sábado, 3 de mayo de 2014

NUESTRA PODRIDA DEMOCRACIA



Nuestra tan cacareada democracia ha venido perdiendo calidad y en estos momentos está bajo mínimos, con gobernantes de mucha arrogancia y pocas entrañas que con sus medidas, y valiéndose de su mayoría absoluta, dañan la vida a multitud de ciudadanos sin que a ellos se les note ni un ápice de preocupación o malestar, sino que al contrario siempre aparecen ufanos y queriéndonos decir que nos están salvando la vida, que mientras muchos de ellos cobran sobresueldos en negro y varias pagas de dinero público, además de dietas por alojamiento de 1,800 euros mensuales, teniendo vivienda propia en Madrid, tienen la cara dura de pedirnos austeridad y recortar nuestros derechos a una sanidad pública de calidad, así como educación, pensiones, dependencia y dejar sin empleo a millones de españoles, etc., etc.
La represión policial durante las protestas pacíficas resulta, a veces, propia de regímenes dictatoriales. 
Los medios de comunicación barren todos o casi todos para adentro, con líneas editoriales del mismo tono, en una democracia avanzada es indispensable la pluralidad  y la plena libertad de estos medios.
Tenemos además una justicia que no huele bien, que parece estar seriamente dañada o al menos eso percibimos desde la calle ya que no se ven resultados, a pesar de los años transcurridos, ante tanta y tan grave corrupción entre cargos públicos, pero que, eso sí, el juez Garzón fue juzgado y condenado con inusitada rapidez por haber intentado esclarecer los hechos en ese estercolero llamado Gürtel mientras que los supuestos ladrones andan libres y disfrutando del botín y ahora estamos ante el proceso al juez Elpidio Silva, que tuvo la “ocurrencia” de decretar nada menos que prisión para el señor Blesa autor de diversos milagros, y quien llevó a la quiebra a Caja Madrid con su pésima gestión y que además liquidó los ahorros de muchos miles de personas con el engaño de las preferentes. Y es que desde la calle parece que se busca la impunidad para los “allegados” corruptos, a toda costa y si tenemos que cargarnos a algunos jueces “díscolos” pues lo hacemos y punto. Sin embargo la jueza Alaya que se encarga de la instrucción del caso de los ERES fraudulentos de Andalucía y a quien la Audiencia le ha llamado la atención repetidas veces por el poco fundamento de muchas de sus imputaciones y decisiones sigue ahí contra viento y marea.
De cuando en cuando sale algún obispo con mentalidad decimonónica diciendo disparates acerca del manido asunto del comportamiento sexual de la sociedad, sin hacer caso alguno a las indicaciones del papa Francisco que aboga por un cambio de discurso, señalando por ejemplo, que los grandes grupos financieros del mundo decidan quien ha de comer y quien tiene que pasar hambre o quien tiene derecho a asistencia sanitaria y quien no, como si todos no fuéramos hijos del mismo Dios.

viernes, 2 de mayo de 2014

POEMAS DE GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA




Gertrudis Gómez de Avellaneda, nació el 23 de marzo de 1814 en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, Cuba, y falleció en Madrid el 1 de febrero de 1873. Escritora del Romanticismo, con una fecunda actividad literaria, escribió poesía, novela y teatro. Hemos seleccionado aquí algunos de sus sonetos.


     Al Sol en un día de diciembre 

    Reina en el cielo. ¡Sol, reina e inflama
    Con tu almo fuego mi cansado pecho!
    Sin luz, sin brío, comprimido, estrecho,
    Un rayo anhela de tu ardiente llama.


    A tu influjo feliz brote la grama;
    El hielo caiga a tu fulgor deshecho:
    ¡Sal, del invierno rígido a despecho,
    Rey de la esfera, Sol: mi voz te llama!


    De los dichosos campos do mi cuna
    Recibió de tus rayos el tesoro,
    Me aleja para siempre la fortuna:


    Bajo otro cielo, en otra tierra lloro,
    Donde la niebla abrúmame importuna,
    ¡Sal rompiéndola, Sol, que yo te imploro!


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Mi mal
    En vano ansiosa tu amistad procura
    Adivinar el mal que me atormenta;
    En vano, amigo, conmovida intenta
    Revelarlo mi voz a tu ternura.


    Puede explicarse el ansia, la locura
    Con que el amor sus fuegos alimenta.
    Puede el dolor, la saña más violenta,
    Exhalar por el labio su amargura...


