miércoles, 2 de julio de 2014

POEMAS DE RAMÓN DE GARCIASOL


Ramón de Garciasol cuyo verdadero nombre es Miguel Alonso Calvo nació el 29 de septiembre de 1913 en Humanes, Guadalajara y falleció en Madrid el 14 de mayo de 1994. Poeta, narrador, biógrafo y ensayista. Perteneciente a la Generación del 36. Su poesía tiene influencias de Unamuno y Rubén Darío.

 

Cancioncilla de la invitación a la serenidad

Dulce te quiero, serena-
mente profunda te quiero.
Un silencio colmenero
melifica la colmena


que no quiere ser locura,
sino luz medida. Mira
y di con los ojos. Tira
esa prisa, criatura.


Moneditas atesora
de sol y tiempo. Se ve
mejor el paisaje a pie,
como manda Dios. Ahora


nace la palabra, brilla
con la hoja, con la nube.
Savia, sangre, sabe, sube
al árbol, a la mejilla.


Ven a recoger dulzura
para el invierno y la pena.
El secreto de la vena
va aclarando su escritura.



               *  *  *  *  *   *  *  *  *  

Desafío de amor frente a las sombras

Otro doce de octubre, compañera,
con la serena flor de la alegría
y más luz en los ojos. Se diría,
coraje renaciente, que te espera


nuevo «milagro de la primavera».
seria la hora, dura la sangría,
el aire temeroso, esposa mía,
atormentado el ceño, sementera


de tiempo anubarrado. ¿habrá mañana
con plazuelas y niños juguetones,
espigas candeales la besana,

mozas de arracimado amor, parejas

como tú y como yo, los corazones
empavesados, dime? Sí: de tejas

abajo está muy grave la esperanza,
y de tejas arriba silenciosos,


mudos los astros, tan majestuosos
como siempre en sus órbitas. alcanza

el terror con la mano el hombre, avanza
entre fuerzas hostiles, tormentosos


los pulsos, con espanto los sabrosos
frutos sobre la mesa. la balanza

no está en el fiel de la justicia, pesa
espanto y más espanto. ¿Qué nos trae


a la espalda el futuro? Niebla espesa,

perdidiza y cobarde, sin agallas
el verbo imbécil. El vigor decae.
Y tú Dios, ¿por qué duermes, por qué callas?


Mas frente al miedo, mientras viva, digo
que no a las sombras. Trae la mano, esposa,
y avancemos. ¡Atrás los monstruos! ¡Rosa,
florece contra el hielo! ¡Sube, trigo,


más gallardo que nunca! ¡Ven, amigo,
a cantar con nosotros la gloriosa
salud trabajadora, la grandiosa
coral voz del Océano! ¡Conmigo


los vientres y las tiernas labrantías,
la rabia y el honor de los talleres
forjadores de panes y de días!


¡Adelante, a la vida sin fracaso!
si todos desertores, sé que eres,
Mariuca, la bandera de mi paso.



               *  *  *  *  *  *  *  *  *

Canción del silencio

A cortar silencio, esposa.
Está Castilla crecida
de silencio y sonorosa
paz, oreo por la herida

melancólica. Qué olores
tiene el campo que amanece.
Alamillos reidores
con el viento que les mece


están cribando en sus hojas
sol y sombra por el suelo.
Coge silencio sin duelo,
que se viertan las congojas.

Huele el campo que alimenta
de serenidad, y canta
un sabor en la garganta
que va de romero a menta.

Disuelve el terrón reseco,
silencio, y dale a la tierra
arada. Rellena el hueco
de sombra con luz de sierra,


y ponme a cantar a coro
con el color de la jara,
con el arbolillo de oro
-cuatro hojicas en la vara,

con el arroyo serrano
y el pájaro que gotea
uvas de armonía. Sea
grano de trigo en verano

y buche de agua marcera,
y carmín en el poniente,
sagrada sombra de higuera
y diamante en el relente.

Fúndeme a tu ritmo eterno,
silencio del campo mío.
El pensamiento hace invierno
y metafísico frío. 

