sábado, 5 de abril de 2014

POEMAS DE LUIS ROSALES


Luis Rosales Camacho nació el 31 de mayo 1910 en Granada y falleció el 24 de octubre de 1992 en Madrid. Poeta y ensayista de la Generación del 36, fue galardonado con el Premio Cervantes en 1982. Su estilo poético es de corte vanguardista.


Canción de la nieve que unifica al mundo


Somos hombres, Señor, y lo viviente 
ya no puede servirnos de semilla; 
entre un mar y otro mar no existe orilla; 
la misma voz con que te canto miente. 

La culpa es culpa y oscurece el bien; 
sólo queda la nieve blanca y fría, 
y andar, andar, andar hasta que un día 
lleguemos, sin saberlo, hasta Belén. 

La nieve borra los caminos; ella 
nos llevará hacia Ti que nunca duermes; 
su luz alumbrará los pies inermes, 
su resplandor nos servirá de estrella. 

Llegaremos de noche, y el helor 
de nuestra propia sangre Te daremos. 
Éste es nuestro regalo: no tenemos 
más que dolor, dolor, dolor, dolor.
 
 OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
  
Bajo el limpio esplendor de la mañana
en tu adorado asombro estremecido,
busco los juncos del abril perdido;
nieve herida eras tú, nieve temprana

tu enamorada soledad humana,
y ahora, Señor, que por la nieve herido
con la risa en el labio me has vencido,
bien sé que la tristeza no es cristiana.


¿No era la voz del trigo mi locura?
Ya estoy sólo, Señor - nieve en la cumbre - ,
nieve aromada en el temblor de verte,

 
hombre de llanto y de tiniebla oscura,
que busca en el dolor la mansedumbre,
y esta locura exacta de la muerte.
 
 
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
 
  Con un temblor de nieve en la dulzura
 
 Con un temblor de nieve en la dulzura
de la sombra morena y sonrosada,
en tu pálida carne lastimada
ceñida está la luz por la blancura.

Luz sola desde el llanto a la tersura,
azucenas de nieve desvelada,
y el aroma del mar en tu mirada
de claveles y arcángeles clausura.

Te hace el amor severa la tristeza,
la mano el agua y el laurel el ruego
que en su dorada perfección te inmola.

La intensidad mantiene la pobreza,
y en la mansa ribera del sosiego
todo está en ti, que permaneces sola.
 
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
 
 Me están mirando en tus ojos
 
 Me están mirando en tus ojos 
los ángeles del instante, 
los ángeles que han perdido 
la memoria al contemplarse. 

Me estoy reuniendo en tus brazos; 
te siento casi quemándome; 
arden el tronco y las ramas 
pero las hojas no arden. 

Estamos juntos, sin vernos, 
repetidos y distantes, 
juntos pero no vividos, 
tristemente naturales.
            
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
 Verte  
 
Verte, qué visión tan clara. 
Vivir es seguirte viendo. 
Permanecer en la viva 
sensación de tu recuerdo. 

Verte. La distancia nace. 
El cielo suprime al cielo. 
La vida se multiplica 
por el número de puertos. 

Todo colmado por ti. 
No ser más que el ojo abierto, 
y eternizar el más leve 
escorzo de tu silencio. 

Verte para amarlo todo. 
Claustro en tranquilo destierro. 
Dulzor de caña lunada. 
Luz en órbita de sueño. 

Mortal límite de ti. 
Cielo adolescente y tierno. 
Núbil paciencia de playa. 
Vivir es seguirte viendo. 

¡Verte, Abril, verte tan sólo! 
Tranquilísimo desierto. 
Pena misericordiosa. 
Sosegado advenimiento. 

Verte: qué oración tan pura, 
islas, nubes, mares, vientos, 
las cinco partes del mundo 
en las yemas de los dedos.

 OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
 
 
 La última luz


 Eres de cielo de la tarde, tienes 

ya dorada la luz en las pupilas,

como un poco de nieve atardeciendo

que sabe que atardece.

                                    Y yo querría

cegar el corazón, cegar de verte

cayendo hacia ti misma

como la tarde cae, como la noche

ciega la luz del bosque en que camina

de copa en copa cada vez más alta,

hasta la rama isleña, sonreída

por el último sol,

                                ¡y sé que avanzas

porque avanza la noche! y que iluminas

tres hojas solas en el bosque,

                                 y pienso 

que la sombra te hará clara y distinta,

que todo el sol del mundo en ti descansa,

en ti, la retrasada, la encendida

rama del corazón en la que áun tiembla

la luz sin sol donde se cumple el día.


            

                        
            

viernes, 4 de abril de 2014

POEMAS DE SALVADOR NOVO


Salvador Novo nació el 30 de julio de 1904 en Ciudad de México y falleció en la misma ciudad el 13 de enero de 1974. Historiador, poeta, dramaturgo, periodista y ensayista. Su poesía es vanguardista.