    Mas de decir mi malestar profundo,
    No halla mi voz, mi pensamiento, medio,
    Y al indagar su origen me confundo:


    Pero es un mal terrible, sin remedio,
    Que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
    Que seca el corazón... ¡En fin, es tedio!


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          Al partir
    ¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
    ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
    La noche cubre con su opaco velo,
    Como cubre el dolor mi triste frente.


    ¡Voy a partir! La chusma diligente,
    Para arrancarme del nativo suelo
    Las velas iza, y pronta a su desvelo
    La brisa acude de tu zona ardiente.


    ¡Adiós!, ¡patria feliz, edén querido!
    ¡Doquier que el hado en su furor me impela,
    Tu dulce nombre halagará mi oído!


    ¡Adiós! Ya cruje la turgente vela
    ¡El anda se alza... El buque, estremecido,
    Las olas corta y silencioso vuela!


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     Las contradicciones

    No encuentro paz, ni me permiten guerra;
    De fuego devorado, sufro el frío;
    Abrazo un mundo, y quédome vacío;
    Me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.


    Ni libre soy, ni la prisión me encierra;
    Veo sin luz, sin voz hablar ansío;
    Temo sin esperar, sin placer río;
    Nada me da valor, nada me aterra.


    Busco el peligro cuando auxilio imploro;
    Al sentirme morir me encuentro fuerte;
    Valiente pienso ser, y débil lloro.


    Cúmplese así mi extraordinaria suerte;
    Siempre a los pies de la beldad que adoro,
    Y no quiere mi vida ni mi muerte.


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Deseo de venganza

(Soneto escrito en una tarde tempestuosa)
¡Del huracán espíritu potente,
rudo como la pena que me agita!
¡Ven, con el tuyo mi furor excita!
¡Ven con tu aliento a enardecer mi mente!

¡Que zumbe el rayo y con fragor reviente,
mientras -cual a hoja seca o flor marchita-
tu fuerte soplo al roble precipita.
roto y deshecho al bramador torrente!

Del alma que te invoca y acompaña,
envidiando tu fuerza destructora,
lanza a la par la confusión extraña.

¡Ven... al dolor que insano la devora
haz suceder tu poderosa saña,
y el llanto seca que cobarde llora!

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A las estrellas

     Reina el silencio: fúlgidas en tanto
Luces de paz, purísimas estrellas,
De la noche feliz lámparas bellas,
Bordáis con oro su luctuoso manto.

Duerme el placer, mas vela mi quebranto,
Y rompen el silencio mis querellas,
Volviendo el eco, unísono con ellas,
De aves nocturnas el siniestro canto.

¡Estrellas, cuya luz modesta y pura
Del mar duplica el azulado espejo!
Si a compasión os mueve la amargura

Del intenso penar por que me quejo,
¿Cómo para aclarar mi noche oscura
No tenéis ¡ay! ni un pálido reflejo?


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Soneto imitando una oda de Safo

¡Feliz quien junto a ti por ti suspira,
quien oye el eco de tu voz sonora,
quien el halago de tu risa adora,
y el blando aroma de tu aliento aspira!

Ventura tanta, que envidioso admira
el querubín que en el empíreo mora,
el alma turba, al corazón devora,
y el torpe acento, al expresarla, espira.

Ante mis ojos desaparece el mundo,
y por mis venas circular ligero
el fuego siento del amor profundo.

Trémula, en vano resistirte quiero...
de ardiente llanto mi mejilla inundo...
¡delirio, gozo, te bendigo y muero!

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Suplicio de amor

    ¡Feliz quien junto a ti por ti suspira,
    Quien oye el eco de tu voz sonora,
    Quien el halago de tu risa adora
    Y el blando aroma de tu aliento aspira!


    Ventura tanta, que envidioso admira
    El querubín que en el empíreo mora,
    El alma turba, el corazón devora,
    Y el torpe acento, al expresarla, expira.


    Ante mis ojos desaparece el mundo
    Y por mis venas circular ligero
    El fuego siento del amor profundo.


    Trémula, en vano resistirte quiero.
    De ardiente llanto mi mejilla inundo.
    ¡Delirio, gozo, te bendigo y muero!

miércoles, 30 de abril de 2014

POEMAS DE MATILDE ALBA SWANN


Matilde Alba Swann, cuyo verdadero nombre era  Matilde Kirilovsky de Kreimer, nació el 24 de febrero de 1912 en Berisso y falleció el 13 de septiembre de 2000 en La Plata, Argentina. Poeta, periodista y una de las primeras mujeres abogadas argentinas en 1933. 
Publicamos aquí una selección de poemas suyos.


