jueves, 19 de junio de 2014

SONETOS DE ANTONIO GALA


Antonio Gala, nació el 2 de octubre 1930 en Brazatortas, Ciudad Real.  Dramaturgo, poeta, ensayista, periodista y novelista. Galardonado con el Premio Andalucía de las Letras y el Premio León Felipe a los Valores Cívicos. 





Quién pudiera morderte lentamente...

Quién pudiera morderte lentamente
como a una fruta amarga en la corteza.
Quién pudiera dormir en tu aspereza
como el día en la sierra del poniente.

Quién pudiera rendir la hastiada frente
contra el duro confín de tu belleza,
y arrostrar sonriendo la tristeza,
rota la paz y el paso indiferente.

Quién pudiera, mi amor, la alborotada
resistencia del alma distraída
conducir a tu parva apaciguada.

Quién pudiera ostentar, como una brida,
el arco iris sin par de tu mirada
desde tu luz a mi negror caída.



                            * * * * * **


Arrebátame, amor, águila esquiva...

Arrebátame, amor, águila esquiva,
mátame a desgarrón y a dentellada,
que tengo ya la queja amordazada
y entre tus garras la intención cautiva.

No finjas más, no ocultes la excesiva
hambre de mí que te arde en la mirada.
No gires más la faz desmemoriada
y muerde de una vez la carne viva.

Batir tu vuelo siento impenetrable,
en retirada siempre y al acecho.
Tu sed eterna y ágil desafío.

Pues que eres al olvido invulnerable,
vulnérame ya, amor, deshazme el pecho
y anida en él, demonio y ángel mío.


                               * * * * *

Atardeció sin ti

Atardeció sin ti. De los cipreses...
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.

A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.

Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.

Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.

                       
                * * * * * *

Cómo retumba amor, cómo resuena...

Cómo retumba amor, cómo resuena
tu nombre, suelto en flor, por los collados:
su aletear de palomos azorados
ni el orden de la noche lo serena.

Cuánta luna y qué olor de luna llena
empapan con su lino los sembrados.
Brilla tu nombre en los desiertos prados,
y en el tobillo siento su cadena.

Vendrá la luz, regresará la hora
en que, abierta, la luz despavorida
vierta sonora sangre de granada.

Vendrá otra vez la sangre más sonora
golpeando en las llagas de la vida,
pero estará la vida ejecutada.

                * * * * * *

Condena

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo

                * * * * * *

El arma que te di pronto la usaste...

El arma que te di pronto la usaste
para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, otra vez mía,
y el corazón en el que la clavaste.


Si en tu poder y fuerza confiaste,
de ahora en adelante desconfía:
era mi amor el que te permitía
triunfar en la batalla en que triunfaste.


Aunque aún mane la sangre del costado
donde melló su filo tu imprudencia,
ya el tiempo terminó de tu reinado.


Hecho a los gestos de la violencia,
con tu mala costumbre ten cuidado;
tú sólo no te hieras en mi ausencia.


                 * * * * * *


Ella

Bebió en tu boca el tiempo enamorado
y la cuajó con besos de paloma.
Casto tu cuello, sobre el oro asoma
tan sólo por el oro acariciado.

Lunado el pelo, el corazón lunado,
rubor apenas por el aire aroma.
Amapola ritual tu torso toma
y te aparta del mar verde azulado.

Tu mirada de miel, marisma ardiente,
la luz antigua con las luces nuevas
-recién despierta y ya cansada- alía.

Te duele la victoria, y dócilmente
a cuestas tu destino de amor llevas,
delicada y sangrienta vida mía. 

                 * * * * * *


 Es hora ya de levantar el vuelo...

Es hora ya de levantar el vuelo,
corazón, dócil ave migratoria.
Se ha terminado tu presente historia,
y otra escribe sus trazos por el cielo.

No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
sigue la vida, urgente y transitoria.
Muda la meta de tu trayectoria,
y rasga del mañana el hondo velo.

Si el sentimiento, más desobediente,
se niega al natural imperativo,
álzate tú, versátil y valiente.