Este perfume

Este perfume intenso de tu carne,
no es nada más
que el mundo que desplazan y mueven
los globos azules de tus ojos,
y la tierra y los ríos azules de las venas
que aprisionan tus brazos.
Hay todas las redondas naranjas
en tu beso de angustia,
sacrificado al borde de un huerto en que la vida
se suspendió por todos los siglos de la mía.



¡Qué remoto era el aire infinito
que llenó nuestros pechos!
Te arranqué de la tierra
por las raíces ebrias de tus manos
y te he bebido todo, !oh fruto perfecto y delicioso!
Ya siempre cuando el sol palpe mi carne,
he de sentir el rudo contacto de la tuya
nacida de la frescura de una alba inesperada,
nutrida en la caricia
de tus ríos claros y puros como tu abrazo,
vuelta dulce en el viento que en las tardes
viene de las montañas a tu aliento,
madurada en el sol de tus dieciocho años,
cálida para mí que la esperaba. 




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



Gracias,  Señor

Gracias, Señor, porque me diste un año
en que abrir a tu luz mis ojos ciegos;
gracias porque la fragua de tus fuegos
templó en acero el corazón de estaño.



Gracias por la ventura y por el daño
por la espina y la flor; porque tus ruegos
redujeron mis pasos andariegos
a la dulce quietud de tu rebaño.



Porque en mí floreció tu primavera;
porque tu otoño maduró mi espiga
que el invierno guarece y atempera.



Y porque, entre tus dones, me bendiga
-compendio de tu amor- la duradera
felicidad de una sonrisa amiga.




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOo




Un año más 

Un año más sus pasos apresura;
un año más nos une y nos separa;
un año más su término declara
y un año más sus límites augura.



Un año más diluye su amargura;
un año más sus dones nos depara;
un año más, que con justicia avara
meció una cuna, abrió una sepultura.



¡Oh! dulce amigo, cuya mano clara
en cifra de cariño y de ternura
la mía tantas veces estrechara!



Un año más el vínculo asegura
de su noble amistad, alta y preclara.
¡Dios se lo otorgue lleno de ventura!





OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO




La renovada muerte de la noche


La renovada muerte de la noche
en la que ya no nos queda
sino la breve luz de la conciencia
y tendernos al lado de los libros
de donde las palabras escaparon sin fuga,
crucificadas en mi mano, y en esta cripta de familia
en la que existe en cada espejo
y en cada sitio la evidencia del crimen
y en cuyos roperos dejamos
la crisálida de los adioses irremediables
con que hemos de embalsamar el futuro,
y en los ahorcados que penden de cada lámpara,
y en el veneno de cada vaso que apuramos,
y en esa silla eléctrica
en que hemos abandonado nuestros disfraces
para ocultarnos bajo los solitarios sudarios,
mi corazón ya no sabe sino marcar el paso
y dar vueltas como un tigre de circo
inmediato a una libertad inasible.
Todos hemos ido llegando a nuestras tumbas
a buena hora, a la hora debida,
en ambulancias de cómodo precio
o bien de suicidio natural y premeditado.
Y yo no puedo seguir trazando un escenario perfecto
en que la luna habría de jugar un papel importante,
porque en estos momentos
hay trenes por encima de toda la tierra
que lanzan unos dolorosos suspiros 

y que parten,
y la luna no tiene nada que ver
con las breves luciérnagas que nos vigilan
desde un azul cercano y desconocido
lleno de estrellas políglotas e innumerables.





OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO




Junto a tu cuerpo

Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío
junto a tus hombros tersos
de que nacen las rutas de tu abrazo,
de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas,
sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia.

 
Si todos estos años que me falta
como una planta trepadora que se coge del viento
he sentido que llega o que regresa en cada contacto
y ávidamente rasgo todos los días un mensaje
que nada contiene sino una fecha
y su nombre se agranda
y vibra cada vez más profundamente
porque su voz no era más que para mí oído,
porque cegó mis ojos cuando apartó los suyos
y mi alma es como un gran templo deshabitado.

 
Pero este cuerpo tuyo es un dios extraño
forjado en mis recuerdos, reflejo de mí mismo,
suave de mi tersura, grande por mis deseos,
máscara, estatua que he erigido a su memoria.



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


Breve romance de la ausencia
 
Único amor, ya tan mío
que va sazonando el Tiempo:
¡qué bien nos sabe la ausencia
cuando nos estorba el cuerpo!

Mis manos te han olvidado
pero mis ojos te vieron
y cuando es amargo el mundo
para mirarte los cierro.

No quiero encontrarte nunca,
que estás conmigo y no quiero
que despedace tu vida
lo que fabrica mi sueño.

Como un día me la diste
viva tu imagen poseo,
que a diario lavan mis ojos
con lágrimas tu recuerdo.

Otro se fue, que no tú,
amor que clama el silencio
si mis brazos y tu boca

 con las palabras partieron.

