sábado, 10 de mayo de 2014

POEMAS DE RICARDO JAIMES FREYRE


Ricardo Jaimes Freyres nació el 12 de mayo de 1868 en Tacna, Perú y falleció el 8 de noviembre de 1933 en Buenos Aires, tenía nacionalidad boliviana. Poeta, profesor, dramaturgo, historiador y diplomático, fue precursor del  Modernismo, innovador, junto con Rubén Darío de la métrica castellana. 




Lo fugaz

La rosa temblorosa
se desprendió del tallo,
y la arrastró la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo
y estrechando a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados
y confundidas con el lodo negro
negras, aún más que el lodo, se tornaron, 

pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano.



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Peregrina paloma imaginaria

Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores; 
alma de luz, de música y de flores 
peregrina paloma imaginaria.

Vuele sobre la roca solitaria
que baña el mar glacial de los dolores; 
haya, a tu peso, un haz de resplandores, 
sobre la adusta roca solitaria...

Vuele sobre la roca solitaria
peregrine paloma, ala de nieve
como divina hostia, ala tan leve...

Como un copo de nieve; ala divina,
copo de nieve, lirio, hostia, neblina,
peregrina paloma imaginaria...




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Entre la fronda

Junto a la clara linfa, bajo la luz radiosa 
del sol, como un prodigio de viviente escultura, 
nieve y rosa su cuerpo, su rostro nieve y rosa 
y sobre rosa y nieve su cabellera oscura. 

No altera una sonrisa su majestad de diosa, 
ni la mancha el deseo con su mirada impura; 
en el lago profundo de sus ojos reposa
su espíritu que aguarda la dicha y la amargura. 

Sueño del mármol. Sueño del arte excelso, digno 
de Escopas o de Fidias, que sorprende en un signo, 
una actitud, un gesto, la suprema hermosura. 

Y la ve destacarse, soberbia y armoniosa, 
junto a la clara linfa, bajo la luz radiosa 
del sol, como un prodigio de viviente escultura. 


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Eros

Lluvia de azahares
sobre un rostro níveo.
Lluvia de azahares
frescos de rocío,
que dicen historias
de amores y nidos.
Lluvia de azahares
sobre un blanco lirio
y un alma que tiene
candidez de armiño.
Con alegres risas
Eros ha traído
una cesta llena
de rosas y mirtos,
y las dulces Gracias
-amoroso símbolo-
lluvia de azahares
para un blanco lirio.

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Siempre

¡Tú no sabes cuánto sufro! ¡Tú que has puesto mis tinieblas 
en mi noche, y amargura más profunda en mi dolor! 
Tú has dejado, como el hierro que se deja en una herida, 
en mi oído la caricia dolorosa de tu voz. 

Palpitante como un beso; voluptuosa como un beso; 
voz que halaga y que se queja; voz de ensueño y de dolor. 
Como sigue el ritmo oculto de los astros el océano‚ 
mi ser todo sigue el ritmo misterioso de tu voz. 

¡Oh, me llamas y me hieres! Voy a ti como un sonámbulo 
con los brazos extendidos en la sombra y el dolor... 
¡Tú no sabes cuánto sufro! Cómo aumenta mi martirio, 
temblorosa y desolada, la caricia de tu voz. 

¡Oh, el olvido! El fondo obscuro de la noche del olvido 
donde guardan los cipreses el sepulcro del Dolor. 
Yo he buscado el fondo obscuro de la noche del olvido, 
y la noche se poblaba con los ecos de tu voz... 



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La muerte del héroe

Aún se estremece y se yergue y amenaza con su espada 
cubre el pecho destrozado su rojo y mellado escudo 
hunde en la sombra infinita su mirada
y en sus labios expirantes cesa el canto heroico y rudo. 

Los dos Cuervos silenciosos ven de lejos su agonía 
y al guerrero las sombras alas tienden
y la noche de sus alas, a los ojos del guerrero, resplandece como el día 
y hacia el pálido horizonte reposado vuelo emprenden.



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Los Héroes

 Por sanguinario ardor estremecido,
hundiendo en su corcel el acicate,
lanza el bárbaro en medio del combate
su pavoroso y lúgubre alarido.

Semidesnudo, sudoroso, herido,
de intenso gozo su cerebro late,
y con su escudo al enemigo abate
ya del espanto del dolor vencido.

Surge de pronto claridad extraña,
y el horizonte tenebroso baña
un mar de fuego de purpúreas ondas,

y se destacan entre lampos rojos,
los anchos pechos, los sangrientos ojos
y las hirsutas cabelleras blondas.


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El Camino de los Cisnes


«Crespas olas adheridas a las crines
de los ásperos corceles de los vientos;
alumbradas por rojizos resplandores
cuando en yunque de montañas su martillo bate el trueno.

»Crespas olas que las nubes oscurecen
con sus cuerpos desgarrados y sangrientos,
que se esfuman lentamente en los crepúsculos.
Turbios ojos de la noche, circundados de misterio.

»Crespas olas que cobijan los amores
de los monstruos espantables en su seno,
cuando entona la gran voz de las borrascas
su salvaje epitalamio como un himno gigantesco.

»Crespas olas que se arrojan a las playas
coronadas por enormes ventisqueros,
donde turban con sollozos convulsivos
el silencio indiferente de la noche de los hielos.

»Crespas olas que la quilla despedaza
bajo el rayo de los ojos del guerrero,
que ilumina las entrañas palpitantes
del Camino de los Cisnes para el Rey del Mar abierto»