojos. Tira
esa prisa, criatura.


Moneditas atesora
de sol y tiempo. Se ve
mejor el paisaje a pie,
como manda Dios. Ahora


nace la palabra, brilla
con la hoja, con la nube.
Savia, sangre, sabe, sube
al árbol, a la mejilla.


Ven a recoger dulzura
para el invierno y la pena.
El secreto de la vena
va aclarando su escritura.



               *  *  *  *  *   *  *  *  *  

Desafío de amor frente a las sombras

Otro doce de octubre, compañera,
con la serena flor de la alegría
y más luz en los ojos. Se diría,
coraje renaciente, que te espera


nuevo «milagro de la primavera».
seria la hora, dura la sangría,
el aire temeroso, esposa mía,
atormentado el ceño, sementera


de tiempo anubarrado. ¿habrá mañana
con plazuelas y niños juguetones,
espigas candeales la besana,

mozas de arracimado amor, parejas

como tú y como yo, los corazones
empavesados, dime? Sí: de tejas

abajo está muy grave la esperanza,
y de tejas arriba silenciosos,


mudos los astros, tan majestuosos
como siempre en sus órbitas. alcanza

el terror con la mano el hombre, avanza
entre fuerzas hostiles, tormentosos


los pulsos, con espanto los sabrosos
frutos sobre la mesa. la balanza

no está en el fiel de la justicia, pesa
espanto y más espanto. ¿Qué nos trae


a la espalda el futuro? Niebla espesa,

perdidiza y cobarde, sin agallas
el verbo imbécil. El vigor decae.
Y tú Dios, ¿por qué duermes, por qué callas?


Mas frente al miedo, mientras viva, digo
que no a las sombras. Trae la mano, esposa,
y avancemos. ¡Atrás los monstruos! ¡Rosa,
florece contra el hielo! ¡Sube, trigo,


más gallardo que nunca! ¡Ven, amigo,
a cantar con nosotros la gloriosa
salud trabajadora, la grandiosa
coral voz del Océano! ¡Conmigo


los vientres y las tiernas labrantías,
la rabia y el honor de los talleres
forjadores de panes y de días!


¡Adelante, a la vida sin fracaso!
si todos desertores, sé que eres,
Mariuca, la bandera de mi paso.



               *  *  *  *  *  *  *  *  *

Canción del silencio

A cortar silencio, esposa.
Está Castilla crecida
de silencio y sonorosa
paz, oreo por la herida

melancólica. Qué olores
tiene el campo que amanece.
Alamillos reidores
con el viento que les mece


están cribando en sus hojas
sol y sombra por el suelo.
Coge silencio sin duelo,
que se viertan las congojas.

Huele el campo que alimenta
de serenidad, y canta
un sabor en la garganta
que va de romero a menta.

Disuelve el terrón reseco,
silencio, y dale a la tierra
arada. Rellena el hueco
de sombra con luz de sierra,


y ponme a cantar a coro
con el color de la jara,
con el arbolillo de oro
-cuatro hojicas en la vara,

con el arroyo serrano
y el pájaro que gotea
uvas de armonía. Sea
grano de trigo en verano

y buche de agua marcera,
y carmín en el poniente,
sagrada sombra de higuera
y diamante en el relente.

Fúndeme a tu ritmo eterno,
silencio del campo mío.
El pensamiento hace invierno
y metafísico frío. 

Corta la invisible rosa.
Está crecida Castilla
de silencio para trilla
de corazones, esposa.

     *  *  *  *  *  *  *
Gracias hermanos
                                A Gabriel Celaya