Otro es éste, que no yo,
mudo, conforme y eterno
como este amor, ya tan mío
que irá conmigo muriendo..



jueves, 3 de abril de 2014

POEMAS DE MANUEL ACUÑA


Manuel Acuña Narro nació el 27 de agosto de 1849 en Saltillo, Coahuila y falleció el 6 de diciembre de 1873 en Ciudad de México. Este poeta mexicano murió trágicamente siendo aún muy joven. Su poesía es de corte romántico.


Amor

¡Amar a una mujer, sentir su aliento,
y escuchar a su lado
lo dulce y armonioso de su acento;
tener su boca a nuestra boca unida
y su cuello en el nuestro reclinado,
es el placer mas grato de la vida,
el goce mas profundo
que puede disfrutarse sobre el mundo!
Porque el amor al hombre es tan preciso,
como el agua a las flores,
como el querube ardiente al paraíso;
es el prisma de mágicos colores
que transforma y convierte
las espinas en rosas,
y que hace bella hasta la misma muerte
a pesar de sus formas espantosas.
Amando a una mujer, olvida el hombre
hasta su misma esencia,
sus deberes mas santos y su nombre;

 no cambia por el cielo su existencia;
y con su afán y su delirio, loco,
acaricia sonriendo su creencia,
y el mundo entero le parece poco...
Quitadle al zenzontle la armonia,
y al águila su vuelo,
y al iluminar espléndido del día
el azul pabellón del ancho cielo,
y el mundo seguirá... Mas la criatura,
del amor separada
morirá como muere marchitada
la rosa blanca y pura
que el huracán feroz deja tronchada;
como muere la nube y se deshace
en perlas cristalinas
cuando le hace falta un sol que la sostenga
en la etérea región de las ondinas.
¡Amor es Dios!, a su divino fiat
brotó la tierra con sus gayas flores
y sus selvas pobladas
de abejas y de pájaros cantores,
y con sus blancas y espumosas fuentes
y sus limpias cascadas
cayendo entre las rocas a torrentes;
brotó sin canto ni armonía...
Hasta que el beso puro de Adán y Eva,
resonando en el viento,

 enseñó a las criaturas ese idioma,
ese acento magnífico y sublime
con que suspira el cisne cuando canta
y la tórtola dulce cuando gime,
¡Amor es Dios!, y la mujer la forma
en que encarna su espíritu fecundo;
él es el astro y ella su reflejo,
él es el paraíso y ella el mundo...
Y vivir es amar. A quien no ha sentido
latir el corazón dentro del pecho
del amor al impulso,
no comprende las quejas de la brisa
que vaga entre los lirios de la loma,
ni de la virgen casta la sonrisa
ni el suspiro fugaz de la paloma.
¡Existir es amar! Quien no comprende
esa emoción dulcisima y suave,
esa tierna fusión de dos criaturas
gimiendo en un gemido,
en un goce gozando
y latiendo en unísono latido...
Quien no comprende ese placer supremo,

 purísimo y sonriente,
ese miente si dice que ha vivido;
si dice que ha gozado, miente.
Y el amor no es el goce de un instante
que en su lecho de seda
nos brinda la ramera palpitante;
no es el deleite impuro
que hallamos al brillar una moneda
del cieno y de la infamia entre lo oscuro;
no es la miel que provoca
y que deja, después que la apuramos,
amargura en el alma y en la boca...
Pureza y armonía,
ángeles bellos y hadas primorosas
en un Edén de luz y de poesía,
en un pensil de nardos y de rosas,
Todo es el amor.
Mundo en que nadie
llora o suspira sin hallar un eco;
fanal de bienandanza
que hace que siempre ante los ojos radie
la viva claridad de una esperanza.
El amor es la gloria,
la corona esplendente
con que sueña el genio de alma grande
que pulsa el arpa o el acero blande,
la virgen sonriente. 

 El Petrarca sin Laura,
no fuera el vate del sentido canto
que hace brotar suspiros en el pecho
y en la pupila llanto.
Y el Dante sin Beatriz no fuera el poeta
a veces dulce y tierno,
y a veces grande, aterrador y ronco
como el cantor salido del infierno...
Y es que el amor encierra
en su forma infinita
cuanto de bello el universo habita,
cuanto existe de ideal sobre la tierra.
Amor es Dios, el lazo que mantiene
en constante armonía
los seres mil de la creación inmensa;
y la mujer la diosa,
la encarnación sublime y sacrosanta
que la pradera con su olor inciensa
y que la orquesta del Supremo canta,
¡Y salve, amor! emanación divina...
...¡Tú, más blanca y más pura
que la luz de la estrella matutina!
¡Salve, soplo de Dios!...
Y cuando mi alma
deje de ser un templo a la hermosura,
ven a arrancarme el corazón del pecho
ven a abrir a mis pies la sepultura



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Pobre flor

-¿Por qué te miro así tan abatida,
pobre flor?
¿En dónde están las galas de tu vida
y el color?
Díme, ¿por qué tan triste te consumes,
dulce bien?
¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco
de un amor,
que me fue consumiendo poco a poco
de dolor!
Porque amando con toda la ternura
de la fe
a mí no quiso amarme la criatura
que yo amé
Y por eso sin galas me marchito
triste aquí,
siempre llorando en mi dolor maldito,
¡Siempre así!
¡Habló la flor!...
Yo gemí... era igual a la memoria
de mi amor.


OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

 
Una limosna


¡Entrad!... en mi aposento
donde sólo se ven sombras,
está una mujer muriendo
entre insufribles congojas...
Y a su cabecera tristes
dos niñas bellas que lloran,
y que entrelazan sus manos
y que gimen y sollozan.
Y la infeliz ya no mira
ni tiene aliento en la boca,
y cuando habla sólo dice
con voz hueca y espantosa:
"¡Yo tengo hambre! ¡Yo tengo hambre!
Por piedad ¡Una limosna!"
Y calla... y las niñas gimen...
y calla... y el viento sopla...
y llora... y nadie la escucha,
¡que nadie escucha al que llora!
...........................................
¿Y la oís? - ¡Ay!, hijas mías
vanse por fin a quedar solas...
solas... y sin una madre
que os alivie y que os socorra...
solas... y sin un mendrugo

 que llevar a vuestra boca...
Adiós... adiós... ya me muero...
ya no tengo hambre...
y la mísera expiraba ¡"Una limosna"!
entre angustias y congojas,
mientras que las pobres niñas
casi locas, casi locas
la besaban y lloraban
envueltas entre las sombras.
Después... temblando de frío
bajo sus rasgadas ropas,
caminaban lentamente
por la calle oscura y sola,
exclamando con voz triste
al divisar una forma;
..."¡Me muero de hambre!"
Y la otra...
...¡"Una limosna"!



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


 Soneto
 
Porqué dejaste el mundo de dolores
buscando en otro cielo la alegría
que aquí, si nace, sólo dura un día
y eso entre sombras, dudas y temores.

Porqué en pos de otro mundo y de otras flores
abandonaste esta región sombría,
donde tu alma gigante se sentía
condenada a continuos sinsabores.

Yo vengo a decir mi enhorabuena
al mandarte la eterna despedida
que de dolor el corazón me llena;

Que aunque cruel y muy triste tu partida,
si la vida a los goces es ajena,
mejor es el sepulcro que la vida.



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


 A Una Flor

Cuando tu broche apenas se entreabría
para aspirar la dicha y el contento
¿te doblas ya y cansada y sin aliento,
te entregas al dolor y a la agonía?

¿No ves, acaso, que esa sombra impía
que ennegrece el azul del firmamento
nube es tan sólo que al soplar el viento,
te dejará de nuevo ver el día?...

¡Resucita y levántate!... Aún no llega
la hora de que en el fondo de tu broche
des cabida al pesar que te doblega.

Injusto para el sol es tu reproche,
que esa sombra que pasa y que te ciega,
es una sombra, pero aún no es la noche.

miércoles, 2 de abril de 2014

BAJO EL UMBRAL DE LA POBREZA


 

Mientras que Gallardón y los obispos siguen empeñados en la defensa, a ultranza, de los cigotos, -óvulos fecundados-, cada vez más niños españoles y sus familias entran bajo lo que llaman eufemísticamente, umbral de la pobreza, que no es otra cosa que ir al colegio sin desayunar o sufrir toda clase de carencias en elementos básicos para la vida, sin que a nivel estatal se haga absolutamente nada por ellos. Se está hablando, nada más y nada menos, que de unos 11 millones de personas de nuestro país en esta triste situación y no se dice nada de tantos y tantos que andan cerca y no están contabilizados. Al parecer después de que nacemos ya no le interesamos a este Gobierno que afirma estar a favor de la vida, pero que es el campeonísimo de los recortes, que en definitiva, son los responsables de esta cruel situación, mucho más, que la propia crisis. 

Es muy irritante, por otra parte, ver al señor Rajoy y sus ministros, siempre sonrientes, como quien no ha roto nunca un plato, queriéndonos hacer ver que todo está muy bonito y que su macabra terapia contra la crisis está dando resultado siendo que legiones de economistas de todo el mundo afirman lo contrario y lo corroboran la apabullante cantidad de parados que no baja ni bajará mientras la ciudadanía, mayoritariamente, continúe con tan bajo poder adquisitivo, sin capacidad de consumo.
 Precisamente la patronal (CEOE), sigue erre que erre, pidiendo más bajada de salarios, incluso por debajo del mínimo interprofesional, como si la economía del país no estuviera ya suficientemente deprimida y empobrecida. Nos preguntamos atónitos ¿hasta donde quieren llegar?
Mientras tanto, asistimos diariamente, y con pasividad al crecimiento de la brecha social; un grupo de ricos, que son cada vez más ricos y una gran mayoría de pobres, cada vez más pobres, cosa que a la larga y de continuar por ese camino, no puede sino acarrearnos serias consecuencias, porque históricamente las grandes desigualdades sociales, han sido caldo de cultivo de violentos estallidos en los pueblos.


