viernes, 2 de mayo de 2014

POEMAS DE GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA




Gertrudis Gómez de Avellaneda, nació el 23 de marzo de 1814 en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, Cuba, y falleció en Madrid el 1 de febrero de 1873. Escritora del Romanticismo, con una fecunda actividad literaria, escribió poesía, novela y teatro. Hemos seleccionado aquí algunos de sus sonetos.


     Al Sol en un día de diciembre 

    Reina en el cielo. ¡Sol, reina e inflama
    Con tu almo fuego mi cansado pecho!
    Sin luz, sin brío, comprimido, estrecho,
    Un rayo anhela de tu ardiente llama.


    A tu influjo feliz brote la grama;
    El hielo caiga a tu fulgor deshecho:
    ¡Sal, del invierno rígido a despecho,
    Rey de la esfera, Sol: mi voz te llama!


    De los dichosos campos do mi cuna
    Recibió de tus rayos el tesoro,
    Me aleja para siempre la fortuna:


    Bajo otro cielo, en otra tierra lloro,
    Donde la niebla abrúmame importuna,
    ¡Sal rompiéndola, Sol, que yo te imploro!


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Mi mal
    En vano ansiosa tu amistad procura
    Adivinar el mal que me atormenta;
    En vano, amigo, conmovida intenta
    Revelarlo mi voz a tu ternura.


    Puede explicarse el ansia, la locura
    Con que el amor sus fuegos alimenta.
    Puede el dolor, la saña más violenta,
    Exhalar por el labio su amargura...


    Mas de decir mi malestar profundo,
    No halla mi voz, mi pensamiento, medio,
    Y al indagar su origen me confundo:


    Pero es un mal terrible, sin remedio,
    Que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
    Que seca el corazón... ¡En fin, es tedio!


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          Al partir
    ¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
    ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
    La noche cubre con su opaco velo,
    Como cubre el dolor mi triste frente.


    ¡Voy a partir! La chusma diligente,
    Para arrancarme del nativo suelo
    Las velas iza, y pronta a su desvelo
    La brisa acude de tu zona ardiente.


    ¡Adiós!, ¡patria feliz, edén querido!
    ¡Doquier que el hado en su furor me impela,
    Tu dulce nombre halagará mi oído!


    ¡Adiós! Ya cruje la turgente vela
    ¡El anda se alza... El buque, estremecido,
    Las olas corta y silencioso vuela!


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     Las contradicciones

    No encuentro paz, ni me permiten guerra;
    De fuego devorado, sufro el frío;
    Abrazo un mundo, y quédome vacío;
    Me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.


    Ni libre soy, ni la prisión me encierra;
    Veo sin luz, sin voz hablar ansío;
    Temo sin esperar, sin placer río;
    Nada me da valor, nada me aterra.


    Busco el peligro cuando auxilio imploro;
    Al sentirme morir me encuentro fuerte;
    Valiente pienso ser, y débil lloro.


    Cúmplese así mi extraordinaria suerte;
    Siempre a los pies de la beldad que adoro,
    Y no quiere mi vida ni mi muerte.


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Deseo de venganza

(Soneto escrito en una tarde tempestuosa)
¡Del huracán espíritu potente,
rudo como la pena que me agita!
¡Ven, con el tuyo mi furor excita!
¡Ven con tu aliento a enardecer mi mente!

¡Que zumbe el rayo y con fragor reviente,
mientras -cual a hoja seca o flor marchita-
tu fuerte soplo al roble precipita.
roto y deshecho al bramador torrente!

Del alma que te invoca y acompaña,
envidiando tu fuerza destructora,
lanza a la par la confusión extraña.

¡Ven... al dolor que insano la devora
haz suceder tu poderosa saña,
y el llanto seca que cobarde llora!

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A las estrellas

     Reina el silencio: fúlgidas en tanto
Luces de paz, purísimas estrellas,
De la noche feliz lámparas bellas,
Bordáis con oro su luctuoso manto.

Duerme el placer, mas vela mi quebranto,
Y rompen el silencio mis querellas,
Volviendo el eco, unísono con ellas,
De aves nocturnas el siniestro canto.

¡Estrellas, cuya luz modesta y pura
Del mar duplica el azulado espejo!
Si a compasión os mueve la amargura

Del intenso penar por que me quejo,
¿Cómo para aclarar mi noche oscura
No tenéis ¡ay! ni un pálido reflejo?


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Soneto imitando una oda de Safo

¡Feliz quien junto a ti por ti suspira,
quien oye el eco de tu voz sonora,
quien el halago de tu risa adora,
y el blando aroma de tu aliento aspira!

Ventura tanta, que envidioso admira
el querubín que en el empíreo mora,
el alma turba, al corazón devora,
y el torpe acento, al expresarla, espira.

Ante mis ojos desaparece el mundo,
y por mis venas circular ligero
el fuego siento del amor profundo.

Trémula, en vano resistirte quiero...
de ardiente llanto mi mejilla inundo...
¡delirio, gozo, te bendigo y muero!

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Suplicio de amor

    ¡Feliz quien junto a ti por ti suspira,
    Quien oye el eco de tu voz sonora,
    Quien el halago de tu risa adora
    Y el blando aroma de tu aliento aspira!


    Ventura tanta, que envidioso admira
    El querubín que en el empíreo mora,
    El alma turba, el corazón devora,
    Y el torpe acento, al expresarla, expira.


    Ante mis ojos desaparece el mundo
    Y por mis venas circular ligero
    El fuego siento del amor profundo.


    Trémula, en vano resistirte quiero.
    De ardiente llanto mi mejilla inundo.
    ¡Delirio, gozo, te bendigo y muero!