sábado, 18 de enero de 2014

GARCI SÁNCHEZ DE BADAJOZ




Garci Sánchez de Badajoz nació en el año 1460 en Écija, Sevilla y falleció en el año 1526. Fue un poeta muy destacado en la corte de los Reyes Católicos, perteneciente a la lírica cancioneril y la Escuela alegórico-dantesca.



Infierno de amor


 Caminando en las honduras
       De mis tristes pensamientos,
       Tanto anduve en mis tristuras,
       Que me hallé en los tormentos
       De las tinieblas escuras:
       Vime entre los amadores,
       En el Infierno de amores
       De quien escribe Guevara;
       Vime donde me quedara
       Si alguno con mis dolores
       En ser penado igualara.

           Vilo todo torreado

       Destraña lavor de nuevo,
       En el cual despues de entrado,
       Vi estar solo un mancebo
       En una silla asentado:
       Hízele la cortesía
       Que a su estado requería,
       Que bien vi que era ell amor,
       Al cual le dixe: «Señor,
       Yo vengo en busca mía
       Que me perdi de amador».

           Respondiome: «Pues que vienes
       A ver mi casa real,
       Quiero mostrarte los bienes,
       Pues que has visto mi mal
       Y los sientes y lo tienes».
       Levantose y luego entramos
       A otra casa do hallamos 
   Penando los amadores
       Entre los grandes señores,
       En las manos sendos ramos,
       Todos cubiertos de flores.

            Díxome: «Si en una renta
       Vieres andar mis cativos,
       No te ponga sobrevienta;
       Que de muertos y de bivos,
       De todos hago una cuenta:
       Todos los tengo encantados,
       Los bivos y los finados,
       Con las penas que tuvieron,
       De la misma hedad que fueron,
       Cuando más enamorados
       En este mundo se vieron.

           En entrando vi assentado
       [En] una silla a Maçías,
       De las heridas llagado
       Que dieron fin a sus días
        Y de flores coronado:
       En son de triste amador
       Diziendo con gran dolor,
       Una cadena al pescuezo,
       De su canción, el empieço:
        Loado seas amor
       Por cuantas penas padeço. 

  Vi tambien a Juan Rodríguez
       Del Padron dezir penado:
        Amor, ¿porque me persigues?
       ¿ No basta ser desterrado?
       ¿Aun ell alcance me sigues?
       
Este estava un poco atrás,
       Pero no mucho compás
       
De Maçias padesciendo,
       
Su misma canción diziendo:
        Bive leda si podrás,
        Y no penes atendiendo.

           Vide luego a una ventana
        De una rexa estar parado
       Al marques de Santillana,
       Preso y muy bien recabdado,
       Porque estava de su gana:
       Y diziendo: Mi penar
        Aunque no fue a mi pesar,
       Ni son de oro mis cadenas,
        Siempre las terné por buenas,
        Mas no puedo comportar
       El grand dolor de mis penas. 

OOOOOOO

Gregorio García Alcalá 
 18 de enero de 2014

viernes, 17 de enero de 2014

RECORDANDO A JORGE MANRIQUE


De la biografía de este poeta se desconoce casi todo, dándose por buena la fecha de su nacimiento en 1440 no sabiéndose muy bien si nació en Paredes de Nava, Palencia o Jaén y su fallecimiento habría sido el 11 de noviembre de 1479. Se sabe de su prestigio como soldado. Su obra poética no fue muy extensa predominando en ella  el tema del amor. Su obra más importante fue "Coplas a la muerte de su padre".



Diciendo qué cosa es amor



   Es amor fuerça tan fuerte


que fuerça toda razón;


una fuerça de tal suerte,


que todo seso convierte


en su fuerça y afición;


   una porfía forçosa


que no se puede vencer,


cuya fuerça porfiosa


hacemos más poderosa


queriéndonos defender.





   Es placer en e'hay dolores.


dolores en e'hay alegría,


un pesar en e'hay dulçores,


un esfuerço en e'hay temores,


temor en e'hay osadía;


                     un placer en e'hay enojos,


una gloria en e'hay pasión,


una fe en e'hay antojos,


fuerça que hacen los ojos


al seso y al coraçón.





   Es una cautividad


sin parescer las prisiones;


un robo de libertad,


un forzar de voluntad


donde no valen razones;


                      una sospecha celosa 

causada por el querer,


una rabia deseosa


que no sabe qu'es la cosa


que desea tanto ver.