Al mismo tiempo el famoso señor Bárcenas le pide al juez Ruz que investigue la posible existencia de cuentas bancarias en Suiza de dirigentes del PP con ingresos coincidentes con los pagos en negro que él realizó y que figuran en sus papeles.

martes, 1 de abril de 2014

POEMAS DE ALBERTO ARVELO TORREALBA


Alberto Arvelo Torrealba nació el 4 de septiembre de 1905 en Barinas y falleció el 28 de marzo de 1971 en Caracas. Este poeta venezolano fue además, diplomático, crítico literario, político,  abogado y ensayista. Su poesía refleja la vida y los paisajes de los habitantes de las llanuras venezolanas.


Cantas II

24

Bambú de caña batiente
atalayero de azules,
arpa de todos los verdes,
cimera de alas y luces.
Su ancho disco de horizonte
puso a reír la mañana,
y llena de sol y brisa
se me enloqueció la manta.
Cimera de alas y luces.
-Trino y pulmón- los turpiales
pueblan de alba los bambues.

25

De puro mirar el llano
tus claros ojos verdean
porque tienen las ternuras
del color de lo que sueñan.
Cañaveral en la arena
-pulpa ardida y sin retoño-
cómo sentirá de dulce
tu mirar color de pozo.

 Del color de lo que sueñan.
Cómo no se te ennegrecen
de tanto mirar mi pena!

26

Los pétalos de tu risa
en la mata de cerezo
te los salpicó de lloros
la maldad del avispero.
Me acordé de aquella copla
que tiene tan dulce el aire:
la palma llena de brisa
se vino al pueblo en tu talle.
La maldad del avispero:
tu boca pequeña, grande,
tus ojos grandes, pequeños.

27

Cómo se fue la garúa,
cómo se vino el verano,
cómo se estira en los lejos
la canta del taro-taro.
Préstame los regalitos
-Manchas blancas de tus uñas-
para simularles garzas
a mis aljibes de angustia.

 La canta del taro-taro.
Hoy sentí amarga la copla
que se me endulzó en tus labios.

28

En su curiara mi tío
por el Orinoco bravo
-azogue en alma cauchera-
corrió amores y chubascos.
Capitán de la candela
el viento va pensativo:
si pasa con sed mañana
¿dónde beberá el rocío?
Corrió amores y chubascos.
Rodaron por Río Negro
oro de sus veinte años.



29


 La madrugada entrecruza
curvas decantas y rejos.
Por los corrales oscuros
llovizna espuma el ordeño.
Capachos bate el corozo,
capachos de viento arisco.
Del tranquero al horizonte
tiembla un bordón de mugidos.
Llovizna espuma el ordeño:
Yo me empapé en tus rocíos
el cañal del sentimiento

30

Agua de Laguna Negra
-madre vieja de mil árboles-
Antonio Machado un día
anocheció en tus pinares.
Tu voz, sabana, modula
alma que te dio Castilla,
y por eso hay fe indomable
en la pena que suspiras.
Anocheció en tus pinares.
Allá va solito y noble
en el lomo del romance.


 31

Contándole al caño viejo
su dolor de cien caminos
viene silbando chicharras
el anochecer cenizo.
Para mentiras el pueblo,
para verdad la llanura.
Cuando ves la luna entera
ves no más que media luna.
El anochecer cenizo.
Y tú no me tienes rabia,
ni lástima ni cariño.

32

Tu que has visto la tristeza
de la tierra larga y sola,
tu que sabes mi esperanza
mírala como se ahonda.
La noche vaquera-negros
la cobija y el caballo-
sonando espuelas de grillos
cruzó el callejón del hato.
Mírala como se ahonda,
cual un lucero furtivo
en el jagüey de mi copla.


 33

Al sesgo el pelo de guama
al cinto la faja negra,
ese hombre callado es como
pozos de la Portuguesa.
Arden de sol las arenas
y el agua muda las lame;
el bongo en viaje rasguña
la inmóvil luz de la tarde.
Pozos de la Portuguesa:
bajo el remanso apacible
el caimán sus males sueña.

34

Mis manos tahúres abren
para mis anhelos, picas:
en juego de cartas verdes
te gané la mesa limpia.
Me arrebujé en la cobija
de regreso de tu rancho;
pasé por "El Sentimiento"
oscurito y lloviznando.
Te gané la mesa limpia:
Juega el as del corazón
que te espero en la caída.


 35

Me voy por esta sabana
-arpa que afinó el silencio-
duros bancos de "Voy Solo"
caminito de "Agua Lejos".
Rinconada de "Los Bueyes"
arenales del "Olvido"...
En el alma de estos nombres
le "florió" pena al camino.
Caminito de "Agua Lejos"
sembré una palma de olvidos
y me retoñó recuerdos.