Sois tan buenos y desdichados,
tan sobrehumanos,
que me tenéis en algo.
Y voy apuntalado
Por vosotros, por vuestras manos
trabajadoras, vuestros labios
sonreídos del alba, brazos
sostenedores, respaldado.
Tan solitario
estoy que apenas valgo
con mi sombra. ¡Cuánto
en lo mío es vuestro, y proclamo,
en mi trabajo!
Y no me caigo
del todo, que sería malo
para vuestras creencias. Y me canso
tanto
que no quisiera haberme despertado
una mañana más al tajo,
llamo
a la materna muerte, a su regazo
acunador, me pongo a vuestro lado
y procuro mostraros
lo más sano
de mi palabra, el relámpago
que dignifique el barro
original, lo claro
de mis oscuridades, hago
el papel asignado
por el azar en el teatro
del mundo amargo
a ratos,
fascinante, entreclaro
y terrible, aún no descifrado,
criaturas de fe, de canto,
que no sabéis -¡ay, risas!- el milagro
diariamente renovado
que sois. Os amo,
gentes del pueblo llano,
de mis raíces, campo
pegujalero de mi sangre, árbol
de luz y fruto de mi llanto.
Y me callo, falto
y sin verbo adecuado
para rezarlo,
hermanos.


          *  *  *  *  *  *  *  *

Nadie me cantará como te canto...

Nadie me cantará como te canto,
madre, con una llama que se enciende
en ti y en mi termina. Nadie entiende
la sangre de su fin y de mi llanto.

Yo no tengo semilla que me cante
en hijos de consuelo, salvadores,
por el tiempo y los hombres, labradores
que vuelvan a sembrar para adelante

la vida en criatura, y aún en pena,
pasajera, que luego se enardece
en la flor sin memoria ni condena

de la santa alegría. Aquí se apaga
el agua que se agota en sí, perece
sin salir a la mar que la propaga.


                 *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Pero a tu sombra, amor

Rompe el tabique, trae a la ceguera
el diálogo, tu música. Me llenas
de otra luz esta carne donde penas,
recuerdos van. Tú sigue, compañera,


cogida de mi mano. Me redime
esa voz tan alzada de romero,
de campo con simienza y caminero
paso. Veo en tu verbo, creo. Dime


por qué este olor -¿es mayo?-, cómo ha sido.
Habla o calla, mujer, pero a mi lado,
pero a tu sombra, amor, pero a tu oído,


pero a tus brazos. Habla o calla, esposa,
pero ahí. ¡No me sienta abandonado
sobre la Tierra inmensa, silenciosa!


                  * *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Y debemos andar de otra manera...

Y debemos andar de otra manera
por los caminos de la Mancha, hermano,
por si, fecunda tierra de secano,
diese trigo su augusta calavera.


Ay, huesos, donde ardió la sed más pura,
sustentando con más viril coraje
el ¡no! en pie y de cara al oleaje
que rompe contra el hombre y su figura.


Comed el pan despacio, andad a besos
por los lagares y por los molinos,
que ya todo es Quevedo derramado.


Polvo de humano polvo son sus huesos,
mas aunque sean polvo en los caminos,
polvo serán de España enamorado.


                 *  *  *  *  *

Del amor de cada día

Es posible que se haya dicho todo
y que hayamos nacido tal vez tarde.
Mas esta gloria que en mis venas arde,
nadie -¡nadie!- la vive de este modo.


Todo es posible. Todo ha sido en nombre:
todo. Pero este beso tuyo y mío,
esta luz, esta flor, este rocío,
son nuestros nada más, mujer y hombre.


Mujer y hombre únicos, primeros,
-tú y yo, yo y tú- con nombres y apellidos
que no se han de dar más en criatura.


Empezamos la Historia, verdaderos
primer hombre y mujer reconocidos,
proclamando el amor y su aventura.



lunes, 30 de junio de 2014

POEMAS DE ANA MARÍA IZA


Ana María Iza nació el 29 de enero de 1941 en Quito, Ecuador. Poeta y periodista, ha destacado también en el bel canto como soprano. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño" convocado por el diario"El Universo" de Guayaquil en los años 1967, 1974, 1984 y 1995. 



Ni el rayo

                             A la Dra. Gloria Paz de Cabezas

Ni el rayo, ni la rosa, ni la roca
ni la rata, ni el radar, ni el remo
detuvieron el rodar de su camino
sus ansias de volar...
No se detuvo en seco a preguntar
por qué crujen las ramas
por qué es así la vida.
Las ramas son las ramas y la vida es la vida.
Por referencias supo de la ternura
en revistas prestadas conoció una ciudad
¡Cómo serán los hombres en Ganimedes!
y si en la tierra existen,
¿dónde están....?


