lunes, 14 de abril de 2014

POEMAS DE JULIÁN DEL CASAL



Julián del Casal nació el 7 de noviembre de 1863 en La Habana y falleció en esta misma ciudad el 21 de octubre 1893. Poeta precursor del Modernismo fue un maestro del soneto de los cuales aquí publicamos una selección.


En el mar

Abierta al viento la turgente vela
y las rojas banderas desplegadas,
cruza el barco las ondas azuladas,
dejando atrás fosforescente estela.

El Sol, como lumínica rodela,
aparece entre nubes nacaradas,
y el pez, bajo las ondas sosegadas,
como flecha de plata raudo vuela.

¿Volveré? ¡Quién lo sabe! Me acompaña
por el largo sendero recorrido
la muda soledad del frío polo.

¿Qué me importa vivir en tierra extraña
o en la patria infeliz en que he nacido,
si en cualquier parte he de encontrarme solo?

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

A una maja 

Muerden su pelo negro, sedoso y rizo
Los dientes nacarados de alta peineta
Y surge de sus dedos la castañeta
Cual mariposa negra de entre el granizo.

Pañolón de Manila, fondo pajizo,
Que a su talle ondulante firme sujeta,
Echa reflejos de ámbar, rosa y violeta
Moldeando de sus carnes todo hechizo.

Cual tímidas palomas por el follaje,
Asoman sus chapines bajo su traje
Hecho de blondas negras y verde raso,

Y al choque de las copas de manzanilla
Riman con los tacones la seguidilla,
Perfumes enervantes dejando al paso.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

A un héroe

Como galeón de izadas banderolas
que arrastra de la mar por los eriales
su vientre hinchado de oro y de corales,
con rumbo hacia las playas españolas,

y, al arrojar el áncora en las olas
del puerto ansiado, ve plagas mortales
despoblar los vetustos arrabales
vacío el muelle y las orillas solas;

así al tornar de costas extranjeras,
cargado de magnánimas quimeras,
a enardecer tus compañeros bravos,

hallas sólo que luchan sin decoro
espíritus famélicos de oro
imperando entre míseros esclavos.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Paisaje del trópico

Polvo y moscas. Atmósfera plomiza
donde retumba el tabletear del trueno
y, como cisnes entre inmundo cieno,
nubes blancas en cielo de ceniza.

El mar sus hondas glaucas paraliza,
y el relámpago, encima de su seno,
del horizonte en el confín sereno
traza su rauda exhalación rojiza.

El árbol soñoliento cabecea,
honda calma se cierne largo instante,
hienden el aire rápidas gaviotas,

el rayo en el espacio centellea,
y sobre el dorso de la tierra humeante
baja la lluvia en crepitantes gotas.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Vespertino

Pensativo, vagando entre las ruinas
de las viejas moradas señoriales,
que rodean espesos matorrales
erizados de múltiples espinas,

veo las azuladas golondrinas
llegar a las regiones tropicales,
donde no braman vientos invernales
ni oscurecen el cielo las neblinas.

Pasan después los rudos labradores,
caído el hombro al peso de la azada
en que dejó la tierra impuras huellas;

y mostrando sombríos esplendores,
aparece la noche coronada
con su diadema fúlgida de estrellas.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

El arte

Cuando la vida, como fardo inmenso,
Pesa sobre el espíritu cansado
Y ante el último Dios flota quemado
El postrer grano de fragante incienso;

Cuando probamos, con afán intenso,
De todo amargo fruto envenenado
Y el hastío, con rostro enmascarado,
Nos sale al paso en el camino extenso;

El alma grande, solitaria y pura
Que la mezquina realidad desdeña,
Halla en el Arte dichas ignoradas,

Como el alción, en fría noche obscura,
Asilo busca en la musgosa peña
Que inunda el mar azul de olas plateadas.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Mis amores

Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
las vidrieras de múltiples colores,
los tapices pintados de oro y flores
y las brillantes lunas venecianas.

Amo también las bellas castellanas,
la canción de los viejos trovadores,
los árabes corceles voladores,
las flébiles baladas alemanas;

el rico piano de marfil sonoro,
el sonido del cuerno en la espesura,
del pebetero de fragante esencia,

y el lecho de marfil, sándalo y oro,
en que deja la virgen hermosura
la ensangrentada flor de su inocencia.


OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

La mayor tristeza

¡Triste del que atraviesa solitario
el árido camino de la vida
sin encontrar la hermosa prometida
que lo ayuda asubir hasta el Calvario!

¡Triste del que, en recóndito santuario,
le pide a Dios que avive la extinguida
fe que lleva en el alma dolorida
cual seca flor en roto relicario!

¡Pero más triste del que, en honda calma,
sin creer en Dios ni en la mujer hermosa,
sufre el azote de la humana suerte,

y siente descender sobre su alma,
cual sudario de niebla tenebrosa,
el silencio profundo de la muerte!

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

El anhelo de una rosa

Yo era la rosa que, en el prado ameno,
abrí mi cáliz de encendida grana,
donde vertió sus perlas la mañana,
como en un cofre de perfumes lleno.

Del lago azul en el cristal sereno
vi mi corola retratarse ufana,
como ante fina luna veneciana
ve una hermosura su marmóreo seno.

Teniendo que morir, porque el destino
hizo que breve mi existencia fuera,
arrojándome el polvo del camino,

anhelo estar, en mi hora postrimera,
prendida en algún seno alabastrino
o en los rizos de oscura cabellera.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Desolación

¿No habéis visto la lóbrega capilla
del antiguo convento de la aldea?
Ya el incensario en el altar no humea
ni ardiente cirio ante la imagen brilla.

En la torre, agrietada y amarilla,
el pájaro fatídico aletea,
y a Dios no eleva el pecador la idea,
doblegada en el suelo la rodilla.

Ningún monje sombrío, solitario,
arrebujado en su capucha oscura,
póstrase a orar, con místico deseo;

y ha tiempo no resuena en el santuario
ni la plegaria de la joven pura
ni la blasfemia horrible del ateo.