36

Los arreboles temblaron
su despedida en las pencas.
Partámonos el paisaje
como llanero y llanera.
Me cogió la noche negra

 en los esteros de Arauca
y me fui para tus ojos
por la pica de una canta.
Como llanero y llanera.
Coge el lucero y la palma,
déjame el pozo y la arena.

37

Tal vez mañana me vaya
cuando el callejón me alumbres
tras esta brisa coplera,
trocha de la tarde dulce.
La cañada dijo luna,
el estero dijo garza.
A ti no más te diré
lo que dijo la guitarra.
Trocha de la tarde dulce.
Cargados burros los cerros
llevan barriles denubes.

38

Con el dejo de este cuatro
me acordé de cuando iba
de noche en mi buey cansado.
Y el hato en la lejanía.

 Allá van los carreteros
por el banco a media-luna:
abren callejones tristes
los ecos de sus guaruras.
El hato en la lejanía
en la garganta de un gallo
me guiñó su lucecita.

39

Hombre de la tierra hermana
que de misterio te emponchas:
resero en el "cangrejal"
-potro duro y alma sola-
Aquí también el adiós
al sueño audaz le sonríe;
aquí también "es llegar
un pretexto para irse".
Potro rudo y alma sola,
con la amargura en el anca
se fue Don Segundo Sombra.

40

Hoy casi me puse alegre,
casi de puro soñarte,
casi parodié por ti

 la copla del casi casi.
Alma del hato lucero
viene en las brisas un son:
¿qué tendrá el cedro del cuatro
tan seco y echando flor¡
La copla del casi casi.
Casi es lindo como tú
el lucero de la tarde.

41

Si a la sombra de Quevedo
te olvidas de irme olvidando,
te acuerdas de no quererme
a la luz de Garcilaso.
Alta y profunda la noche
sobre mis sienes titila
como el signo de tu ausencia
cerca de mi lejanía.
A la luz de Garcilaso
brisa eglógica susurra
en la palma de tu mano.

42




El horizonte y yo vamos
solos por la llana tierra:
me enlazó todos los rumbos
su audacia de soga abierta.
Mientras las otras se ríen
la luna y tu silenciosas,
y la sombra de mi mano
tiembla al tropezar tu sombra.
Solos por la llana tierra.
Andar y andar hacia ti
como quien de ti se aleja.

43

Aguárdeme, compañero,
en el botalón del patio
que voy a ensebar la soga
que piqué del cuero sardo.
Quién es, por fin, quien se queja
cuando el fuego lame el agua
el agua porque se quema
o el fuego porque se apaga?


44

Espérame, palmasola,
palma del camino, espérame,
que quiero zurcir nostalgias
con música de tus pencas.
Sólo te besa una boca
y un ojo no más te ve:
la clara boca del caño,
el ojo azul del jagüey.
Con música de tus pencas
me puse en los arenales,
me puse a acordarme de ella.

45

Se toparon los vaqueros,
muertos del sol los caballos:
-hermano, ah tierra bien sola!
-ah vida bien dura, hermano!
Alcaraván del recodo
-pensativo y ojo alerta-
tu mutismo afila inmóvil
la canción de cuando vuelas.
-¡Ah vida bien dura, hermano!
El cauchero Arturo Cova
Le dijo a Santos Luzardo.

lunes, 31 de marzo de 2014

POEMAS DE VICENTE ALEIXANDRE


Su nombre completo era Vicente Pío Marcelino Cirilo Aleixandre y Merlo, y nació el 26 de abril 1998 en Sevilla y falleció el 13 de diciembre de 1984 en Madrid. Poeta perteneciente a la mítica Generación del 27. Consiguió diversos premios literarios, entre ellos, el Premio Nobel de Literatura en 1977.


Ven, ven tú.


Allá donde el mar no golpea,
donde la tristeza sacude su melena de vidrio,
donde el aliento suavemente espirado
no es una mariposa de metal, sino un aire. 



Un aire blando y suave
donde las palabras se murmuran como a un oído.
Donde resuenan unas débiles plumas
que en la oreja rosada son el amor que insiste. 



¿Quién me quiere? ¿Quién dice que el amor es un hacha doblada,
un cansancio que parte por la cintura el cuerpo,
un arco doloroso por donde pasa la luz
ligeramente sin tocar nunca a nadie? 



Los árboles del bosque cantan como si fueran aves.
Un brazo inmenso abarca la selva como una cintura.
Un pájaro dorado por la luz que no acaba
busca siempre unos labios por donde huir de su cárcel. 



Pero el mar no golpea como un corazón,
ni el vidrio o cabellera de una lejana piedra
hace más que asumir todo el brillo del sol sin devolverlo.
Ni los peces innumerables que pueblan otros cielos
son más que las lentísimas aguas de una pupila remota. 