       *  *  *  *  *  *  *  *

Amor amor

El Mar
juega con la Botella
la desnuda
la enreda entre sus patas azules
le da vueltas

Trepa
las porosas rodillas de la playa
la mece
la ensucia
enrosca
-desenrosca-
salta al cuello
la bebe
El mar
brinda con la botella
le perturba
le entierra
desentierra
¡La Botella y el Mar!
Yo te recuerdo.

    *   *  *  *  *  *  *

Cantaleta

A usted que malsonó
va sonando mi verso
Recuerdo de usted su lejanía
Lilaila Leililí Liliputiense

Mis piernas en sus ojos
y no las alcanzaba

Tal vez olvidó correr mientras corría

Ocho su corazón hortiga
emerge sin bulla en este escándalo
cuando ladro como lora sin descanso

No sé que hacer con usted
dónde esconderle
No sé si me comprende pero se que me rabia

No sé si me bebe entera con el vino
No sé si usted me escupe
y le caigo en la cara

          *  *  *  *  *  *  *  *

Carta a mí misma

¿Recuerdas
cuando era el teléfono un pájaro
cantando en el alambre... ?

Nunca creíste
que sólo se trataba de un vil artefacto.

Eras insoportable.
Por eso hasta quisiste un lunes
regalarte.

Tenías la mirada llena de barcos.
Dabas de comer
a los perros del parque
y te sabías de memoria el número
de árboles,
a fuerza de ser viento,
de ser hoja,
de husmear
no sé qué estrella entre las ramas.

Eras
un raro espécimen,
una degeneración futura,
un grifo siempre yéndose,
ya ni sé qué decirte,
eras
algo bastante feo que me gustaba.

Te pregunto,
por preguntarte,
porque sí,
porque llueve
y algún entremetido te ha empujado:
¿Qué harías si te dejara libre,
si de un manotón quitara la montaña ...?

De ley
irías a refugiarte en la ternura,
a estrellarte en el borde de un retrato.
A escarbar en el suelo un sucio anillo
del que nacieron rosas,
lombrices,
telarañas.

Tú,
siempre serás tú.

No habrá abracadabra que te cambie.
No habrá

reencarnación que te libre del lodo de los sueños.
No habrá forma
de librarse de ti
ni estrangulándote.

Oye:
no vayas
a suicidarte.
Me es indispensable tu presencia:
triste,
desafiante.

Terminada en punta
-como una hoja-
detrás de la ventana.

             *  *  *  *  *  *  *

Lobo azul

No quise detenerte
pensaste que era el viento
fa fuerza de gravedad que te empujaba

Y era el impulso mío
la sed de lo que parte

Bien puede ser
el sol tras la montaña
o la montaña en sombra desteñida
la ciudad que se esfuma en la ventana
la estela en barco convertida
el olor de los muelles
la hora cero
la caída del Dios que nos levanta

La dulzura de las manos solas
la mancha
en los pañuelos blancos

No quise detenerte
me gustabas por agua

Llévate el lobo azul
Déjame el lila pálido


           *  *  *  *  *  *  *

Nosé

No me encuentro no me hallo
no sé
No me resisto
debe ser el calor tal vez el frío

No me trago no me paso
parezco mi enemigo

Me pregunto por mí si alguien me ha visto
Jim Morrison me alcanza
con su disco irrompible

Quisiera pedir disculpas
sentarme en la última banca
apagarme como foco
tirar en el ring la toalla
No sé qué hacer con usted
dónde esconderle
No sé sí me comprende pero sé que me rabia

No sé sí me bebe entera con el vino
No sé sí usted me escupe
y le caigo en la cara.

         *  *  *  *  *  *  *  *

Sabana de injusticia

Quemó sus naves
timbró su hora
de salida
sin retro
sin retroacción
sin disyuntivas
A veces
se prolongan los restos
del naufragio
sin un negocio de baratijas

Si todas las mujeres vendieran
y compraran
otro gallo cantaría la cartilla
De todos modos
las gardenias marcan sus hitos
entre las cordilleras de la sabana
de la injusticia
Verídica la sal
pisoteada
por impúdicas leoninas
El hielo taladre sus talones
mantenga a raya sus cenizas
El Bajo Beirut le invada
sin armisticios.

