lunes, 16 de junio de 2014

SONETOS DE LUIS DE GÓNGORA


Luis de Góngora y Argote es uno de los poetas más destacados del Barroco, su literatura fresca y novedosa tan diferente de lo que se escribía en su época, le granjea enemistades. La Generación del 27 tomó ese nombre del año en que murió Góngora y reúne a poetas de la importancia de García Lorca, Luis Cernuda, Altolaguirre, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, etc., quienes en el tercer centenario de la muerte del poeta le hacen un homenaje en el Ateneo de Sevilla. 



El sepulcro de Dominico Greco, excelente pintor


Esta en forma elegante, o peregrino,
de pórfido luciente dura llave,
el pincel niega el mundo mas suave
que dio espíritu a leño, vida o lino.

Su nombre, aun de mayor aliento dino 
que en los clarines de la fama cabe,
el campo ilustra de esa mármol grave,
Venéralo, y prosigue tu camino.

Yace el Griego, heredó naturaleza
Arte, y el Arte estudio, Iris colores, 
Febo luces, sino sombras Morfeo.

Tanta urna, a pesar de su dureza,
lágrimas beba, y cuantos suda olores,

corteza funeral de árbol sabeo.  



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A las damas de la corte, pidiéndoles favor para los galanes andaluces


Hermosas damas si la pasión ciega
que os arma de desdén, no os arma de ira,
¿quién con piedad al andaluz no mira
y quién al andaluz su favor niega?

¿En el terreno, quién humilde ruega, 
fiel adora, idólatra suspira?
¿Quién en la plaza los bohordos tira,
mata los toros y las cañas juega?

¿En los saraos quién lleva las más veces
los dulcísimos ojos de la sala, 
sino galanes del Andalucía?

A ellos les dan siempre los jueces
en la sortija el premio de la gala,
en el torneo, de la valentía.

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Clori


Al sol peinaba Clori sus cabellos
con peine de marfil, con mano bella;
mas no se parecía el peine en ella
como se oscurecía el sol en ellos.

Cogió sus lazos de oro, y al cogerlos, 
segunda mayor luz descubrió aquella
delante quien el sol es una estrella
y esfera España de sus rayos bellos.

Divinos ojos, que en su dulce oriente
dan luz al mundo, quitan luz al cielo, 
y espera idolatrarlos occidente.

Esto amor solicita con su vuelo,
que en tanto mar será un arpón luciente,
de la cerda inmortal mortal anzuelo.

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 En el sepulcro de la Duquesa de Lerma


¡Ayer deidad humana, hoy poca tierra;
aras ayer, hoy túmulo, ¡oh mortales!
Plumas, aunque de águilas reales
plumas son, quien lo ignora mucho hierra.

Los hueso que hoy este sepulcro encierra, 
a no estar entre aromas orientales
mortales señas dieran de mortales;
la razón abra lo que el mármol cierra.

La Fénix que ayer Lerma, fue su Arabia
es hoy entre cenizas un gusano 
y de conciencia a la persona sabia.

Si una urca se traga el Océano,
¿qué espera un bajel luces en la gabia?
Tome tierra, que es tierra el ser humano.


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Al Marqués de Ayamonte que, pasando por Córdoba, le mostró un retrato de la Marquesa


Clarísimo Marqués, dos veces claro
por vuestra sangre y vuestro entendimiento
claro dos veces otras, y otras ciento
por la luz, de que no me sois avaro,

de los dos Soles que el pincel más raro 
dio de su luminoso firmamento
a vuestro seno ilustre, atrevimiento
que aun en cenizas no saliera caro:

¿Qué águila, señor, dichosamente
la región penetró de su hermosura 
por copiaros los rayos de su frente?

Cebado vos los ojos de pintura,
en noche camináis, noche luciente
que mal será con dos soles oscura.

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A Guadalquivir, río de Andalucía


Rey de los otros ríos caudaloso,
que en fama claro, en ondas cristalino,
tosca guirnalda de robusto pino,
ciñe tu frente y tu cabello undoso.

Pues dejando tu nido cavernoso 
de Segura en el monte más vecino,
por el suelo andaluz tu real camino
tuerces soberbio, raudo y espumoso.

A mí, que de tus fértiles orillas
piso, aunque ilustremente enamorado, 
la noble arena con humilde planta,

dime si entre las rubias pastorcillas
has visto que en tus aguas se han mirado
beldad cual la de Clori, o gracia tanta.

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  De unas fiestas en Valladolid


La plaza, un jardín fresco; los tablados,
un encañado de diversas flores;
los toros, doce tigres matadores
a lanza y a rejón despedazados;

la jineta, dos puestos coronados 
de príncipes, de grandes, de señores;
las libreas, bellísimos colores,
arcos del cielo, o propios o imitados;

los caballos, Favonios andaluces
gastándole al Perú oro en los frenos 
y los rayos al sol en los jaeces;

al trasponer de Febo ya las luces
en mejores adargas, aunque menos,
Pisuerga vio lo que Genil mil veces. 

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A una dama muy blanca, vestida de verde


Cisne gentil, después que crespo el vado
dejó, y de espuma a la agua encanecida,
que al rubio sol la pluma humedecida
sacude de las juncias abrigado:

copos de blanca nieve en verde prado, 
azucena entre murtas escondida,
cuajada leche en juncos exprimida,
diamante entre esmeraldas engastado,

no tienen que preciarse de blancura
después que nos mostró su airoso brío 
la blanca Leda en verde vestidura.

Fue tal, que templó su aire el fuego mío,
y dio, con su vestido y su hermosura,
verdor al campo, claridad al río.

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  Hermoso dueño de la vida mía


Hermoso dueño de la vida mía,
mientras se dejan ver a cualquier hora
en tus mejillas la rosada aurora,
Febo en tus ojos y en tu frente el día,

y mientras que con gentil descortesía 
mueve el viento la hebra voladora
que la Arabia en sus venas atesora
y el rico Tajo en sus arenas cría;

antes que de la edad Febo eclipsado
y el claro día vuelto en noche oscura, 
huya la aurora del mortal nublado;

antes que lo que es hoy rubio tesoro
venza la blanca nieve su blancura,
goza, goza el color, la luz, el oro.

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- XXX -

Suspiros tristes, lágrimas cansadas,
que lanza el corazón, los ojos llueven,
los troncos bañan y las ramas mueven
de estas plantas, a Alcides consagradas;

mas del viento las fuerzas conjuradas 5
los suspiros desatan y remueven,
y los troncos las lágrimas se beben,
mal ellos y peor ellas derramadas.

Hasta mi tierno rostro aquel tributo
que dan mis ojos, invisible mano 10
de sombra o de aire me la deja enjuto,

porque aquel ángel fieramente humano
no crea mi dolor, y así es mi fruto
llorar sin premio y suspirar en vano.