sábado, 19 de abril de 2014

POEMAS DE LUIS HURTADO DE TOLEDO


Luis Hurtado de Toledo nació en el año de 1523 en Toledo y falleció probablemente, el año 1590. Se tienen grandes dudas y muchas lagunas en torno a la biografía de este escritor español del Renacimiento.


Soneto del author al dicho señor don Luis

Quando fue por los dioses acordado
que Amor casase con Sabiduría,
la pastora Ismenia y muy clara Sophía
buscó entre los humanos su traslado.

Y a vos, aunque a las armas dedicado
por aquel parentesco que os tenía
miró en las letras quánto floresçía
vuestro exerçiçio illustre y delicado.

Y en propheçía os a guardado esposa
que qual Minerva os sea compañera
de las plantas más nobles deste suelo.

¡Feliçe salga el fruto de tal rosa!
¡Lucina os dé feliçe sementera
y feliçe al coger el Rey de Delo!




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Soneto a la esposa de Cupido

Bella Minerva, a quien el sacro choro
de nimphas la ventaja a conçedido
que toda hermosura esté en olvido
después que el mundo tiene tal thesoro;

ya el blanco pecho, cabellera de oro,
tu gracia y gallardía, a mereçido
ser consagrada al tierno dios Cupido,
aunque en otras causase imbidia y lloro.

Estímese de oy más por venturoso
el Amor, pues tu amor le a sujetado,
siendo ya de soltero buelto esposo.

Y no piense el Amor ser engañado,
que aunque otro amor uviera más hermoso,

quedará satisfecho con tu estado...

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Venida del amor

Quando entendieron que estava vezino
el poderoso infante que atendían,
le salen todos juntos al camino:
unos saltando, y otros corrían
por ver aquél por quien pierden el tino
aquellos que por sabios se tenían.
Y veisle aquí do viene, desarmado
quel arco, aljava y flechas a dexado.

Con él venía Baco, muy pujante,
con el hermoso Príapo dançando.
El ançiano Sileno iva adelante
su perezoso asnillo apresurando.
Y ansí como llegó el carro triumphante
de blancos unicornios, todo el vando
comiença vn alarido con clamores,
diziendo: «¡biva!, ¡biva el Dios de amores!».

En la cabeça le vi que traía
de oliva y lauro la corona puesta.
Maravillosa allí la compañía,
qué grande novedad podrá ser ésta:
quel arco, aljava y flechas no quería,
ni venda ante sus ojos en tal fiesta.
Mas vieron que mostrava el casamiento
de paz y amor corona y fundamento.

Imeneo y Saturno acompañados,
Júpiter y Mercurio con Vulcano,
Marte, Plutón, Eolo y sus criados,
Neptuno y Tajo con el Oçeano,
Titán y Apolo -en la hedad trocados-
venían platicando mano a mano,
que todos del mançebo eran parientes,
aunque en el rrostro y años diferentes.


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Impedimento que puso la discordia

Un aire vino turbio y nebuloso
al concluir de aqueste desposorio,
y un grito oyeron bravo y espantoso
que dezía: «A los dioses sea notorio
que el dios Cupido, falso y alevoso,
está casado en otro diversorio
con Siches, de quien fue primero amigo.
Yo, la Discordia, soy dello testigo».

Espantáronse todos desta nueva.
Alterados de oyr tan nuevo caso
dizen: «Quien dio la boz, traiga la prueva
para que aqueste hecho salga arraso,
porquel negoçio sea como deva,
y no vamos con él ansí de paso».
Habló Cupido, que callado avía,
bolviendo por su honrra qual devía.


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El Palacio

Un palaçio rreal edificado
estava en la ladera del boscaje.
Las puertas de cristal clarificado,
de çedro las maderas y el umbraje,
De jaspe todo el patio era losado,
de oro y fina seda el cortinaje,
en las salas avíe camas y mesas,
servidas de mill nimphas y dehessas.

Avíe muchos palaçios y mansiones
-distintos en estado sexo y arte,
en un quadro habitavan los varones,
de damas se ocupava la otra parte-,
baños, vinos, conservas, colaçiones,
ropas, sillas y aun armas para Marte
donde mudo estará qualquier deseo
y el dote satisfecho de Imeneo.

Venus, la muy hermosa y muy honrrada,
como aquella que suegra ser espera,
en un estrado rrico era sentada
con mill damas de Çipro que truxera,
la panífica Çeres, su cuñada,
y Palas valerosa, la guerrera,
Juno, madre de Venus, y Latona,
y Çibeles, su abuela, Gran Matrona.

De los mares nereidas an venido,
muy hermosas napeas de las fuentes,
náyades de los rríos, que an salido
por hallarse con todos sus parientes.
Las dríades de bosques an traído
rramilletes de flores diferentes,
amadríades ponen en frescura
de árboles la casa en hermosura.

Las oréadas, damas muy hermosas,
de los montes truxeron mucha caça;
Las himúnides108 derramando rrosas
de sus prados hinchieron esta plaça.
Las claras limphas de aguas olorosas,
cada qual rroçiando con su taça,
todas honrrar a Venus procuravan
y su rreal estrado acompañavan.

Unas tañían dulçes instrumentos,
otras cantavan alegres cançiones.
Contavan otros apazibles quentos
los sátiros y faunos a montones,
dançando con las nimphas sólo atentos
a mostrar sus heridos coraçones.
Todos con alegría deleitosa
hazen fiesta al Amor toda amorosa.

Al tiempo que se estavan solazando
esperando de Amor el mensajero,
ya que la Aurora va coloreando,
sienten venir por un ancho sendero,
al son de una corneta rresonando,
el semicapro Pan con soplo entero;
y con aqueste son les anunçiava
que ya el gran dios de amor çercano estava.



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Venida de Minerva

Viníen con ella Aurora y Galatea,
Proserpina y Luzina, damas bellas,
Thetis, Luçindra, Glauco y Amaltea,
muchas nereidas, nimphas y donzellas.
Haziendo campo vienen en pelea
muchos faunos y sátiros ante ellas.
Dize a los dioses con acatamiento:
«Señores vengo a vuestro mandamiento».
Júpiter, padre de la linda dama,
le dize: «Hija, está determinado
por todo este consejo, el qual os ama,
de os dar en matrimonio -alegre estado-
con el bello Cupido, cuya fama
tiene sujeta todo lo criado.
Y Amor casado con Sabiduría
será sabio el amor que naçería.

Y si Amor con amores inflamare
en el mundano suelo alguna jente,
verán que es sabio todo aquél que amare;
que Amor no herirá sino al prudente.
Y el hilo durará que començare
con honesta ocasión y conviniente.
Y si el lasçivo fuere enamorado,
no amor, sino torpeza es su ditado.

Por amor seguirán los documentos
de la industria, saber, trabajo y pluma.
Por amor se harán los casamientos
sin cobdiçia mortal que los consuma.
De aqueste amor serán todos contentos,
creçerán las virtudes como espuma.
Ansí, vos de amor seréis maestra.
Dezid agora la voluntad vuestra».