          *  *  *  *  *  *  *  *  *

Usted 

Usted
cabeza sin cabeza
idea descabellada
imprudencia de mis imprudencias
raíz de mis sonrisas
juguete de cristal
junto al martillo
Cosas
qué sólo a mí me suceden
y en las películas
"África Mía"
Hombre invisible
de palabras y gestos invisibles:
cómo me dueles
cruzas
con tus grifos abiertos
por mi sed sin sentido.

             *  *  *  *  *  *  *  *
Luces fugaces

Hay hombres 
de quienes enamorarse. 
Por quienes perder la cabeza 
el empleo 
la casa. 

Tienen las frentes anchas. 
De costumbre neuróticos 
mentirosos - veraces. 

Siempre llevan un libro 
- casi nunca corbata - 
un jeroglífico en donde otros 
cargan el alma. 

Melancólicos 
tristes 
alegres 
indomables. 

Generalmente van 
por este mundo solos. 
Son estrellas perdidas 
luces fugaces. 

Hechos a la medida 
de las mujeres tristes 
alegres 
indomables. 

Ellos 
y ellas caminan 
sin jamás encontrarse. 

domingo, 29 de junio de 2014

POEMAS DE FELICIANO MEJÍA


Feliciano Mejía Hidalgo nació el 9 de febrero de 1948 en Abancay, Perú. Poeta, narrador y periodista, estuvo en el Movimiento Hora Zero. Es uno de los poetas más vitales de los 70, su poesía se posiciona, a menudo,  en lo social.






Tesoros de piratas 

El Bucanero tiene una alegría magra,
estentórea y gritona, dos hijas
y una hermosa esposa
que ríe y llora y que vuelve a reír
y bebe y se emborracha
de cuando en vez;
y tiene un pelo largo retinto de señora
o Jesucristo -vaya, y escoja Ud.-
un largo párpado roto,
un grueso diente de oro,
una sobada papada de obispo,
diez dedos gordos como puros morenos,
un collar de platino,
un pecho de gorila,
una agreste voz de niño
donde se acurruca su ternura de felpa,
un corazón enternecido del tamaño de un amanecer de Nebraska,
una mejilla partida de un hachazo,
recuerdo veloz de una noche de alcohol y marihuana
por los prados ventosos de Coalinga,
un auto azul turquesa del tamaño de un burro
o de un carretón de transporte de coles,
una barriga señorial y respetuosa,
una casa alquilada, precaria, cariñosa,
caliente y fría, según el temporal;
y su grito de guerra que es antorcha y es médula
en su peregrinar.

Y con esos tesoros
comienza a construir
una muralla que no tiene por dónde terminar.



            *  *  *  *  *  *  *  *  * 

Tango del malvado

Es malo y sufre.

Malvado hasta la santidad.

Y le duele el alma hasta las cachas
y ríe con risa de lata
y duerme con angustia de cernícalo.

En sus noches dementes
oigo su cantar
enmohecido, arrugando el aire.

Tortuoso hasta hacer marchitar
las begonias de la casa
de la mujer que ama.

Es malo, quiróptero,
y anida en su mañana
de brea chamuscada.


     *  *  *  *  *  *  *

Toros

Los toros que van a morir
esperan en su aprisco,
ebrios de sol
y de cansancio
y de grasa.

(las olas vienen y van, azules)

Los toros que van a morir
están parados -moscardón-moscas-bisbiseos-
en la tabla sin fin de la espera,
ahuecados por la luz mortecina
de lámparas eléctricas esmirriadas.

(las sombrillas por miles
se rasmillan con el viento caldeado
y con los gránulos de arena)

Los garfios de los ganchos
estáticos-serenos;
las reses,
emporcadas sus pezuñas
en el cieno surgido de sus vientres.

(el sol caldea las pieles
repletas de aceites...
masticaciones-alcoholes-televisores
altoparlantes y gritos de carteles
en cada centímetro de este mundo
donde el sol cae)

Los toros.....