Pobreza a los diez años

Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato.
de un zapatito roto, opaco, desclavado.
El patio de la escuela... Apenas tercer grado...
Qué largo fue el recreo, el más largo el año.
Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
Hubiera preferido tener rotas las piernas
y entero mi calzado. Y allí contra una puerta 
recostada, mirando, me invadía el cansancio 
de ver cómo corrían los otros por el patio.

Zapatos con cordones, zapatos con tirillas, 
todos zapatos sanos. Me sentía en pecado 
vencida y diminuta, mi corazón sangrando...
Si supieran los hombres cuánto a los diez años 
puede sufrir un niño por no tener zapatos...
Que anticipo de angustia. Todavía perdura 
doliéndome el pasado. El patio de la escuela
y aquel recreo largo...

Mi piecesito trémulo, miedoso, acurrucado.
Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.
Un pájaro sin alas, tendido al pie de un árbol.
La pobreza no tiene perdón a los diez años.



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Grillo y cuna


De un bosque donde crecen 
nomás
cunas, mi madre 
cortó un columpio dulce, 
maduro para el tiempo primero 
de mi infancia. 

Juntó flores de luna dormidas 
en el agua, mi madre 
y me las trajo, 
con un azul silencio 
robado de algún sueño de río 
a ser mi canto.

El viento entonces iba 
silbando 
como un hombre 
que vuelve del trabajo, 
mi padre, como un ala de viento 
sacudía
las ramas a su paso,
y a veces su latido temprano, 
más temprano 
que el bronce aún, despertaba
tañendo 
campanarios.

El sol 
como un abuelo de incendio 
nos decía 
su cuento cada día , de luz,
en la ventana,
y el techo, y las paredes, y el huerto
y la paloma y el patio, 
y la mañana,cabrían en el puño dorado 
de un durazno.

Mi padre
sembró grillos
de suerte en los rincones,
más pobres de la casa.

De noche nos cantaban 
perdón 
por todo el hambre del día 
y prometían
espigas y racimos 
que acaso maduraron después, 
cuando fue tarde.

Así crecí, los seres
de lluvia me llevaron consigo 
a todas partes
Fui lagrima en el llanto del sauce,
fui diamante
quebrado en las raíces frustradas 
de algun barco.

De tarde descifraba señales en el cielo
mi madre, 
por las noches,
mi padre me alcanzaba la voz 
de mis abuelos, en una 
remembranza ternura 
con los ojos 
callados, 
y las manos dormidas 
junto al fuego; 
así crecí.


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Apuntes para un reproche


Te esperé hasta recién;
estás de fiesta.
Mi casi otoño
no me deja ambular
tu primavera.
Esperé tu regreso;
yo quería
escucharte contar, luz de alborozo
las campanas de amor
que resonaron
en tu trémulo espacio.
Te esperé hasta recién;
tú ni recuerdas
esta lámpara
lenta
que te aguarda.
Tu padre lee, él no sabe
de estas cosas
profundas
de mujeres. Tus hermanos,
florecidas cabezas
en la almohada
que parecen jugar
a estar durmiendo…


Tardas mucho; te esperé
hasta recién,
ya no te espero.
He de mirar tu lecho,
puro nardo,
el libro
que dejaste abierto,
tus todavía muñecos, las paredes,
y devuelta
de este inmóvil vagar
por un paisaje
de presencias sin nadie,
pensaré,
con la misma tristeza inevitable
de otras noches iguales,
que tal vez
no sé,
no fuera absurdo
que me hubieras llevado.

Tu padre lee; él no sabe, ni sufre.

Las mujeres
nos sentimos tan viejas
si quedamos.


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Sueño que llueve

Sueño que llueve y que me estás queriendo. 
Cielo en congoja, mi corazón deshace, 
y deshaces con él; lluvia tú mismo 
me transcurres lento;
yo me dejo llevar por los canales 
inundados de hojas
y de pasos
y un crujido me llora desde el hueso. 
El mundo en selva
de colores 
viene
a espejarme en nosotros, y a impregnarnos 
de misterio, de aroma y de raíces.
A la vera de esta 
irrealidad, palpita, un niño tibio 
que indeciso arrima 
con su barco de papel y quiere 
navegar nuestra sangre. 
Sueño que llueve; acaso estés soñando 
a mi ritmo, y amándome, 
y en tanto, 
esta lluvia silente, tal vez sueñe 
ser mujer, y sufrir. 
Avido el suelo que la bebe sueña, quizás, 
ser hombre y consumirla; ruedo 
como una gota entre tus brazos, vuelco 
sollozando tu nombre.
Tu deslizas, compactado llanto, por mi cielo 
y rompes; un deshacer unidos, 
ya no somos, y despierto.
Sin nosotros, y sin sí mismo, el sueño 
se ha quedado soñando
ser la muerte.


