lunes, 5 de mayo de 2014

POEMAS DE JOSÉ ASUNCIÓN SILVA



José Asunción Silva nació el 27 de noviembre de 1865 en Bogotá, Colombia y falleció en esta misma ciudad, el 24 de mayo de 1896. está considerado como el iniciador del Modernismo en hispanoamérica y es una especie de mito nacional en su país.










Triste

Cuando al quererlo la suerte 
se mezclan a nuestras vidas, 
de la ausencia o de la muerte, 
las penas desconocidas,


y, envueltos en el misterio 
van, con rapidez que asombra, 
amigos al cementerio, 
ilusiones a la sombra,


la intensa voz de ternura 
que vibra en el alma amante 
como entre la noche oscura 
una campana distante,


saca recuerdos perdidos 
de angustias y desengaños 
que tienen ocultos nidos 
en las ruinas de los años.


Y que al cruzar aleteando 
por el espacio sombrío 
van en el ser derramando 
sueños de angustia y de frío


hasta que alguna lejana, 
idea consoladora, 
que irradia en el alma humana 
como con lumbre de aurora,


en su lenguaje difuso 
entabla con nuestros duelos 
el gran diálogo confuso 
de las tumbas y los cielos. 

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A un pesimista 


Hay demasiada sombra en tus visiones,
algo tiene de plácido la vida,
no todo en la existencia es una herida
donde brote la sangre a borbotones.


La lucha tiene sombra, y las pasiones
agonizantes, la ternura huida,
todo lo amado que al pasar se olvida
es fuente de angustiosas decepciones.


Pero, ¿por qué dudar, si aún ofrecen
en el remoto porvenir oscuro
calmas hondas y vívidos cariños


la ternura profunda, el beso puro
y manos de mujer, que amantes mecen
las cunas sonrosadas de los niños?


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Una noche


Una noche 
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas, 
Una noche 
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas, 
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda, 
muda y pálida 
como si un presentimiento de amarguras infinitas, 
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara, 
por la senda que atraviesa la llanura florecida 
caminabas, 
y la luna llena 
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca, 
y tu sombra 
fina y lángida 
y mi sombra 
por los rayos de la luna proyectada 
sobre las arenas tristes 
de la senda se juntaban. 
Y eran una 
y eran una 
y eran una sola sombra larga! 
y eran una sola sombra larga! 
y eran una sola sombra larga!

Esta noche 
solo, el alma 
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte, 
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia, 
por el infinito negro, 
donde nuestra voz no alcanza, 
solo y mudo 
por la senda caminaba, 
y se oían los ladridos de los perros a la luna, 
a la luna pálida 
y el chillido 
de las ranas, 
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba 
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas, 
entre las blancuras níveas 
de las mortuorias sábanas! 
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte, 
Era el frío de la nada... 
Y mi sombra 
por los rayos de la luna proyectada, 
iba sola, 
iba sola 
¡iba sola por la estepa solitaria! 
Y tu sombra esbelta y ágil 
fina y lánguida, 
como en esa noche tibia de la muerta primavera, 
como en esa noche llena de perfumes, de 
[murmullos y de músicas de alas, 
se acercó y marchó con ella, 
se acercó y marchó con ella, 
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas! 
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las 
[noches de negruras y de lágrimas!... 


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  Realidad 


En el dulce reposo de la tarde
cuando al ponerse el sol en occidente
su luz dorada, de la vida fuente,
como una hoguera en los espacios arde,
o de la noche en el silencio umbrío
cuando la luna con fulgor de plata
alumbra a trechos el sonante río
y en sus límpidas ondas se retrata,
entre las sombras de la vida hay horas
en que la realidad que nos circuye
a detener el ímpetu no alcanza
de nuestra alma que a lo lejos huye
y a la región de lo ideal se lanza...


Y entonces cuando pienso en tus amores
nuestras dos vidas deslizarse veo
no cual la realidad que aja sus flores
sino cual la ilusión de tu deseo.
No por las conveniencias separados,
soñando tú conmigo, yo en tus sueños,
sino juntos los dos en los collados
&nbps; de la Arcadia risueños;
asidos por las manos a lo lejos
buscando el fin de la campiña amena
a los pálidos rayos de la luna.
O del ardiente sol a los reflejos,
dejando transcurrir una por una
las no contadas horas venturosas
que no mancha la sombra de una pena
libando amor... y deshojando rosas...
Del verdor y del musgo en lo sombrío
ocultos en lo ignoto del boscaje
radiante aún de gotas de rocío
de virgen fuerza y de vigor salvaje;
sentados a la orilla del torrente
tú escuchando los ecos del follaje
yo acariciando —trémula la mano—
tus rizos al caer sobre tu frente...



Otras veces trayendo a la memoria
los fantasmas de un tiempo ya pasado
junto con ellos cual sencilla historia
los ideales de tu amor soñado.
Y es entonces un gótico castillo
de altivas torres de musgosas piedras
en cuyo muro gris crecen las hiedras
teatro de nuestro amor santificado.


Y en reducida y perfumada estancia
cuyos tapices abrillanta y dora
el fuego de la antigua chimenea,
juntos los dos oímos a distancia
diciéndonos protestas de ternura
la voz del agua que al perderse llora
y el viento que en los árboles cimbrea
entre el silencio de la noche oscura.


O en frágil barca en plácida mañana
de lago azul flotando en los cristales
con la mirada errantes contemplamos
el cielo, la ribera, los juncales,
y las nieblas que inciertas, vaporosas,
van a perderse en la región lejana
como se pierda la esperanza humana
o el postrimer aroma de las rosas.


Mas cuando el alma en sus ensueños flota,
la realidad asoma de improviso
no más resuena la encantada nota...
Brotan espinas do la rosa brota,
y en cruel se torna el paraíso.


Vuelvo a mirar... y pienso que nacimos
para vivir por siempre separados,
que no es una la senda que seguimos
y que la lumbre que cercana vimos
fue visión de tu amor y tus cuidados.


Y al comparar la realidad penosa
con los paisajes de ideal que miro
en el fondo del alma lastimosa
para tu dulce amor —niña piadosa—
para tu dulce amor surge un suspiro.