miércoles, 3 de septiembre de 2014

POEMAS DE JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN



José Luis García Martín nació el 17 de junio de 1950 en Aldeanueva del Camino, Cáceres.  Crítico literario, poeta y profesor universitario ha escrito numerosos libros de poesía entre los que cabe mencionar, Poesía Reunida (1990), El Pasajero (1992) y Principios y Finales (1997).






Intermedio sentimental

Has llegado a mi vida
sin avisar, sin llamar a la puerta,
con tus botas gastadas,
con tu sonrisa herida,
y has derribado de un soplo
la muralla de tinta y de papel
que protegía mi mundo.
¡Era tan grata tanta soledad!
Pronto te irás. Adiós, adiós.
¿Qué me dejarás cuando te vayas?
¿Sólo dolor mientras se desvanece
ese olor a infancia y paraíso
que has traído contigo?
Mi corazón, hotel de pocas noches.
Te acaricio y sonrío.
Ya sé que estás de paso.
Que te dejas querer
un poco por piedad,
por gratitud,
que abandonas tu cuerpo
como un dócil juguete
mientras que tú te ausentas,
cierras los ojos,
piensas en quienes has amado,
en quien secretamente deseas,
nunca en mí.
Pero estás en mis brazos,
no en los suyos.
Ya sé que vivo de prestado,
nunca pude vivir de otra manera.
Cuando te hago reír,
cuando distraído sonríes,
cuando me veo reflejado en tus ojos
(también cuando muy lejos y a mi lado
pareces ser feliz),
el mundo se detiene
y baila sobre un pie.


    *  *  *  *  *  *  *

La amenaza
                                                                                    
La dorada basura de los años
me ha ido acostumbrando a vivir entre sueños;
ninguna sonrisa se desvanece en mi memoria;
los ojos que una vez me miraron
incitantes o quizá sin verme
siguen fijos para siempre en mí;
una amable palabra distraída
para todo el invierno enciende un fuego;
cualquier borroso amor
que apenas si llega a ser amor
se transforma en un árbol inmenso cuyas ramas
me protegen del sol inclemente.
Piedra a piedra he construido una casa
sin puertas ni ventanas,
un jardín
del tamaño del mundo,
una celda
donde me encierro con todas las cosas que amo.

Algunas noches salgo,
bien protegido el corazón,
en busca del botín: un pretexto,
un mínimo pretexto adolescente,
para seguir soñando.
Y esta mañana
al despertar
atónito comprendo
que sigues sonriendo entre mis brazos.
Tú no eres un sueño, estoy perdido.


   *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Lo imposible

Por odio de lo fácil detesto la aventura.
¿Qué mayor aventura que abrir una ventana,
mirar pasar las nubes mientras pasa la tarde,
acariciar tu pelo, acostarse temprano,
escuchar una voz que canta en otro siglo?
Por odio de lo fácil. Déjame que sonría
ante tantos que anhelan lo que jamás les falta.
No se pisa dos veces en el mismo lugar.
Nadie abraza dos veces a la misma persona.
No se detiene nunca la nave que nos lleva,
incansable da vueltas en su viaje estelar.
Mírame: ya soy otro. Y te sigo queriendo
a ti que ya no eres quien ayer sonreía.
Cuatro estaciones tiene el tren en que viajamos
y en ninguna nos dejan detenernos.
Por odio de lo fácil detesto la aventura.
¿Qué mayor aventura que mirarte a los ojos
y ver en ellos juntas mi dicha y una lágrima?
¿Qué mayor aventura que no saber siquiera
si el día de mañana seguiremos con vida?
Aspiro a lo imposible: a la monotonía.


      *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Rosa Kessler

Ahora soy más feliz. ¿Importa eso?
Sé que mientras te quise estuve vivo.
"Rosele, meine Rosele..." En sueños
todavía sigo pronunciando tu nombre,
la única oración que no he olvidado.
Ya sé que ahora eres dichosa
como nunca lo fuiste conmigo.
Yo también soy feliz. ¿No te lo dije?
Se acabaron los bruscos
viajes al hospital, los juegos con la muerte
sólo para saber si aún me querías.
Todo pasó, ya nada importa nada.
No es tan difícil el juego de la vida
cuando se aprenden unas pocas reglas.
Yo las aprendí tarde, pero bien.
Ahora soy feliz como nunca lo he sido.
Pero déjame confesarte un secreto:
en sueños todavía vuelvo a ver
tu rubio pelo iluminando el día.


