sábado, 20 de diciembre de 2014

JOAQUÍN SOROLLA Y SUS PINTURAS


Autorretrato Museo Sorolla, Madrid
Joaquín Sorolla y Bastida nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 y falleció en Cercedilla, Madrid, el 10 de agosto de 1923. Formado en su ciudad natal con el escultor Capuz, estudió posteriormente las obras del Museo del Prado y, gracias a una beca, pudo residir y estudiar en Roma de 1884 a 1889. 


Retrato de Raquel Meyer
Este es un retrato de Raquel Meyer que Sorolla realizó en 1918.



Desnudo de mujer  (1910)
Sorolla rinde homenaje a esta mujer que lo fue todo para él: su esposa, su musa, su modelo favorita, la madre de sus tres hijos.




Sorolla, Retrato de Basel Mundy. Óleo sobre lienzo realizado en 1908 y con dimensiones de 55 x 100 cms. Colección privada.




Bueyes en la playa, 1914. Óleo sobre madera, 71 x 101 cms.




Tejiendo las redes. 1901. 162 x 131 cm.




Niños a la orilla del mar. 1903. 96.5 x 129.5 cm. Colección W. P.Wilstach. Philadelphia Museum of Art. Pensilvania.


 
                   Playa de Valencia a la luz de la mañana

En esta otra marina, “Playa de Valencia a la luz de la mañana”, los barcos, pescadores y sus familias se entremezclan en la orilla de la playa.


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Sol de la tarde. Óleo sobre lienzo, 299 x 441 cm. 1903. Nueva York, The Hispanic Society of America. 


                                





Ayamonte o La pesca del Atún (H.Society)
El balandrito, (1909, Museo Sorolla)

El balandrito (1909, Museo Sorolla)
Esto mismo ocurre con otras obras destacables como es el caso de los “Nadadores de Jávea”, que con unos excelentes reflejos y transparencias, recrea un agua asombrósamente cristalina.


Los nadadores de Jávea,  (1905, Museo Sorolla)

Los nadadores de Jávea (1905, Museo Sorolla)
Finalizamos este apartado con “El niño de la barquita”, una obra impresionante, cargada de dulzura y realismo. Además, en ella se aprecia la luz cegadora del sol en el verano valenciano, los brillos que produce en el mar, la piel y la arena.

El niño de la barquita (1904, Museo Sorolla)


El niño de la barquita (1904, Museo Sorolla)


Marina  (1880, Museo Sorolla)
  
Marina (1880, Museo Sorolla)
“Marina” es una obra de formación en la que Sorolla nos presenta una escena muy relacionada con otros pintores valencianos, destacando a Rafael Monleón, otro artista importante en la pintura de temas navales.




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El baño del caballo. 1909. 205 x 250 cm. Museo Sorolla. Madrid.


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La Reliquia. 1893. Óleo sobre lienzo. 103.5 x 125.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

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Aldeanos Leoneses. 1907. Óleo sobre lienzo, 198,6 × 253,6 cm. Sociedad Hispánica de América, Nueva York, Estados Unidos


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La Prensa. 1896. Óleo sobre tela. 244 x 144cms.


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Escena valenciana. 1893. Lienzo, 135 x 189 cm. Colección particular.



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En el jardín. 1896. Lienzo, 37 x 48 cm. Colección particular.


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Rincón de Grutesco del Alcázar de Sevilla. 1910. Óleo sobre lienzo. 95 x 64 cm. Museo Sorolla, Madrid.


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Paseo a orillas del mar. 1909. Óleo sobre lienzo, 205 × 200 cm. Museo Sorolla, Madrid. Este cuadro es una sinfonía de blancos bajo la luz del crepúsculo.


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La playa de Valencia con luz matinal. 1908. öleo sobre lienzo. 29 7/9 x 41 1/2 inches. The Hispanic Society of America. Nueva York. USA. 


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Valencia, dos niños en una playa. 1904. 75.5 x 105.5 cm. Colección W. P.Wilstach. Philadelphia Museum of Art. Pensilvania.


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Pescadores valencianos. 1895. 65 x 85 cm. Colección particular. Con este cuadro Sorolla a afirmar su fe en la pintura al aire libre en escenas costumbristas como ésta.




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Las dos hermanas. 1909. Óleo sobre lienzo de 175 x 115 cm. Colección particular.


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Retrato de Antonio García en la playa. Sorolla realizó este cuadro en 1909.