Tu oficio es cotidiano y decisivo:
mientras alumbre el sol, serás ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.



              * * * * * * * *


Hoy encuentro, temblando ya y vacía...

Hoy encuentro, temblando ya y vacía,
la casa que los dos desperdiciamos
y el vago sueño del que despertamos
sin habernos dormido todavía.

Acordarse del agua en la sequía
no hace brotar ni florecer los ramos.
¿Dónde estás, dónde estoy, y dónde estamos?
¿Qué fue del mundo cuando amanecía?

Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo extender la mano y no tocarte.

Temo girar los ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
Temo estar caminando por la muerte.

                    * * * * * * *

La luna nos buscó desde la almena....

La luna nos buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.

Qué sábanas de yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.

Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura, cuerpo adentro.

Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a una, se bebían.

                * * * * * *

Me sorprendió el verano traicionero...

Me sorprendió el verano traicionero
lejos de ti, lejos de mí muriendo.
Junio, julio y agosto, no os entiendo.
No sé por qué reís mientras me muero.

Vengan nieve y granizo, venga enero,
vengan escarchas ya, vayan viniendo.
Troncos que fueron nidos ahora enciendo
y no consigo la calor que quiero.

Suelta la vida al viento falsos lazos:
no hay flor, ni luz, ni sed, ni amor, ni río.
Sólo hay un corazón hecho pedazos.

Agosto miente, amor, y siento frío.
Sin la tibia bufanda de tus brazos
aterido sucumbe el cuello mío.

             * * * * * * *

Por saber tuyo el vaso en que bebías...

Por saber tuyo el vaso en que bebías,
una tarde de junio lo rompiste.
Bebió la tierra el agua, limpia y triste,
y ahora tienes la sed que no tenías.

Quizá otra vez vendrán tus buenos días
y bebas sin mirar, como bebiste.
O quizá el vaso en el que te ofreciste
otras manos lo quiebren, no las mías.

Igual que el que de noche se despierta
y busca cerca el agua preparada,
te buscó a ti mi voz y no escuchaste.

Pon a tu corazón desde hoy alerta:
no nieguen a tu sed enamorada
el mismo sorbo aquel que derramaste.

                 * * * * * *

Por mi cuello tu mes de abril resbala...

Por mi cuello tu mes de abril resbala
y su música templa mi recelo.
De tu mano pasea amigo el cielo
y en mis hombros sus cármenes instala.
Tu alegría desata tu rehala
de palomas y arcángeles en celo,
y ante la nueva aurora me desvelo,
entre un batir ardiente, de ala en ala.

Plata y verde le impones tu divisa,
al tiempo hostil, a la extenuada espera,
al mundo recobrado ya con prisa.

La portentosa gracia quién tuviera,
de perpetuar el don de tu sonrisa,
que me convierte octubre en primavera.

                                 * * * * * * * * 


Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo...

Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo?
Y si te aguardo, di por qué no vienes,
verde y lozana zarza que mantienes
sin consumirte el fuego donde ardo.

Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo
en rescindir los extinguidos bienes.
Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
clavan el alma dardo sobre dardo.

A la mañana, que se vuelve oscura,
sigue la noche, que se vuelve clara
a solas con tu sed, que hiere y cura.

No quisiera pensar si no pensara
que, privado que fui de tu hermosura,
me olvidara de mí si te olvidara.





miércoles, 18 de junio de 2014

POEMAS DE FERNANDO VILLALÓN


Fernando Villalón - Daóiz y Halcón nació en Sevilla el 31 de mayo de 1881 y creció en los campos de Morón de la Frontera,  falleció en Madrid el 8 de marzo de 1930. 






Coplas

I

Giralda, madre de artistas,
molde de fundir toreros,
dile al giraldillo tuyo
que se vista un traje negro.

Malhaya sea Perdigón,
el torillo traicionero.

Negras gualdrapas llevaban
los ochos caballos negros;
negros son sus atalajes
y negros son sus plumeros.
De negro los mayorales
y en la fusta un lazo negro.