   Es un modo de locura


con las mudanças que hace


una vez pone tristura,


otra vez causa holgura,


como lo quiere y le place;


                              un deseo que al ausente


trabaja pena y fatiga;


un recelo que al presente


hace callar lo que siente,


temiendo pena que diga.






Fin

Todas estas propiedades
tiene el verdadero amor;
el falso, mil falsedades,
mil mentiras, mil maldades
como fengido traidor;
el toque para tocar
cuál amor es bien forjado,
es sufrir el desarmar,
que no puede comportar
el falso sobredorado.



Canciones

No tardes, Muerte, que muero; 
veo, porque vivo contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
qu'eres tú sola remedio.

Ven aquí, pues, ya que muero,
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
e con tu venida espero
no tener vida conmigo.

OOOOOOO

Gregorio García Alcalá
17 de enero de 2014
    














 































































jueves, 16 de enero de 2014

LAS MEJORES POESÍAS DE AMOR EN LENGUA CASTELLANA




Nacimiento del amor
¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño.
Maduro el mundo,
no te aguardaba ya. Llegaste alegre,
ligeramente rubia, resbalando en lo blando
del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa
me pareciste aún, sonriente, vívida,
frente a la luna aún niña, prematura en la tarde,
sin luz, graciosa en aires dorados; como tú,
que llegabas sobre el azul, sin beso,
pero con dientes claros, con impaciente amor!

Te miré. La tristeza
se encogía a lo lejos, llena de paños largos,
como un poniente graso que sus ondas retira.

tu frente nueva. ¡Amante, amante era el destino
de la luz! Tan dorada te miré que los soles
apenas se atrevían a insistir, a encenderse
por ti, de ti, a darte siempre
su pasión luminosa, ronda tierna
de soles que giraban en torno a ti, astro dulce,
en torno a un cuerpo casi transparente, gozoso
que empapa luces húmedas, finales, de la tarde,
y vierte, todavía matinal, sus auroras.

Eras tú, amor, destino, final amor luciente,
nacimiento penúltimo hacia la muerte acaso.

Pero no. Tú asomaste. ¿Eras ave, eras cuerpo,
alma sólo? Ah, tu carne traslúcida besaba
como dos alas tibias,
como el aire que mueve un pecho respirando,
y sentí tus palabras, tu perfume,
y en el alma profunda, clarividente
diste fondo. Calado de ti hasta el tuétano de la luz,
sentí tristeza, tristeza del amor: amor es triste.

En mi alma nacía el día. Brillando
 estaba de ti, tu alma en mi estaba.
Sentí dentro, en mi boca, el sabor a la aurora.
Mis sentidos dieron su dorada verdad. Sentí a los pájaros
en mi frente piar, ensordeciendo
mi corazón. Miré por dentro
los ramos, las cañadas luminosas, las alas variantes,
y un vuelo de plumajes de color, de encendidos
presentes me embriagó, mientras todo mi ser a un mediodía,
raudo, loco, creciente se incendiaba
y mi sangre ruidosa se despeñaba en gozos
de amor, de luz, de plenitud, de espuma.

(Sombra del paraíso)
 Vicente Aleixandre
Sevilla, 1898 - Madrid, 1984

miércoles, 15 de enero de 2014

RECORDANDO A OCTAVIO PAZ




Octavio Paz Lozano nació el 31 de marzo de 1914 en  Ciudad de México y falleció el 19 de abril de 1998 en Coyoacán, México. Fue ensayista y poeta muy fecundo, uno de los grandes de la poesía en lengua castellana. Recibió el Premio Nobel 1990, también fue premio Príncipe de Asturias y Cervantes.



Sonetos

1

Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud que cría
en la cima del vértigo se alía
deteniendo, no al vuelo, sí al instante.

Luz que no se derrama, ya diamante,
fija en la rotación del mediodía,
sol que no se consume ni se enfría
de cenizas y llama equidistante.

 
Tu salto es un segundo congelado
que ni apresura el tiempo ni lo mata:
preso en su movimiento ensimismado

 
tu cuerpo de sí mismo se desata
y cae y se dispersa tu blancura
y vuelves a ser agua y tierra obscura.


2

El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo.

 
El mar y tú, su mar, el mar espejo:
roca que escala el mar con paso lento,
pilar de sal que abate el mar sediento,
sed y vaivén y apenas un reflejo.