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Retrato del Rey Don Alfonso XIII con el uniforme de húsares. 1907. Palacio Real de Madrid.




La pesca del atún

Sorolla pintó este cuadro en Ayamonte en 1919. Óleo sobre lienzo de 349 x 485 cms., se encuentra expuesto en Nueva York en la Hispanic Society of América.
En noviembre de ese mismo año firmó un encargo para la Hispanic Society of America por el que realizaría catorce murales que decorarían las salas de la institución: se conocen como Visión de España. Con esta obra realizada entre 1913 y 1919, de tres metros y medio de alto por setenta metros de largo, alzó un imborrable monumento a España, pues en ella se representaban escenas características de diversas provincias tanto españolas como portuguesas.

Desnudo de mujer

Desnudo de mujer de 1902, pintado durante su etapa de culminación. Óleo sobre lienzo de 106 x 166 cm. Colección privada.



Niños en la playa. Joaquín Sorolla, 1910. Óleo sobre lienzo, 118 × 127 cm. Museo del Prado. Las escenas de playas levantinas y los efectos impresionistas de luz reverberante, son características del arte de Sorolla.

lunes, 15 de diciembre de 2014

SONETOS DE FERNANDO DE HERRERA


Fernando de Herrera, apodado "El Divino", nació en Sevilla en 1534 y falleció en 1597. Poeta, historiador y crítico. Pertenece a la escuela poética sevillana del siglo XVI y su estilo comienza con el clásico renacentista Garcilaso hasta el estilo barroco de Quevedo y Góngora.




Si fuera está la misma belleza

 Si fuera esta la misma de belleza   
 luz que mi dulce rey pintó serena,   
 juzgando lo que siento de mi pena,   
 pensara en ella ver vuestra grandeza;   
 
 mas tanta gloria y bien mortal flaqueza  
 no admite, y del deseo me condena,   
 que Amor no sufre, oh celestial sirena,   
 ni sufre veros cerca vuestra alteza.   
 
 Y es justo; que si viera de otra suerte,   
 creciera con tal ímpetu mi llama,  
 que mis cenizas fueran los despojos.   
 
 Mas, oh dichoso yo si de tal muerte   
 acabara; que el fuego que me inflama,   
 cual fénix me avivara en vuestros ojos. 
 
                00000000000000
 
Rojo sol, que con hacha luminosa 

Rojo sol, que con hacha luminosa 
cobras el purpúreo y alto cielo, 
¿hallaste tal belleza en todo el suelo, 
que iguale a mi serena Luz dichosa? 

Aura suave, blanda y amorosa, 
que nos halagas con tu fresco vuelo, 
¿cuando se cubre del dorado velo 
mi Luz, tocaste trenza más hermosa? 

Luna, honor de la noche, ilustre coro 
de las errantes lumbres y fijadas, 
¿consideraste tales dos estrellas? 

Sol puro, Aura, Luna, llamas de oro, 
¿oístes vos mis penas nunca usadas? 
¿Vistes Luz más ingrata a mis querellas? 
 
                0000000000000
 
Mi bello sol, si voy de vos ausente
 
 Mi bello sol, si voy de vos ausente   
 a parte extraña, do el dolor me ofende,   
 y el fuego, que mi alma presa enciende,   
 en dulce amor contino está presente;   
 
 aunque el color purpúreo de Oriente,  
 do el sol menor de vuestra luz desciende,   
 vea cerca, y do el manto oscuro tiende   
 el apartado extremo de Occidente;   

 conmigo irá el Amor en igual parte   
 con la mitad del alma, que me alienta;  
 que el resto vive en vuestra faz, que adora;   

 y dividido en una y otra parte,   
 presente con el bien que me sustenta,   
 siempre veré resplandecer mi Aurora.
 
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Pienso en mi pena atento y mal presente 
  
Pienso en mi pena atento y mal presente,   
y procuro algún medio al daño instante;   
pero soy en mi bien tan inconstante,   
que vuelvo a la ocasión la incierta frente.   
 
Cuando me aparto y cuido estar ausente,  
menos de mi peligro estoy distante;   
voy siempre con mis culpas adelante,   
sin que de tantos yerros escarmiente.   

Noble vergüenza mía, que el perdido   
valor sientes, ¿por qué no abrasa el pecho  
y vence tu virtud mi desvarío?   