II

Mocitas las de la Alfalfa;
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.
Dos viudas con claveles
negros, en el negro pelo.

Negra faja y corbatín
negro, con un lazo negro,
sobre el oro de la manga,
la chupa de los toreros.

Ocho caballos llevaba
el coche del Espartero.

III

La corrida del domingo
no se encierrra sin mi jaca.
Mi jaca la marismeña,
que por piernas tiene alas.
Venta vieja de Eritaña
la cola de mi caballo
dos toros negros peinaban...

IV

A la una canta el gallo,
a las dos la cotubía
a las tres el ruiseñor
y a las cuatro ya es de día.

V

Besando la carretera
hay una ventita blanca
y una mocita que cosa
a la sombra de una parra.

VI

Braman los toros negros en su feraz orilla
y los potros retozan. Un jinete vaquero
pelea con la garrocha y su moruna silla
¿Será un abencerraje o un moro guerrillero
que no quiso entregarse al conquistar Sevilla?

VII

Con los estribos muy cortos
y las cinchas apretadas,
a todo el palo las picas,
las crines en la barba,
tres mil tendidos,
apenas la arena rayan.

VIII

Con sus dos perras podencas
y su hurona en el cestillo,
su cuzca de siete cuartas,
su cuerpo y su capotillo,
sus ceñidores de paño
el furtivo cazador
caza por Sierra de Armijo.

IX

De veludillo de oro
la calzona, verde faja,
chaquetilla de caireles
y medias anaranjadas.
sobre el charol del zapato,
dos mariposas de plata.

X

Dame la jaca alazana
y el trabuco de mia abuelo;
el que tiene guardamonte,
filigranado de acero.

XI

Echa vino, montañés,
que lo paga Luis De Vargas,
el que a los pobres socorre
y a los ricos avasalla.

XII

En el espejo del agua
yo reparo en los andares
salerosos de mi jaca

XIII

En las salineras del Puerto
se encarga a los salineros
las garrochas de majagua
que gastan los mozos buenos….

XIV

¡Islas del Guadalquivir!
¡Donde se fueron los moros
que no se quisieron ir!

          * * * * * * *

Luna lunera

Viudita habías de ser,
viudita cascabelera,
y yo casarme contigo.
Luna lunera...

¡Quiquiriquí! Canta el gallo;
yo partía a mi tarea
dejándote arropadita,
Luna lunera...

Tan. Tan. Tan. Ya son las doce.
Yo me sentaría a tu mesa
y en tu boca comería,
Luna lunera...

Plon. Plon. Plon; a la oración
tus manitas de azucenas
en exvoto rezarían,
Luna, lunera...

Tin, tan; tin, tan; ya es la que queda...
la nube de tu camisa
trabaría tus lindas piernas
y entre tus dos pomas rosa
dormirán, Luna lunera...

         * * * * * * *

Sus ojos

Negros faroles sus ojos.
Su boca roja granada.
Cuchillito su nariz
sobre el labio apernacada.

Dos rosas en los oídos.
Dos hoyuelos en la barba.
De negra noche, dos trenzas
sobre los hombros de malva.

Dos piñones del pinar
de su cuerpo en dos manzanas
-blancas y rojas palomas
del palomar de las Gracias-.

A dormir va la pureza
del lino. Sábanas blancas
besarán entre sus pliegues
a la niña blanca, blanca

           * * * * * *

Diligencia de Carmona,


Diligencia de Carmona
la que por la vega pasas
caminito de Sevilla
con siete mulas castañas,

cruza pronto los palmares,
no hagas alto en las posadas,
mira que tus huellas huellan
siete ladrones de fama.

Diligencia de Carmona,
la de las mulas castañas.

Remolino en el camino,
siete bandoleros bajan
de los alcores del Viso
con sus hembras a las ancas.

Catites, rojos pañuelos,
patillas de boca de hacha.
Ellas, navaja en la liga;
ellos, la faca en la faja;

ellas, la Arabia en los ojos;
ellos, el alma a la espalda.
Por los alcores del Viso
siete bandoleros bajan.