De la suma de instantes en que creces,
del círculo de imágenes del año,
retengo un mes de espumas y de peces,

 
y bajo cielos líquidos de estaño
tu cuerpo que en la luz abre bahías
al oscuro oleaje de los días.

 
Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.


El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te desnuda y quema y vuelve hielo.


Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.


Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo del verde cielo adolescente.
tu cuerpo da su enamorada suma. 



Entre Irse y Quedarse

Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.a.


martes, 14 de enero de 2014

RECORDANDO A LUIS DE GÓNGORA


Luis de Góngora y Argote nació el 11 de julio de 1561 en la ciudad de Córdoba y falleció en la misma ciudad, el 23 de mayo de 1627. Dramaturgo y poeta del llamado Siglo de Oro español es la figura más importante del Barroco.


Romance
Hermana Marica,
mañana, que es fiesta,
no irás tú a la amiga
ni yo iré a la escuela.

Pondráste el corpiño
y la saya buena,
cabezón labrado,
toca y albanega;

y a mí me podrán
mi camisa nueva,
sayo de palmilla,
media de estameña;

y si hace bueno
traeré la montera
que me dio la Pascua
mi señora abuela,

y el estadal rojo
con lo que le cuelga,
que trajo el vecino
cuando fue a la feria.

Iremos a misa,
veremos la iglesia,
darános un cuarto
mi tía la ollera.

Compraremos de él
(que nadie lo sepa)
chochos y garbanzos
para la merienda;

y en la tardecica,
en nuestra plazuela,
jugaré yo al toro
y tú a las muñecas

con las dos hermanas,
Juana y Madalena,
y las dos primillas,
Marica y la tuerta;

y si quiere madre
dar las castañetas,
podrás tanto dello
bailar en la puerta;

y al son del adufe
cantará Andrehuela:
No me aprovecharon,
madre, las hierbas;

y yo de papel
haré una librea
teñida con moras
porque bien parezca,

y una caperuza
con muchas almenas
pondré por penacho
las dos plumas negras

del rabo del gallo,
que acullá en la huerta
anaranjeamos
las Carnestolendas;

y en la caña larga
pondré una bandera
con dos borlas blancas
en sus tranzaderas;

y en mi caballito
pondré una cabeza
de guadamecí,
dos hilos, por riendas;

y entraré en la calle
haciendo corvetas,
yo y otros del barrio,
que son más de treinta.

Jugaremos cañas
junto a la plazuela,
porque Barbolilla
salga acá y nos vea;

Barbola, la hija
de la panadera,
la que suele darme
tortas con manteca,
  porque algunas veces
hacemos yo y ella
las bellaquerías
detrás de la puerta.


OOOOOOOO


Gregorio García Alcalá
 14 de enero de 2014

lunes, 13 de enero de 2014

LAS MEJORES POESÍAS DE AMOR EN LENGUA ESPAÑOLA


Angel de Saavedra, duque de Rivas

La niña descolorida

Pálida está de amores
mi dulce niña:
¡nunca vuelven las rosas
a sus mejillas!

Nunca de amapolas 
o adelfas ceñida
mostró Citarea
su frente divina. 
Téjenle guirnaldas
de jazmín sus ninfas, 
y tiernas violas
Cupido le brinda.

Pálida está de amores
mi dulce niña:
¡nunca vuelven las rosas
a sus mejillas!

El sol en su ocaso
presagia desdichas
con rojos celajes
la faz encendida.
El alba en Oriente
más plácida brilla;
de cándido nácar 
los cielos matiza.

Pálida está de amores
mi dulce niña:
¡nunca vuelven las rosas
a  sus mejillas!
¡Que linda se muestra
si a dulces caricias
afable responde
con blanda sonrisa!
Pero muy más bellas
al amor convida
si de amor se duele,
si de amor respira.

Pálida está de amores
mi dulce niña:
¡nunca vuelven las rosas
a sus mejillas!

Sus lánguidos ojos
el brillo amortiguan;
retiemblan sus brazos:
su seno palpita;
ni escucha, ni habla,
ni ve, ni respira;
y busca en sus labios
el alma y la vida...

Pálida está de amores
mi dulce niña:
¡nunca vuelven las rosas
a sus mejillas!
 
Ángel de Saavedra, duque de Rivas
Córdoba 1791- Madrid 1865

OOOOOOOOO


Gregorio García Alcalá 
  11 de enero de 2014