             *  *  *  *  *  *  *

Taranta

Huellas de muerte en el polvo
raya la niña suicida;
alfanjes, sus brazuelos moros,
alfanjes agudos, sus pestañas.

Bajo el aliento caldeado
de maitines, bajo el árbol
plateado de lo oscuro,
pasos de agonía daba
la tenue mujer enlutada.

Sudores vitrificados,
gritos verdes,
en el límite final
del vibrar de sus caderas.

Mugen y arañan los vientos, afuera
besando a los pordioseros.


     *  *  *  *  *  *  *  *

Postal: El viejo del mar del norte

 El anciano calamocano bebe
aguardiente de trigo.
Profundo saco de vidrio
se hace su ojo sano:
críspace entre sorbos
su barba amarilla y raleada.

Tras las ventanas se alongan las cruces góticas
de la iglesia del barrio de putas
y negros de poros abiertos,
y jóvenes de narices rojas
de dientes carcomidos
se van por la calle Van Dam,
por la vieja y hermosa estación de trenes,
a conseguir morfina.

El viejo marino,
en el bar de pomos de bronce
y gigantes arañas de madera,
pausado bebe ginebra
y me mira y me pregunta sobre el Perú
y la larga resistencia muda
y la guerra larga de hoy;
y mira
y me mira
dibujar sobre el mármol
tu nombre

Afuera hace frío y llueve
y el asfalto está helado
y cintila.


        *  *  *  *  *  *  *

Himno verde

Albaicí de benjuí y lavanda en flor,
transida de mi alegra y amor:
deja que vaya hacia tus brazos
y me cobije en tu pecho,
mientras el corro de soldados ronda
en las oscurecidas calles
y el bronco canto retumbe en la oquedad.

(Cóndor y Toro) (Serpiente y Cerdo)

Cúbreme con el olor de tu mirada,
protégeme ya (amada - amado);
y que el ojo vidriado no me vea,
hasta que pase el tiempo de la sombra
y salte del carbón la Fogata
y muera el dolor.

Y haz que mis heridas duelan menos,
haz que mi canto contenga eterna miel,
haz que mi cólera como siempre construya,
y al final, ven, conmigo, caminando
con todos, así, libremente...Amor!.

     *  *  *  *  *  *  *  *  *

Segundo himno verde


Cierto día, un día, lloró en silencio
Albaicí,
y de sus faldas huyó el copo de alegría.

Su perfil se fijó en las ramas del melocotonero en flor,
en las riberas de las montañas llenas de humedad y verdor:
hoy, donde sus huellas pasaron
rebotan los recuerdos de las risas de los niños
(ellos crecieron entre las palmeras y las dalias)
destrozados por las bombas de napalm
arrojadas entre las nieves de los Andes.

Pero yo veo aún cómo caen las lágrimas de la herida Albaicí...

Mi alma de nuevo se estremece
y se acurruca a sus pies;
sin embargo es largo mi camino
y pasa el tiempo
frotando sus dolores,
y pasa lento el torpor,
y viene el horizonte
repleto de sol puro y claveles rojos en flor,
y veo
y reveo y veo que se acerca...
acercándose....!


   *  *  *  *  *  *  *  *  *

Hombres del Mundo:
Aquí yace
el más grande amor
de un hombre que vagaba
                        sin su sombra
                        y le dolía la vida.
Aquí yace aquella que le dio
un cobijo eterno al poeta
entre sus senos y sus muslos
y sus labios de púrpura
y su vientre.
                        Venerada es para la eternidad
                                            pues ella pudo
(cuando quebrado como un trozo de hielo estaba cabizbajo el poeta),
ponerlo en pie
y así pudo este Hombre
agarrar sus dedos
enteros y escribir en grande que por fin su cuerpo yerto
                                  amaba
y coger férrea la nueva arma
y cargar en sus espaldas
la bolsa repleta
de humilde detonante
                   y ayudar a liberar La Patria (con la “humilde dinamita”)

Aquí yace. Y sigue amada
para siempre.