- Echa vino, montañés,
que lo paga Luis de Vargas,
el que a los pobres socorre
y a los ricos avasalla.

Ve y dile a los milicianos
que la posta está robada
y vamos con nuestras novias
hacia Écija la llana.

Echa vino, montañés,
que lo paga Luis de Vargas.

martes, 17 de junio de 2014

POEMAS DE CARLOS PELLICER



Carlos Pellicer Cámara nació el 16 de enero de 1897 en San Juan Bautista, (hoy Villahermosa), Tabasco, México y falleció en Ciudad de México el 16 de febrero de 1977. Museólogo, profesor, escritor, poeta y político. Como poeta Pellicer fue un innovador, perteneciente a la Generación de Los Contemporáneos, proponiendo una literatura de vanguardia.





Amor sin nombre

Amor sin nombre, ámbito destino
de ser y de no estar. Tu pronto asedio
sostiene mi dolor y anula el tedio
de copa exhausta o apretado vino.


En un alto silencio, un aquilino
palmo azul de silencio, vivo. En medio
de la infausta paciencia de tu asedio
abro las jaulas y desbordo el trino.


Por ti cuelgo coronas en los muros;
por ti soy más fugaz y en los maduros
soñares aligero tus canciones.


Y te llevo en mi ser y has recogido
la actitud que en Florencias o Bizancios
consagra sus palomas al olvido.


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Sonetos nocturnos

Tiempo soy entre dos eternidades.
Antes de mí la eternidad y luego
de mí, la eternidad. El fuego;
sombra sola entre inmensas claridades.

Fuego del tiempo, ruidos, tempestades;
sí con todas mis fuerzas me congrego,
siento enormes los ojos, miro ciego
y oigo caer manzanas soledades.

Dios habita mi muerte, Dios me vive.
Cristo, que fue en el tiempo Dios, derive
gajos perfectos de mi ceiba innata.

Tiempo soy, tiempo último y primero,
el tiempo que no muere y que no mata,
templado de cenit y de lucero.


II

Ninguna soledad como la mía.
Lo tuve todo y no me queda nada.
Virgen María, dame tu mirada
para que pueda enderezar mi guía.

Ya no tengo en los ojos sino un día
con la vegetación apuñalada.
Ya no me oigas llorar por la llorada
soledad en que estoy, Virgen María.

Dame a beber del agua sustanciosa
que en cada sorbo tiene de la rosa
y de la estrella aroma y alhajero.

Múdame las palabras, ven primero
que la noche se encienda y silenciosa
me pondrás en las manos un lucero. 


                      ******************

 Sonetos postreros

            I
Mi voluntad de ser no tiene cielo; 
sólo mira hacia abajo y sin mirada. 
¿Luz de la tarde o de la madrugada? 
Mi voluntad de ser no tiene cielo.

Ni la penumbra de un hermoso duelo 
ennoblece mi carne afortunada.
Vida de estatua, muerte inhabitada 
sin la jardinería de un anhelo.

Un dormir sin soñar calla y sombrea 
el prodigioso imperio de mis ojos 
reducido a los grises de una aldea.

Sin la ausencia presente de un pañuelo 
se van los días en pobres manojos.
Mi voluntad de ser no tiene cielo.


II 

Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío. 
Huérfano de mi amor, callas y esperas. 
En cuántas y andrajosas primaveras 
me viste arder buscando un atavío. 

Vuelve donde a las rosas el rocío 
conduce al festival de sus vidrieras. 
Llaga que en tu costado reverberas, 
no tiene en mí ni un leve calosfrío. 

Del bosque entero harás carpintería 
que yo estaré impasible a tus labores 
encerrado en mi cruenta alfarería. 

El grano busca en otro sembradío. 
Yo no tengo qué darte, ni unas flores. 
Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío.

III

Esta barca sin remos es la mía.
Al viento, al viento, al viento solamente 
le ha entregado su rumbo, su indolente 
desolación de estéril lejanía.