Corta la invisible rosa.
Está crecida Castilla
de silencio para trilla
de corazones, esposa.

     *  *  *  *  *  *  *
Gracias hermanos
                                A Gabriel Celaya

Sois tan buenos y desdichados,
tan sobrehumanos,
que me tenéis en algo.
Y voy apuntalado
Por vosotros, por vuestras manos
trabajadoras, vuestros labios
sonreídos del alba, brazos
sostenedores, respaldado.
Tan solitario
estoy que apenas valgo
con mi sombra. ¡Cuánto
en lo mío es vuestro, y proclamo,
en mi trabajo!
Y no me caigo
del todo, que sería malo
para vuestras creencias. Y me canso
tanto
que no quisiera haberme despertado
una mañana más al tajo,
llamo
a la materna muerte, a su regazo
acunador, me pongo a vuestro lado
y procuro mostraros
lo más sano
de mi palabra, el relámpago
que dignifique el barro
original, lo claro
de mis oscuridades, hago
el papel asignado
por el azar en el teatro
del mundo amargo
a ratos,
fascinante, entreclaro
y terrible, aún no descifrado,
criaturas de fe, de canto,
que no sabéis -¡ay, risas!- el milagro
diariamente renovado
que sois. Os amo,
gentes del pueblo llano,
de mis raíces, campo
pegujalero de mi sangre, árbol
de luz y fruto de mi llanto.
Y me callo, falto
y sin verbo adecuado
para rezarlo,
hermanos.


          *  *  *  *  *  *  *  *

Nadie me cantará como te canto...

Nadie me cantará como te canto,
madre, con una llama que se enciende
en ti y en mi termina. Nadie entiende
la sangre de su fin y de mi llanto.

Yo no tengo semilla que me cante
en hijos de consuelo, salvadores,
por el tiempo y los hombres, labradores
que vuelvan a sembrar para adelante

la vida en criatura, y aún en pena,
pasajera, que luego se enardece
en la flor sin memoria ni condena

de la santa alegría. Aquí se apaga
el agua que se agota en sí, perece
sin salir a la mar que la propaga.


                 *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Pero a tu sombra, amor

Rompe el tabique, trae a la ceguera
el diálogo, tu música. Me llenas
de otra luz esta carne donde penas,
recuerdos van. Tú sigue, compañera,


cogida de mi mano. Me redime
esa voz tan alzada de romero,
de campo con simienza y caminero
paso. Veo en tu verbo, creo. Dime


por qué este olor -¿es mayo?-, cómo ha sido.
Habla o calla, mujer, pero a mi lado,
pero a tu sombra, amor, pero a tu oído,


pero a tus brazos. Habla o calla, esposa,
pero ahí. ¡No me sienta abandonado
sobre la Tierra inmensa, silenciosa!


                  * *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

Y debemos andar de otra manera...

Y debemos andar de otra manera
por los caminos de la Mancha, hermano,
por si, fecunda tierra de secano,
diese trigo su augusta calavera.


Ay, huesos, donde ardió la sed más pura,
sustentando con más viril coraje
el ¡no! en pie y de cara al oleaje
que rompe contra el hombre y su figura.


Comed el pan despacio, andad a besos
por los lagares y por los molinos,
que ya todo es Quevedo derramado.


Polvo de humano polvo son sus huesos,
mas aunque sean polvo en los caminos,
polvo serán de España enamorado.


                 *  *  *  *  *

Del amor de cada día

Es posible que se haya dicho todo
y que hayamos nacido tal vez tarde.
Mas esta gloria que en mis venas arde,
nadie -¡nadie!- la vive de este modo.


Todo es posible. Todo ha sido en nombre:
todo. Pero este beso tuyo y mío,
esta luz, esta flor, este rocío,
son nuestros nada más, mujer y hombre.


Mujer y hombre únicos, primeros,
-tú y yo, yo y tú- con nombres y apellidos
que no se han de dar más en criatura.


Empezamos la Historia, verdaderos
primer hombre y mujer reconocidos,
proclamando el amor y su aventura.