   *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Reminiscencias

Amor que no devasta no es
amor. Lees a Omar Jayyam en esta
plaza de bronce y de palomas
aún con olor a oriente y desventura.
(Una vez amé, creí que me amarían,
y no fue así; eso es todo. )

Acepta su patética
invitación a la vida, aférrate
al instante que huye, sacude
tanta apagada y vil tristeza,
la ceniza que mancha tus ropas
todavía inocentes, deja
que el amor y el azar levanten fortalezas
de viento y las deshaga el viento
una y otra vez...
                                   Pero tú
no me oyes. Mientras
un duro terrón de tedio
se deshace en la taza de café
(Hoy no hay nadie a quien no envidie
sólo por no ser yo)
, en un rincón paciente
de A Brasileira esperas
que la vida se siente en la silla vacía.


       *  *  *  *  *  *  *  *  *

Dido y Eneas

Me preguntas qué ha sido de mi vida 
es estos años últimos. Tú llegas con un brillo 
exótico en los ojos que tanto amé, sonríes 
de mágica manera como entonces 
y conocen tus pasos el polvo 
de todos los caminos. Qué ha sido de tu vida. 
Fracasar es un arte que tú ignoras. 
Se aprende lentamente, en largas tardes 
y rincones oscuros, se aprende entre los brazos 
que fingen un calor que no perdura. 
Cuántas veces anduve por las mismas 
calles, ya sin ti y con incierta lluvia, 
cuántas veces me senté en lugares 
que conocieron la precaria dicha 
de aquel adolescente tan irreal y puro. 
No todos saben encontrar la puerta 
que lleva lejos, con amor y riesgo, 
a las islas azules y a ciudades con sol. 
Dijiste que la vida es un licor 
que hay que apurar de un trago, y yo te vi partir, 
te veo todavía partir a prima noche, 
partir hacia otro mundo en donde yo no existo. 
Con lástima me miras porque ignoras 
que hay un placer mayor, decir que no 
a la vida, andar por un atajo incierto, 
desdeñar el amor, sonreír en la ausencia, 
abrazar el vacío y seguir adelante 
hasta ese punto último que aúna 
la tiniebla y la luz.


           *  *  *  *  *  *  *  *

Remedio para melancólicos

Cuando me veas deprimido, ansioso, malhumorado, 
todo lo que tienes que hacer es quitarte la ropa, 
y entonces brilla el sol y se revela el secreto: 
que somos carne y respiramos y estamos 
cerca el uno del otro. 
Tu desnudez me vuelve invulnerable. 
La lógica podrida, el corazón 
borroso, gangrenadas tardes se curan 
con la simetría perfecta de tus brazos y piernas. 
Extendidos forman un círculo eterno, sendas 
hacia una playa sola, la rúbrica de un Dios. 
Todo lo que no eres tú, todo lo que no soy yo 
deja de tener importancia: el dolor, 
el sin sentimiento, el asco, son nimiedades 
que nada tienen que ver con la vida. 
Cuando me veas agonizante, quítate la ropa. 
Aunque estuviera muerto resucitaría.

domingo, 31 de agosto de 2014

POEMAS DE RENATA DURÁN


Renata Durán nació en Bogotá en 1950. Ha publicado los libros : Muñeca rota (1981), Oculta ceremonia, (1985), Sombras sonoras (1986), Poemas escogidos (1993), y El sol apagado (1994). 







Fui luz, fui roca...       

Fui luz, fui roca
ensangrentada
contra tus locas aguas.
Fui el aire
y las cosas cercanas.
De madera y de pan
para tus dedos insondables.
De aguda claridad
para tus ojos.
Fui todos los cuerpos
que besaste
a través de los siglos.
La piel de la memoria,
la estrella de tus sexos.
Fuimos los dos
la vida dividida
pero no separada.
Somos ahora
compañeros de viaje
y seguiremos siempre
en el polvo del tiempo.
Agua. Luna. Silencio.


    *  *  *  *  *  *

Me ocupo inútilmente de mi vida...