Todo ha perdido ya su jerarquía. 
Estoy lleno de nada y bajo el puente 
tan sólo el lodazal, la malviviente 
ruina del agua y de su platería.

Todos se van o vienen. Yo me quedo 
a lo que dé el perder valor y miedo.
~Al viento, al viento, a lo que el viento quiera!

Un mar sin honra y sin piratería, 
excelsitudes de un azul cualquiera 
y esta barca sin remos que es la mía. 

IV 

Nada hay aquí, la tumba está vacía. 
La muerte vive. Es. Toma el espejo 
y mírala en el fondo, en el reflejo 
con que en tus ojos claramente espía. 


Ella es misteriosa garantía 
de todo lo que nace. Nada es viejo 
ni joven para Ella. En su cortejo 
pasa un aire frugal de simetría. 

Cuéntale la ilusión de que tú ignoras 
dónde está, y en los años que incorporas 
junto a su paso escucharás el tuyo. 

Alza los ojos a los cielos, siente 
lo que hay de Dios en ti, cuál es lo suyo, 
y empezarás a ser, eternamente.



                    ****************

Canto destruido

¿En qué rayo de luz, amor ausente
tu ausencia se posó? Toda en mis ojos
brilla la desnudez de tu presencia.
Dúos de soledad dicen mis manos
llenas de ácidos fríos
y desgarrados horizontes.

Veo el otoño lleno de esperanza
como una atardecida primavera
en que una sola estrella
vive el cielo ambulante de la tarde.

Te amo, amor, y nada estoy diciendo
para llamarte. Siento
que me duelen los ojos de no llorar. Y veo
que tu ausencia me encuentra
como el cielo encendido
y una alegría triste de no usarla
como esos días en que nada ocurre
y está toda la casa
inútilmente iluminada.

En la destruida alcoba de tu ausencia
pisoteados crepúsculos reviven
sus harapos, morados de recuerdos.
En el alojamiento de tu ausencia
todo lo ocupo yo, clavando clavos

en las cuatro paredes de la ausencia.
Y este mundo cerrado
que se abre al interior de un bosque antiguo,
ve marchitarse el tiempo,
despolvorearse la luz, y mira a todos lados
sin encontrar el punto de partida.

Aunque vengas mañana
en tu ausencia de hoy perdí algún reino.

Tu cuerpo es el país de las caricias,
en donde yo, viajero desolado
-todo el itinerario de mis besos-
paso el otoño para no morirme,
sin conocer el valor de tu ausencia
como un diamante oculto en lo más triste.


               *********************

Segador

El segador, con pausas de música, 
segaba la tarde.
Su hoz es tan fina,
que siega las dulces espigas y siega la tarde.

Segador que en dorados niveles camina 
con su ruido afilado,
derrotando las finas alturas de oro 
echa abajo también el ocaso.

Segaba las claras espigas. 
Su pausa era música. 
Su sombra alargaba la tarde. 
En los ojos traía un lucero 
que a veces brincaba por todo el paisaje.

La hoz afilada tan fino 
segaba lo mismo
la espiga que el último sol de la tarde.


         ***************** 

 Sembrador


El sembrador sembró la aurora;
su brazo abarcaba el mar.
En su mirada las montañas
podían entrar.

La tierra pautada de surcos
oía los granos caer.
De aquel ritmo sencillo y profundo
melódicamente los árboles pusieron su danza a mecer.

Sembrador silencioso:
el sol ha crecido por tus mágicas manos.
El campo ha escogido otro tono
y el cielo ha volado más alto.

Sembraba la tierra.
Su paso era bello: ni corto ni largo.
En sus ojos cabían los montes
y todo el paisaje en sus brazos.

             ***************


Noche en el agua

                                               A Francisco Serrano Méndez
Noche en el agua.
Yo te lo dije,
noche en el agua.

Cuatro luceros
clavan el aire,
cuatro luceros.
Por cuatro cielos
la noche vale.

Tiempo y alhaja
se lleva el río,
noche en el agua.