Entonces este bosque, esta mota de sangre,
este pájaro que se escapa de un pecho,
este aliento que sale de unos labios entreabiertos,
esta pareja de mariposas que en algún punto va a amarse... 



Esta oreja que próxima escucha mis palabras,
esta carne que amo con mis besos de aire,
este cuero que estrecho como si fuera un nombre,
esta lluvia que cae sobre mi cuerpo extenso,
este frescor de un cielo en el que unos dientes sonríen,
en el que unos brazos se alargan, en que un sol amanece,
en que una música total canta invadiéndolo todo,
mientras el cartón, las cuerdas, las falsas telas,
la dolorosa arpillera, el mundo rechazado,
se retira como un mar que muge sin destino.




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


Mañana no viviré


Así besándote despacio ahogo un pájaro,
ciego olvido sin dientes que no me ama,
casi humo en silencio que pronto es lágrima
cuando tú como lago quieto tendida estás sin día. 



Así besándote tu humedad no es pensamiento,
no alta montaña o carne,
porque nunca al borde del precipicio cuesta más el abrazo. 



Así te tengo casi filo,
riesgo amoroso, botón, equilibrio,
te tengo entre el cielo y el fondo
al borde como ser o al borde amada. 



Tus alas como brazos,
amorosa insistencia en este aire que es mío,
casi mejillas crean o plumón o arribada,
batiendo mientras me olvido de los dientes bajo tus labios. 



No me esperéis mañana —olvido, olvido—;
no, sol, no me esperéis cuando la forma asciende al negro día creciente;
panteras ignoradas —un cadáver o un beso—,
sólo sonido extinto o sombra, el día me encuentra.




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



Nacimiento del Amor


¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño.
Maduro el mundo,
no te aguardaba ya. Llegaste alegre,
ligeramente rubia, resbalando en lo blando
del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa
me pareciste aún, sonriente, vívida,
frente a la luna aún niña, prematura en la tarde,
sin luz, graciosa en aires dorados; como tú,
que llegabas sobre el azul, sin beso,
pero con dientes claros, con impaciente amor!


Te miré. La tristeza
se encogía a lo lejos, llena de paños largos,
como un poniente graso que sus ondas retira.


Casi una lluvia fina -¡el cielo azul!- mojaba
tu frente nueva. ¡Amante, amante era el destino
de la luz! Tan dorada te miré que los soles
apenas se atrevían a insistir, a encenderse
por ti, de ti, a darte siempre
su pasión luminosa, ronda tierna
de soles que giraban en torno a ti, astro dulce,
en torno a un cuerpo casi transparente, gozoso
que empapa luces húmedas, finales, de la tarde,
y vierte, todavía matinal, sus auroras.


Eras tú, amor, destino, final amor luciente,
nacimiento penúltimo hacia la muerte acaso.


Pero no. Tú asomaste. ¿Eras ave, eras cuerpo,
alma sólo? Ah, tu carne traslúcida besaba
como dos alas tibias,
como el aire que mueve un pecho respirando,
y sentí tus palabras, tu perfume,
y en el alma profunda, clarividente
diste fondo. Calado de ti hasta el tuétano de la luz,
sentí tristeza, tristeza del amor: amor es triste.


En mi alma nacía el día. Brillando
estaba de ti, tu alma en mi estaba.


Sentí dentro, en mi boca, el sabor a la aurora.
Mis sentidos dieron su dorada verdad. Sentí a los pájaros
en mi frente piar, ensordeciendo
mi corazón. Miré por dentro
los ramos, las cañadas luminosas, las alas variantes,
y un vuelo de plumajes de color, de encendidos
presentes me embriagó, mientras todo mi ser a un mediodía,
raudo, loco, creciente se incendiaba
y mi sangre ruidosa se despeñaba en gozos
de amor, de luz, de plenitud, de espuma.



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



Los besos

1

No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.

Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto,
En tu boca latiendo su celeste plumaje.
Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha.
¿Quién no besa esos pájaros cuando llegan, escapan?

Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos.
Ah, los picos delgados entre labios se hunden.
Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste
que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía.

¡Cuán graciosa, cuán fina, cuán esbelta reinabas!
Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes.
Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes,
que te rozan. revuelan, mientras ciega tú brillas.

No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan.
Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta.
Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo.
Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.


2

Sólo eres tú, continua,
graciosa, quien se entrega,
quien hoy me llama. Toma,
toma el calor, la dicha,
la cerrazón de bocas
selladas. Dulcemente
vivimos. Muere, ríndete.

Sólo los besos reinan:
sol tibio y amarillo,
riente, delicado,
que aquí muere, en las bocas
felices, entre nubes
rompientes, entre azules
dichosos, donde brillan
los besos, las delicias
de la tarde, la cima
de este poniente loco,
quietisimo, que vibra
y muere. -Muere, sorbe
la vida. -Besa. -Beso.
¡Oh mundo así dorado!