Si del error y sombra del olvido   
me sacas, diré, en honra de este hecho,   
que sólo debo a ti poder ser mío. 
 
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 Que bello nudo y fuerte me encadena

 ¿Qué bello nudo y fuerte me encadena   
 con tierno ardor, en quien amor airado   
 me enciende el corazón, y en un cuidado   
 duro y terrible siempre me enajena?   
 
 El oro que al Gange indo en su ancha vena  
 luciente orna, y en hebras dilatado,   
 con luengo cerco y terso ensortijado,   
 gentil corona en blanca frente ordena.   
 
 ¡Oh vos, que al sol vencido, prestáis fuego,   
 en quien mi pensamiento no medroso 
 las alas metió libre, y perdió el vuelo!   

 Lazos que me estrecháis, mi pecho ciego   
 abrasad, porque en prez del mal penoso   
 segura mi fe rinda su recelo.
 
                      0000000000000
 
 ¡Oh cara perdición! ¡oh dulce engaño! 

 ¡Oh cara perdición! ¡oh dulce engaño!   
 suave mal, sabroso descontento,   
 amado error del tierno pensamiento,   
 luz, que nunca descubre el desengaño,   
 
 puerta por la cual entra el bien y el daño, 
 descanso y pena grave del tormento,   
 vida del mal, alma del sufrimiento,   
 de confusión revuelta, cerco extraño,   
 
 vario mar de tormenta y de bonanza,   
 segura playa y peligroso puerto,  
 sereno, instable, oscuro y claro cielo,   
 
 ¿por qué como me diste confianza   
 de osar perderme, ya que estoy desierto   
 de bien, no pones a mi mal consuelo?   

                0000000000000
 
 No es  tan duro mi pecho que no sienta
 
 No es tan duro mi pecho que no sienta   
 la fuerza del dolor que en él desciende;   
 mas amor, por más daño, me defiende   
 que descubra las llagas de mi afrenta.   
 
 quiere que calle el mal y que consienta 
 la pena que me aqueja y siempre ofende,   
 y en fuego desusado tarde enciende   
 el corazón, que en llama se sustenta.   

 Si esta grave pasión no perturbara   
 el pecho, bien pudiera confiado  
 llegar al dulce fin de la alegría;   

 mas ¡ay, cuánto es esta esperanza cara!   
 y por mirar su bien ¡cuánto ha pasado   
 de afán y de tormento la alma mía! 
 
               000000000000
 
 La muerte pido, un corazón amante
 
 La muerte pido, un corazón amante   
vos me entregáis, y me dejáis ausente   
de las bellas lazadas de oro ardiente   
y del sereno y celestial semblante.   

¿Por qué no temo pues el mal instante, 
aunque sus rayos Marte ya clemente   
contraiga, si el dolor que está presente   
cansa el pecho en sus lástimas constante?   

Este afán no esperado, esta partida   
el errante furor enciende fiero,  
no el trabajo cruel de enferma suerte.   

Tal me hallo en la ausencia aborrecida,   
que el dado corazón fue triste agüero   
al duro cierto riesgo de la muerte. 
 
               00000000000
 
 Huyo la blanda voz y el tierno canto
 
 Huyo la blanda voz y el tierno canto,   
que celeste armonía espira y suena,   
desta, de España luz, gentil sirena;   
mas vuelvo al fin sujeto al dulce encanto.   

Bien sé que este placer acaba en llanto;  
que esto es imagen cierta de mi pena,   
y amor injusto siempre me condena,   
porque sirvo y padezco y sufro tanto.   

Ulises, que pudiste venturoso   
surcar seguro y sin temor del daño  
el golfo de la bella Leucosía,   

¿Cuánto fueras más grande y valeroso   
si tentaras perderte en este engaño   
oyendo a la inmortal sirena mía?  
 
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El fuego que en mi alma se alimenta 
    
El fuego que en mi alma se alimenta,   
y consume al estéril duro frío,   
da vida al casi muerto pecho mío,   
y en virtud de sus llamas me sustenta.   
 
Justo es que muera y viva en él y sienta 
la gloria de mi dulce desvarío,   
porque de mis trabajos yo confío   
la esperanza del premio en quien me alienta.   

Como en inmenso frío junta espira   
inmensa oscuridad, cuya tristeza  
ocupa el corazón con grave pena:   

Así con el excelso ardor conspira   
excelsa luz, que deja en su belleza   
mi alma de alegría y de bien llena.