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Mañana es siempre


Cómo quisiera despertar cantando.
Pero amanezco, en cambio,
dolorida
de no haberme quedado en ese espacio,
en ese tiempo de morir prestada.
Una isla no inscripta en ningún mapa,
una célula enferma de ignorancia,
un asfixiado mundo en miniatura,
una avanzada humanidad triunfante,
en clarines y hogueras
homicidas.
Tabla sola, sin náufrago siquiera,
y luchando,
relincho hacia la costa,
y animada nomás por el recuerdo
de un aliento mordido a sus astillas.
Cómo quisiera despertar cantando,
y me muero de sed y hambre
de canto
mientras desborda la preñada aurora
en promisorio bermellón de vinos,
y expandida,
hoguera en panes, horneándose a lo alto.
Yo estoy abajo,
debajo de la historia,
sepultada en antorchas apagadas
y estandartes marchitos.
Sumergida en humores subterráneos
y en cenizas de huesos
de bandido,
Soy el ser que no fue, lo que no pudo,
la olvidada, desdeñada semilla,
pero existo.
Dentro
tengo un sauce inclinado que me llora.
Un niño triste me llama, sin nombrarme.
Me doy cuenta,
me doy cuenta, yo existo.
Mañana espero despertar, cantando.


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Yo no tengo la culpa

Yo no tengo la culpa
de amar tenaz la sombra de las cosas que fueron,
y sentir la impaciencia del misterio que ronda,
y vibrar la certeza de la luz que fulgura.
Yo no tengo la culpa de quedarme conmigo
en la hora del brindis, del laurel, de la espiga,
en refugio de infancia, en retorno de escuela,
en regreso a la tierna canción adormecida.
Yo no tengo la culpa de sumarme a la noche,
de soltarme en los techos en congoja de lluvia,
de morir de vergüenza con aquél que se humilla,
de quemarme en la fiebre mortal de los enfermos,
de dolerme en las hojas pisoteadas de otoño,
de gemir en las ramas de bramar con el viento.
Yo no tengo la culpa de ser una partícula
del cuerpo de la pena,
del coraje, del sueño, del amor por la eterna
tristeza de los hombres.
Solo tengo la culpa
de reunir en mis versos el dolor que rezuman
esas cosas amargas que remuerden y acusan,
de eso tengo la culpa…!

lunes, 28 de abril de 2014

POEMAS DE JOSÉ DE DIEGO


José de Diego Martínez nació el 16 de abril de 1866 en  Aguadilla, Puerto Rico y falleció el 16 de julio de 1918 en Nueva York. Poeta, ensayista y periodista, además de abogado y político. Defensor de la independencia de Puerto Rico y del idioma español, como poeta fue muy prolífico y precursor del Modernismo. Aquí ofrecemos una selección de sonetos suyos.




La borinqueña

¿Qué alma, llorando su infeliz destino
dentro del himno popular se agita,
al ascender la música infinita
en el fondo del aire cristalino?

Vibra en la flauta el prolongado trino,
la tempestad en el tambor palpita,
gime el violín, el clarinete grita
y solloza profundo el bombardino...

Es el acento múltiple, anhelante,
de la perdida caravana errante
que del nativo hogar la suerte implora...

¡Es el alma de un pueblo sin enseña!
¡Es la dulce, la triste "Borinqueña",
madre ideal que por sus hijos llora!

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De mi vida

Prendido lo vi cuando estaba el carpintero
el nido trabajando con su agudo puñal
y era un ronco y constante picotear de acero
en el tronco astillante de la palma real.

Mecientes de las auras el soplo matinal
o en tierra ya las fibras del profundo agujero,
se las iba llevando en ci pico un jilguero
que en la copa tejiera su pequeño nidal.

Mi vida es como el árbol erguido y altanero;
devora sus entrañas un feroz carpintero,
alegra su ramaje un lírico jilguero.

Es el árbol del bien y es el árbol del mal;
el dolor sus reliquias ofrece al ideal
y resuena en la cumbre el cántico triunfal.




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Pájaro verde

Había en España un convento rural,
donde un fraile estuvo, en éxtasis santo,
diez años oyendo la gloria del canto
de un ave escondida en un robledal.

Desde que en mis ojos brotó el primer llanto
y en mi alma de niño el primer ideal,
palpita en mi ambiente, me llama a su encanto,
de un ave invisible la onda musical.