Me ocupo inútilmente
de mi vida
mientras espero que
despiertes.
Estuviste a punto de
romper el cristal
que nos separa
y por fin encontrarnos.
Sólo viste tu imagen
reflejada.
No miraste al través.
Del otro lado estaba yo,
llamándote.
Llegaste a mí
sin darte cuenta.
Por una puerta entraste,
que no me conocía,
y te quedaste aquí,
sin saberlo.
Ahora te veo caminar
por la ciudad,
dueño de ti, sin anclas,
y me sonrío,
porque ese tú que anda
por ahí,
es el que está soñando.
Y aquí dentro de mí
te sueña el verdadero.

             *  *  *  *  *  *

No podría obligarte...

No podría obligarte
a no seguir tu sino.
Eso sería negarte
todo lo que de carne eres
y que somos.
Vete ya a acariciar
largos cuerpos,
distintos a este mío,
desde el cual te diviso,
viviéndome de adentro.
Tú vives desde afuera.
Con sólo ser tocado
ya existes.
Yo necesito más.
Quiero manos de amor,
sabias manos que
atraviesen la piel
de que estoy hecha,
y conozcan
la pura consistencia
de mi barro.


     *  *  *  *  *  *  *

No te gustó encontrarme...

No te gustó encontrarme
por la calle sonriente,
que tomara un café
sin nostalgia de ti,
al lado de tu mesa.
Que ya no te dijera
que hacías parte de mí.
No te gustó saber
que sigo viva,
que me río con ganas,
que disfruto las cosas
cotidianas
sin esperarte ni
desesperarme,
que construyo mi vida
libremente.
No te gustó saber
que no me tienes.
La vanidad ha sido tu enemiga,
ella tiene la culpa
de que no compartamos
ni siquiera
una charla.


*  *  *  *  *  *  *  *  *  *

A “yeme así, como al descuido...

A “yeme así, como al descuido.
No te des mucha cuenta.
Quiero contarte que te quiero,
sin decírtelo nunca.
Quiero besarte suavemente,
como te besa el agua
de la lluvia.
Así, muy quedamente,
sin que escuches siquiera
su gemido.
Quiero que me ames
a pesar de ti mismo.
Que me ames lentamente
y enciendas todo el fuego
que arde en mí para ti,
definitivo.

        *  *  *  *  *  *  *  *  *

Regreso a mi cuerpo...

Regreso a mi cuerpo
después de un largo
viaje a ti.
Te vi dormido
frente al mar,
fatigado de amor
sobre mi pecho.
Respirabas ahí,
abandonado,
como si en mí
hubieras anclado.
Quise dormir también
para soñar tu sueño
que casi lo veía
surgir de tu cabeza.
Cerré los ojos.
Fue en el tiempo
el momento
en que más te amé.
Después los sueños
propios me llevaron
muy lejos.
En uno de ellos,
te perdí.

   *  *  *  *  *  *  *  *

Te esperaré del lado del silencio...   
   
Te esperaré del lado del silencio.
Entre las sombras de las lentas horas.
Te esperaré en el fondo de mis sueños
allí donde comienzan nuestras cosas.
En ese después del tiempo
donde podemos ser nosotros.
Desnudos, al fin, para los besos
más profundos y locos. Para la piel.
Te esperaré en la espuma del mar
interminable. Tú tocarás el aire
con mi cuerpo. Siempre vas a cantar
sabiendo que te espero.


II
Voy a morir contigo cualquier tarde.
Después de ti no quiero a nadie.
Todo el deseo del mundo claudica
entre tus brazos. No hay más allá de ti,
es el amor que nunca se reparte.
Llegaste a ser mi pasión única.
No somos una ilusión cobarde,
si tú no luchas, no lucharé tampoco.
Aceptaré que el tiempo te arranque
de mi lado y moriré esta tarde.

              *  *  *  *  *  *  *

Estoy enferma de ti...

Estoy enferma de ti,
maltrecha adolorida.
Otros brazos me buscan
y no puedo abrazarlos.

Me besan y no puedo
responder con mis labios.
Ando desintegrada,
dispersa por el mundo.

Y sólo hay un momento
en que me encuentro:
Cuando los dos
jugamos a ser uno.

Cuando te siento
indefenso
en mis brazos,
y pierdes la conciencia
de que nos separamos.