martes, 15 de noviembre de 2011

domingo, 13 de noviembre de 2011

LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS


Por falta de espacio y tratándose de un tema extenso pero muy interesante, no pude tratar en el número anterior sobre los alimentos transgénicos que ya están en nuestra mesa, pero de los que no se sabe mucho, sobre todo, los efectos que ejercerán a largo plazo sobre nuestra salud y el medio ambiente, pues no se están evaluando los riesgos correctamente y no existe ninguna garantía de seguridad alimentaria, como la tiene un producto natural .
Se trata de Organismos Modificados Genéticamente, (OMG), procedentes de plantas o animales a las que se les ha incorporado genes extraños de otras plantas, de otros animales, o de humanos mediante ingeniería genética. La comunidad científica internacional está reclamando, cada vez con más firmeza, un mayor cuidado en el manejo de la tecnología para producir alimentos.
Por dar algunos ejemplos, a las papas que estamos comiendo es posible que se les haya introducido material genético procedente de peces, de pollos o de la polilla de la seda con el fin de dotarlas de resistencia al frío, enfermedades bacterianas, o a las plagas, generando unas toxinas que matan al insecto al comer sus hojas, el tomate puede estar modificado con genes de pescado, o el maíz con genes de bacterias y el cerdo con genes humanos, lo que de alguna manera, implicaría un cierto canibalismo al comernos una chuleta. En estos momentos se está trabajando con vacas manipuladas con genes humanos para conseguir leche que contenga lactoferrina muy similar a la leche materna humana, cosa que ha escandalizado a muchos pediatras y biólogos.
Se está estudiando la posible relación del auge imparable de las alergias con el consumo de alimentos OMG. Debería ser de obligado cumplimiento etiquetar estos productos avisando al consumidor si contienen ingredientes modificados genéticamente.
Se sabe, eso sí, que se trata de un negocio redondo que da grandes beneficios a multinacionales como Monsanto, Pioner, Syngenta y otras, quienes han patentado las semillas y los agricultores se ven obligados ahora a pagar, cada año, a estas empresas, precios elevados por ellas como si fueran naturales pero que no sirven de un año para otro.
Al mismo tiempo, estas empresas de ingeniería genética mienten cínicamente, y sin vergüenza afirmando que trabajan para quitar el hambre del mundo, como si no supiéramos que en este mundo el que no tiene dinero no come, haya o no abundancia.