miércoles, 21 de mayo de 2014

POEMAS DE VICENTE ESPINEL


Vicente Espinel nació el 28 de diciembre de 1550 en Ronda, Málaga  y falleció el 4 de febrero de 1624 en Madrid. Poeta del Siglo de Oro, escritor, músico y compositor, además de sacerdote. Tuvo como alumno al gran Lope de Vega, y fue amigo de Cervantes, Góngora y Quevedo.







                          Sonetos

El bermellón a manchas se mostraba
en el pardo, y azul con vario adorno
del blanco y jalde realzado en torno
sobre Titán, que ya su ardor negaba.

La negra noche a más andar se entraba
del claro día escuro desadorno,
cuando los ojos a una parte tomo
de un alto bien dudoso, que esperaba.

¡Gloria del mundo! digo, y luego veo
de gloria el suelo, calle, y mi alma llenas
de una luz, que salió, que a Febo alcanza.

Alégrate de hoy más, dijo, Liseo,
que quien también amó sufriendo penas,
sabrá estimar el bien de la esperanza.


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Cogiendo va, y llevando al blanco seno
el apacible fruto deseado
mi amada Ninfa en un hermoso prado
de varias hierbas olorosas lleno.

Unas cogió de suave olor, y ameno,
otras de un gusto dulce, y extremado,
mas con una encontró, que le ha amargado
como si fuera un áspero veneno.

Contra las hierbas encendido en furia
con el pie pisa, y con la mano arranca,
que a la buena ni mala no reserva.

Mas sucedió, que por vengar su injuria
del pie tocado, y de la mano blanca
verdeció el prado, y floreció la hierba.



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Mientras la rubia crin al aire ondea
de Febo oscureciendo el claro rayo,
y en la mejilla, y frente el rico Mayo
de flores lleno al corazón recrea,

La luz miraba yo do Amor se emplea,
haciendo al alma un tiro y otro ensayo.
Mas triste digo, y en la cuenta caigo,
¿quién hay que tanto ardor atento vea?

Los ojos bajo al suelo al punto,
temeroso de luz tan peregrina,
y así estuve suspenso un rato en calma:

Mas el daño no vi, que estaba junto,
que de la voz angélica, y divina,
por la oreja me fue herida el alma.



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Blanco marfil, que del profundo centro
con fuerza natural, que en mí mostraste,
la más subida prenda me arrancaste
que tiene el alma del sentido adentro.

Trasparente cristal, que fuera, y dentro
la compostura del divino engaste
tienes con tanta luz, que no hay quien baste
a tener resistencia al vivo encuentro.

Nevada mano artificiosa, y pura.
del más purificado y excelente
metal del mundo en gran razón compuesta.

Manos en quien las fuerzas de ventura
puestas están: dichoso aquél que siente
en tales manos su esperanza puesta.


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Divinas hebras de oro, que del claro
sol, imitáis en llamas la pureza,
lumbres de grave, y celestial belleza,
a cuyo vivo fuego no hay reparo:

Espíritu gentil, ingenio raro,
gallardo cuerpo, altiva gentileza,
hidalgo pecho, angélica nobleza,
de mi alma refugio, y dulce amparo,

Tales son los efectos que resultan
de la imaginación, y la memoria,
cuando vuestro valor y ser contemplo,

Que mis males, y daños se sepultan,
y vengo a resumir en claro ejemplo,
que todo el padecer se vuelve en gloria.


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Duerme el desnudo en la desierta playa,
entre el furor del inclemente Moro,
en la mazmorra el miserable lloro
deja el captivo, cuando más desmaya.

Reposa el otro, aunque perdiendo vaya
por la tierra, y la mar montañas de oro,
descansa el Ciervo, y acosado Toro
debajo el sauce, y la frondosa haya.

Sólo ¡ay me! de Sísifo el quebranto
sin declinar mis ojos, y pestañas
al sueño blando paso en llanto eterno.

Y si viene a rendirme el sueño un tanto,
allí siento romperme las entrañas
áspides, tigres, furias del infierno.



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En esta cárcel tenebrosa, y dura,
retrato vivo del horrendo infierno,
de vos ausente por mi mal gobierno,
teniendo en vida estrecha sepultura,

No sé qué pía estrella, o qué ventura,
o voluntad del puro Amor interno
mostró a mi alma el dulce, blando, y tierno
semblante desa luz divina, y pura.

Gozaba deste bien a mis anchuras,
cebando el gusto de una gloria inmensa
mi escura noche en día convertida.

Mas cuán vano es el bien que el hombre piensa,
que en un instante me he hallado a oscuras,
sin bien, sin gloria, sin regalo y vida.


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No hay en mis males hora de descanso,
ni algún alivio en mi dolor inmenso:
y si por descansar alguno pienso,
do lo pensé hallar menos descanso.

Si con imaginar mis fuerzas canso,
discurriendo en mis males por extenso,
vengo a quedar atónito, y suspenso,
mas no por eso mi tormento amanso.

Si la imaginación algo se esfuerza
por darme un bien fantástico, y esquivo,
huye ligero por diversos modos.

Mirad cuán flaca, y miserable fuerza,
y en cuán desesperado estado vivo,
pues que me falta lo que sobra a todos.


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De hielo os hizo amor, y a mí de fuego,
libre os dejó, haciendo en mí su estancia;
en vos puso el olvido, en mi constancia,
en mí perpetua guerra, en vos sosiego.

Claro se ve de tan trocado juego,
do su pérdida es más que la ganancia,
que la presa de menos importancia
le contentó como a muchacho, y ciego.

Pudiera amor mirar por su provecho
hiriendo a un tiempo el uno, y otro lado,
y así quedara rico, y satisfecho:

Que aunque en el mío el tiro fuera errado,
igualmente viviendo en vuestro pecho
él viviera contento, y yo pagado.