Noche que lleva su enorme cielo;
por lo que tiembla sobre sus senos
brilla en el río
con la caída de algún lucero.

Cayó un lucero.
Toda la noche puse los codos
en barandales iluminados.

Cundió la brisa sus nomeolvides
y el dulce vaho
cimbrea el aire que el viento roba
como sustrae
los colibríes sin una mano.

Noche que sacas
las cuentas claras de tus estrellas
en los papeles que el río cala.
Por los sauzales
pasó la onda que sabe cifras
y se equivoca con las estrellas que surgen tarde.

Con qué mirada
busco a la noche que se me pierde
tras la cosecha
de las estrellas
y a espaldas negras brilla ocultada.

Noche en la orilla de mi presencia
que me diluyes en liquidámbar.

Tiempo que suelta
y luego enlaza.

El aire brilla tiempo y alhaja.

A los rincones de las luciérnagas
la noche baja.

Y hay una mano de rayos X
que entra en mis ojos y se los lleva
para ocultarles otra mirada.
Noche en el agua.

Yo te lo dije:
Noche en el agua.

lunes, 16 de junio de 2014

SONETOS DE LUIS DE GÓNGORA


Luis de Góngora y Argote es uno de los poetas más destacados del Barroco, su literatura fresca y novedosa tan diferente de lo que se escribía en su época, le granjea enemistades. La Generación del 27 tomó ese nombre del año en que murió Góngora y reúne a poetas de la importancia de García Lorca, Luis Cernuda, Altolaguirre, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, etc., quienes en el tercer centenario de la muerte del poeta le hacen un homenaje en el Ateneo de Sevilla. 



El sepulcro de Dominico Greco, excelente pintor


Esta en forma elegante, o peregrino,
de pórfido luciente dura llave,
el pincel niega el mundo mas suave
que dio espíritu a leño, vida o lino.

Su nombre, aun de mayor aliento dino 
que en los clarines de la fama cabe,
el campo ilustra de esa mármol grave,
Venéralo, y prosigue tu camino.

Yace el Griego, heredó naturaleza
Arte, y el Arte estudio, Iris colores, 
Febo luces, sino sombras Morfeo.

Tanta urna, a pesar de su dureza,
lágrimas beba, y cuantos suda olores,

corteza funeral de árbol sabeo.  



                                     **************


A las damas de la corte, pidiéndoles favor para los galanes andaluces


Hermosas damas si la pasión ciega
que os arma de desdén, no os arma de ira,
¿quién con piedad al andaluz no mira
y quién al andaluz su favor niega?

¿En el terreno, quién humilde ruega, 
fiel adora, idólatra suspira?
¿Quién en la plaza los bohordos tira,
mata los toros y las cañas juega?

¿En los saraos quién lleva las más veces
los dulcísimos ojos de la sala, 
sino galanes del Andalucía?

A ellos les dan siempre los jueces
en la sortija el premio de la gala,
en el torneo, de la valentía.

               **************

Clori


Al sol peinaba Clori sus cabellos
con peine de marfil, con mano bella;
mas no se parecía el peine en ella
como se oscurecía el sol en ellos.

Cogió sus lazos de oro, y al cogerlos, 
segunda mayor luz descubrió aquella
delante quien el sol es una estrella
y esfera España de sus rayos bellos.

Divinos ojos, que en su dulce oriente
dan luz al mundo, quitan luz al cielo, 
y espera idolatrarlos occidente.

Esto amor solicita con su vuelo,
que en tanto mar será un arpón luciente,
de la cerda inmortal mortal anzuelo.

                      **************

 En el sepulcro de la Duquesa de Lerma


¡Ayer deidad humana, hoy poca tierra;
aras ayer, hoy túmulo, ¡oh mortales!
Plumas, aunque de águilas reales
plumas son, quien lo ignora mucho hierra.

Los hueso que hoy este sepulcro encierra, 
a no estar entre aromas orientales
mortales señas dieran de mortales;
la razón abra lo que el mármol cierra.

