martes, 28 de octubre de 2014

POEMAS DE LUIS IZQUIERDO


Luis Izquierdo nació en Barcelona el día 27 de febrero de 1936. Poeta ensayista y profesor.






Confidencial

Ahora que ya se está muriendo poco
quedan tan pocas cosas por hacer
que no le importan lentitud demoras
no le importan.
Ya no le importan,
por acabar de hacer
como por no,
tan pocas cosas.
Y es que además se está -dicen-
muriendo poco a poco
porque leyó de Byron una cita
que presidía los poemas póstumos
de Jaime Gil de Biedma.
Desde luego se muere poco a poco
y no le importa saber tan pocas cosas
tener tan pocas cosas por hacer
y haber hecho tan pocas.
Sólo una vena de tinta detenida
sobre el sudario vegetal
alivia el paraíso amenazado

de agenda y pasaporte, documentos
de la apariencia imprescindible o circulante.

Quien nada sabe procede paulatino
y aun pertinaz ingenuo en la tarea
de ir más allá de obstáculos o plácemes.
Se va apocando poco a poco -dicen-
junto a la valla protectora de los niños,
de los años.

Más allá del caudal
del estertor o la cadencia brusca de los versos
convendría algún alto en el camino
y la confianza abrupta al fin
de una iracundia sosegada en el silencio
que inquiriera,
si de verdad se está muriendo poco a poco,
de qué fulmínea extraña enfermedad
se están muriendo sin cesar ustedes.

                OOOOOOOOOOO


Saludo al padre

Vuelves de nuevo a mí,
oh pobre triste cuerpo que olvidé,
ya desde mucho tiempo atrás,
en las selladas riberas del instante.
Descuidado del hombre te emplazaba
como un pesar que el tiempo augura,
cuando el dolor no es carga y se desea
-afán de plenitud- ardientemente.
Te conjuraba entonces.
                                                 No venías.
Cuerpo de soledad, yo te intentaba
sobre mi juventud.
                                        Romántica
mente desde presagios de pena que esculturan
la angustia original de aquellos años.

Hoy, conmigo ya y sin mí,
precipitas serena la existencia.
Sólo en silencio sé lo que me dictas,
te vivo entre recuerdos y conjuros,
te sé junto al mar nuestro y los olivos.
Contra el asfalto esperas, detenido,
suelto tu corazón al que quisiera
guardar a solas junto a mí.
Hacia el ayer te siento, larga sombra
eternamente al paso proyectada.

Jamás la oscura sensación de lo indecible
podrá seguirte el gesto, pero sabes
que voy contigo siempre y te persigo,
muerte tan clara de una voz a solas
por las presencias neutras del olvido
.


                     OOOOOOOOO

Transverberaciones

Tu piel es un rocío tembloroso noche arriba
una vegetación desnuda que acaricio
las justas cadenciosas dilaciones
una efusión solar este momento
sucesivo presente venturoso
que orilla lóbulos, mejillas, éxtasis precisos
descubierto discurro hacia tu cuerpo
y azules son tus voces que no sueño
de nuevo amanecida reapareces sin fronteras
y transparentemente ya el deseo afirma el reino
en el eclipse del gozo o su cenit
                                                                lo que sabemos
de estrellas fijas calmas soleadas
de un aroma de azogues deslumbrante
por las ramas y en los miembros
labios perdidos retornados rostros
fervor y una vez más recién nos conocemos
y éste es tu cuerpo y ésta la noche inmensa que se inicia
para mi mano presurosa y lenta.
                                                                   Me descubres
y en la delicia mirada beso enlace son palabra.
Es esta corporal acometida
sin enigmas
en el gesto en las voces en los ojos
toda tu gloria azul presencia poseída
por el misterio que en ti recapitula
el nacimiento del mundo de los nombres.


               OOOOOOOOOOOOO


Le temps d'un soupir

                                            A Carlos Barral

Le temps d'un soupir
no ha acontecido y,
mientras tanto,
las cosas en su sitio
y a cada quien lo suyo.
Para ya luego desembarazarse
de los vaivenes doctos del discurso
y echarse a andar.
                                       Dejar a su aire
lo que es ajeno y basta.

Pero es difícil dar con el reposo
después de imaginar
lo sólito indecible.

Tanto como advertir
que el escenario se pone en movimiento
desde ya bien cumplido con nosotros,
los ausentes.
Plantar romero en un noviembre gélido
para que marzo agoste los augurios
y olvidarlo.
Yen el otoño, dentro, imperceptible,
saborear de pronto aquel aroma:
el campo una vez más
penetre la memoria clausurada.