(Sombra del paraíso)


3

Así callado, aún mis labios en los tuyos,
te respiro. O sueño en vida o hay vida.
La sospechada vida está en el beso
que vive a solas. Sin nosotros, luce.
Somos su sombra. Porque él es cuerpo cuando ya no estamos.




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



Unidad en ella

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

 Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

domingo, 30 de marzo de 2014

POEMAS DE LEOPOLDO LUGONES


Leopoldo Lugones nació el 13 de junio de 1874 en Villa María, Argentina y falleció el 18 de febrero de 1938 en Tigre. Ensayista, poeta y periodista. Máximo exponente del Modernismo argentino y figura importante de la literatura iberoamericana. Rubén Darío tuvo influencia en su obra poética.


Delectación morosa


La tarde, con ligera pincelada
que iluminó la paz de nuestro asilo,
apuntó en su matiz crisoberilo
una sutil decoración morada.



Surgió enorme la luna en la enramada;
las hojas agravaban su sigilo,
y una araña en la punta de su hilo,
tejía sobre el astro, hipnotizada.



Poblóse de murciélagos el combo
cielo, a manera de chinesco biombo;
sus rodillas exangües sobre el plinto



manifestaban la delicia inerte,
y a nuestros pies un río de jacinto
corría sin rumor hacia la muerte.



OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


 La última careta

La miseria se ríe con sórdida chuleta,
Su perro lazarillo le regala un festín.
En sus funambulescos calzones va un poeta,
Y en su casaca el huérfano que tiene por Delfín.



El hambre es su pandero, la luna su peseta
Y el tango vagabundo su padre nuestro. Crin
De león, la corona. Su baldada escopeta
De lansquenete impávido suda un fogoso hollín.



Va en dominó de harapos, zumba su copla irónica.
Por antifaz le presta su lienzo la Verónica.
Su cuerpo, de llagado, parece un huerto en flor.



Y bajo la ignominia de tan siniestra cáscara,
Cristo enseña a la noche su formidable máscara
De cabellos terribles, de sangre y de pavor.




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


Alma venturosa


Al promediar la tarde de aquel día,
cuando iba mi habitual adiós a darte,
fue una vaga congoja de dejarte
lo que me hizo saber que te quería.



Tu alma, sin comprenderlo, ya sabia. . .
con tu rubor me ilumino al hablarte,
y al separarnos te pusiste aparte
del grupo, amedrentada todavía.



Fue silencio y temblor nuestra sorpresa,
mas ya la plenitud de la promesa
nos infundía un jubilo tan blando,



que nuestros labios suspiraron quedos . . .
y tu alma estremecíase en tus dedos
como si se estuviera deshojando.




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



El amor eterno


Deja caer las rosas y los días
una vez más, segura de mi huerto.
Aún hay rosas en él, y ellas, por cierto,
mejor perfuman cuando son tardías.



Al deshojarse en tus melancolías,
cuando parezca más desnudo y yerto,
ha de guardarse bajo su oro muerto
las violetas más nobles y sombrías.



No temas al otoño, si ha venido.
Aunque caiga la flor, queda la rama.
La rama queda para hacer el nido.



Y como ahora al florecer se inflama,
leño seco, a tus plantas encendido,
ardiente rosas te echarán en su llama.




OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



 El hornero


La casita del hornero
tiene alcoba y tiene sala.
En la alcoba la hembra instala
justamente el nido entero.



En la sala, muy orondo,
el padre guarda la puerta,
con su camisa entreabierta
sobre su buche redondo.



Lleva siempre un poco viejo
su traje aseado y sencillo,
que, con tanto hacer ladrillo,
se la habrá puesto bermejo.



Elige como un artista
el gajo de un sauce añoso,
o en el poste rumoroso
se vuelve telegrafista.



Allá, si el barro está blando,
canta su gozo sincero.
Yo quisiera ser hornero
y hacer mi choza cantando.



Así le sale bien todo,
y así, en su honrado desvelo,
trabaja mirando al cielo
en el agua de su lodo.
Por fuera la construcción,

 como una cabeza crece,
mientras, por dentro, parece
un tosco y buen corazón.



Pues como su casa es centro
de todo amor y destreza,
la saca de su cabeza
y el corazón pone adentro.



La trabaja en paja y barro,
lindamente la trabaja,
que en el barro y en la paja
es arquitecto bizarro.



La casita del hornero
tiene sala y tiene alcoba,
y aunque en ella no hay escoba,
limpia está con todo esmero.



Concluyó el hornero el horno,
y con el último toque,
le deja áspero el revoque
contra el frío y el bochorno.



Ya explora al vuelo el circuito,
ya, cobre la tierra lisa,
con tal fuerza y garbo pisa,
que parece un martillito.



 La choza se orea, en tanto,
esperando a su señora,
que elegante y avizora,
llena su humildad de encanto.



Y cuando acaba, jovial,
de arreglarla a su deseo,
le pone con un gorjeo
su vajilla de cristal.