La Fénix que ayer Lerma, fue su Arabia
es hoy entre cenizas un gusano 
y de conciencia a la persona sabia.

Si una urca se traga el Océano,
¿qué espera un bajel luces en la gabia?
Tome tierra, que es tierra el ser humano.


                 ****************

Al Marqués de Ayamonte que, pasando por Córdoba, le mostró un retrato de la Marquesa


Clarísimo Marqués, dos veces claro
por vuestra sangre y vuestro entendimiento
claro dos veces otras, y otras ciento
por la luz, de que no me sois avaro,

de los dos Soles que el pincel más raro 
dio de su luminoso firmamento
a vuestro seno ilustre, atrevimiento
que aun en cenizas no saliera caro:

¿Qué águila, señor, dichosamente
la región penetró de su hermosura 
por copiaros los rayos de su frente?

Cebado vos los ojos de pintura,
en noche camináis, noche luciente
que mal será con dos soles oscura.

                *************

A Guadalquivir, río de Andalucía


Rey de los otros ríos caudaloso,
que en fama claro, en ondas cristalino,
tosca guirnalda de robusto pino,
ciñe tu frente y tu cabello undoso.

Pues dejando tu nido cavernoso 
de Segura en el monte más vecino,
por el suelo andaluz tu real camino
tuerces soberbio, raudo y espumoso.

A mí, que de tus fértiles orillas
piso, aunque ilustremente enamorado, 
la noble arena con humilde planta,

dime si entre las rubias pastorcillas
has visto que en tus aguas se han mirado
beldad cual la de Clori, o gracia tanta.

                  **************

  De unas fiestas en Valladolid


La plaza, un jardín fresco; los tablados,
un encañado de diversas flores;
los toros, doce tigres matadores
a lanza y a rejón despedazados;

la jineta, dos puestos coronados 
de príncipes, de grandes, de señores;
las libreas, bellísimos colores,
arcos del cielo, o propios o imitados;

los caballos, Favonios andaluces
gastándole al Perú oro en los frenos 
y los rayos al sol en los jaeces;

al trasponer de Febo ya las luces
en mejores adargas, aunque menos,
Pisuerga vio lo que Genil mil veces. 

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A una dama muy blanca, vestida de verde


Cisne gentil, después que crespo el vado
dejó, y de espuma a la agua encanecida,
que al rubio sol la pluma humedecida
sacude de las juncias abrigado:

copos de blanca nieve en verde prado, 
azucena entre murtas escondida,
cuajada leche en juncos exprimida,
diamante entre esmeraldas engastado,

no tienen que preciarse de blancura
después que nos mostró su airoso brío 
la blanca Leda en verde vestidura.

Fue tal, que templó su aire el fuego mío,
y dio, con su vestido y su hermosura,
verdor al campo, claridad al río.

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  Hermoso dueño de la vida mía


Hermoso dueño de la vida mía,
mientras se dejan ver a cualquier hora
en tus mejillas la rosada aurora,
Febo en tus ojos y en tu frente el día,

y mientras que con gentil descortesía 
mueve el viento la hebra voladora
que la Arabia en sus venas atesora
y el rico Tajo en sus arenas cría;

antes que de la edad Febo eclipsado
y el claro día vuelto en noche oscura, 
huya la aurora del mortal nublado;

antes que lo que es hoy rubio tesoro
venza la blanca nieve su blancura,
goza, goza el color, la luz, el oro.

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- XXX -

Suspiros tristes, lágrimas cansadas,
que lanza el corazón, los ojos llueven,
los troncos bañan y las ramas mueven
de estas plantas, a Alcides consagradas;

mas del viento las fuerzas conjuradas 5
los suspiros desatan y remueven,
y los troncos las lágrimas se beben,
mal ellos y peor ellas derramadas.

Hasta mi tierno rostro aquel tributo
que dan mis ojos, invisible mano 10
de sombra o de aire me la deja enjuto,

porque aquel ángel fieramente humano
no crea mi dolor, y así es mi fruto
llorar sin premio y suspirar en vano.