Pájaro de ensueño, pájaro divino,
escucho a la vera, por todo el camino
fluir con su timbre diamantino el trino...

Nunca te mostraste, pero te adivino
¡y sé que a la muerte conduce tu canto inmortal!'



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El ojo de agua

Con los rumores de su eterno coro,
brota la fuente de la peña dura ...
¡el "Ojo de Agua" que, en su cuenca oscura,
de un cíclope en prisión derrama el lloro!

en tanto salta el surtidor sonoro
por la ancha verja, que el recinto mura,
tiembla en el fondo de la linfa pura
el pez de rosa con estrellas de oro.

En el misterio y en la sombra oriundo,
¿de qué hondo abismo o ignorada
orlilla surge a la luz el manantial profundo?

¡Raro prodigio! ¡Culta maravilla!
El pan de Dios lo tiene todo el mundo...
¡pero, el agua de Dios sólo Aguadilla!



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El canto de las piedras

Hay un sitio en las costas de Aguadilla
al pie de una montaña de granito
y a poco trecho del lugar bendito
en que duermen los muertos de la Villa

un sitio entre las rocas, do se humilla
la onda que bate al duro monolito,
y es perenne el rumor y eterno el grito
que se oye en toda la escarpada orilla.

Cuando, al sordo fragor del oleaje,
allí las tempestades se quebrantan,
vibra más fuerte el cántico salvaje:

el himno de las piedras, que levanta
las que su nombre dieron al paraje...
¡porque en mi pueblo, hasta las piedras cantan!



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Tu nombre 

Dulce es tu nombre en nuestro dulce idioma;
suena en las preces del fervor cristiano,
y es verso en el lenguaje soberano
con que aun nos habla en su sepulcro Roma.

De un pie latino la cadencia toma
cuando vibra en el ritmo castellano
cual breve arrullo de cantar lejano
o eco de amor con alas de paloma.

Dos silabas; un beso; algo muy triste
para el que te ha perdido; la elegía
del sueño muerto, que en la muerte existe.

Carmen el mundo te llamó algún día;
pero después de lo que a ml me hiciste...
¿Cómo te llamaremos, alma mía?.



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En la cumbre

Estoy en pie en la cumbre: absorta queda,
fija en el precipicio la mirada...
¡Qué años negros ofrece esta jornada,
a los treinta malditos de Espronceda!

Cuando este día ante la noche ceda,
¿quién disipa las sombras de la nada?
¡La fe quizá, que anuncia otra alborada,
como el pájaro oculto en la arboleda!

Mas ¿quién baja sin miedo al mundo arcano?
¿Quién no teme al abismo, en la caída,
buscando al sol entre la noche bruna?...

¡Ah, si posible fuera al ser humano
volver, desde la cumbre de la vida,
a morir niño en su inocente cuna!


II

¡Si hubiera sido así! ¡Cuán bello fuera
volver al seno, que el infante adora!
¡El véspero fundirse con la aurora,
la última aurora con la luz primera!

Tornar el tiempo en su veloz carrera,
desvanecerse el alma creadora,
y al centro, en que la vida se elabora,
irse plegando la girante esfera.

Al infinito espacio misterioso,
donde las leyes del silencio rigen,
llegar con el postrero el primer día.

Y caer lo absoluto en el reposo,
el Universo en su divino origen,
Dios en su propia eternidad sombría...


III

Estoy en pie en la cumbre: atrás, el llano;
debajo, la honda vertical pendiente;
arriba, está la bóveda esplendente
donde se interna el ideal humano.

Firme la planta, rígida la mano,
hay que bajar por la áspera vertiente,
al suelo vuelta la humillada frente
y puesto en Dios el corazón cristiano.

Cuando el cuerpo en la tierra se derrumba
sube el alma en la atmósfera serena...
Puede venir la muerte no temida.

¡Yo sé que está la fe, tras de la tumba,
y en plena luz, tras de la sombra plena,
la eterna fuente de la eterna vida!


   ***********************

Ya viene

La desterrada vuelve, porque anhelan
dar música solemne a sus oídos
las tórtolas que vuelen de sus nidos
y las ideas que del alma vuelan.

Las muchedumbres fieras se revelan,
despiertan a su voz los oprimidos,
¡y vencerán indómitos y unidos
y los traerán los que por ella velan!

Con besos de oro y con fugaz sonrisa,
que viera tras de sí la llamarada,
la aurora de otro Siglo nos avisa:

la mar está gimiendo alborotada...
¡Libertad de mi alma!... ¡más aprisa!...
¡cuánto tarda en morir la madrugada!