jueves, 9 de octubre de 2014

MEJOR, UNIDOS



Y dice ese gran poeta y ácrata universal que fue León Felipe:

"...Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria, 
ni una tierra provinciana, 
ni una casa 
solariega y blasonada, 
ni el retrato de un mi abuelo que ganara 
una batalla, 
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada? 
¡Qué voy a cantar si soy un paria 
que apenas tiene una capa..!" 



Desde una perspectiva anarquista estaremos siempre contra esos arcaicos conceptos de patria, himno y bandera que en definitiva fueron inventados por los poderosos,  que lavaron así el cerebro a las masas hambrientas y casi desnudas para que, encima, por si no tenían bastante desgracia, derramaran su sangre en guerras con los vecinos o cualesquiera otros enemigos inventados ad hoc, que no tenían otro fin que acrecentar, proteger y defender las propiedades y privilegios de los propios inventores de estas patrañas.
Se podría decir que todas las guerras de independencia habidas a través de la historia, a lo largo y ancho de nuestro planeta, en el fondo,  no han tenido otro motivo que los intereses económicos de sectores burgueses con poder político. Aunque como es lógico se le adornara con ideas de libertad y justicia y otras palabras por el estilo, pero que luego una vez conseguido el objetivo, esas masas o lo que quedaba de ellas después de la guerra, seguían y en muchos casos aún siguen, hambrientas y descalzas, pero eso sí, en su nueva patria con, supuestamente,  justicia y libertad. 
La humanidad ha sufrido mucho y ha derramado mucha sangre en aras de falsas premisas promovidas por las religiones y los nacionalismos, todos los nacionalismos, que en definitiva no son más que un amasijo de intereses de clase, condimentado con la correspondiente intolerancia al diferente y, como no, su gran dosis de racismo como demuestra el hecho histórico de las limpiezas étnicas en estos conflictos.
Hemos de despertar y dejar de tropezar con la misma piedra, una y otra vez.  
Naturalmente existen diversos puntos de vista sobre este, y cualquier otro tema, casi tantos puntos de vista como ciudadanos hay en el mundo y cada cual le agrega sus matices pero en una democracia gozamos todos de libertad de expresión, y la usamos, pues aquellos oscuros tiempos de pensamiento único forman parte, felizmente, del pasado.