domingo, 21 de septiembre de 2014

POEMAS DE HUMBERTO GARZA CAÑAMAR


Humberto Garza Cañamar nació el 22 de mayo de 1948 en Montemorelos, México.  Excelente poeta, meticuloso con el ritmo y la versificación.







Acuarela

Respirabas en mí, en mí; pero muy dentro,
como los tiernos brotes de una planta pequeña.
El aire de tu vaho llegaba al pensamiento
dándole vida al canto del pájaro que sueña.

Corrías en la sangre de mis noches ingrávidas
y en los ríos crecidos de minutos sin fin,
también como una lluvia perdurable de lágrimas
caías en el golfo que ronda mi Delfín.

Piel rizada en la tibia caricia de otros labios,
verbo de la neurosis deshecho en el trastorno.
Brújula sin imán, dirigiste mis barcos
en una travesía que no tuvo retorno.

El derecho al amor que ejercían tus ojos
era el escrito largo de una pluma inexperta,
buscando pertinaz, maravillas de un cosmos,
y percibiendo sólo mi geografía desierta.

Las mágicas reuniones de mis dudas antiguas
inexcusablemente llegaban como niños
a desatar la enorme borrasca de tu risa
sobre el casto pelambre de enero y sus armiños.

Debí cansarte mucho, sin notarlo siquiera;
a los reinos de abajo mis reyes han caído.
La historia de sus vidas, las sepultó la arena
del médano más grande que levantó el olvido.

                       *  *  *  *  *  *

Deseo

Hoy mi halcón degollador
en las embriónicas aguas
busca espiritosa noche
para clavarle las garras.

El crimen del paraíso
siendo negro y siendo blanco,
es congruente silogismo
entre Sanguinario y Santo.

Tamborilea la lluvia
con deditos de agua clara
hierba nueva en el Edén
y musgo de la esperanza.

Luego, empieza a anochecer
por donde voy caminando;
incompetentes y torpes
salen a brincar los sapos

No culpen la reacción
cataléptica de mi alma,
si mi pico meneador
les destroza la garganta.

La madrugada impostora...
con pisadas de geranio.
turistea en un papel...
donde no puse la mano.

Mi cernícalo reflejo
en pesadilla adversaria
deja un azul Vaticano
para salir a matarla.

Y el cántico de mi halcón
vuelve de nuevo al trabajo
con viejos números griegos
en su garganta de mármol.

              *  *  *  *  *  *  *  *

Evocación

Nos amaremos más cuando la hierba crezca
y envuelva los caballos que asustaban al aire,
y envuelva aquellos potros que iban cual cometas,
convulsionadamente, en un macabro baile.

Le robaré tus besos a meteoros de Australia
y a electrónicas lluvias que bañan pastizales,
y gritaré, radiante, que la suerte no es mala,
porque la suerte tiene, para andar, muchas calles.

Buscaré tu figura en los ríos del tiempo,
¡mitológico aspecto de excéntrico donaire!
Buscaré tu figura para llevarla lejos
a mirar los canguros a la tierra de nadie.

¡Persistente locura! En los días aciagos
cobra vida el fantasma disuelto en la memoria,
y empieza a galopar como hacen los caballos
después de haber pastado en los campos de euforia.

¿Llegan a tus oídos las palabras de mi alma?
¿Llegan a ti las voces de viejos caminantes?
no me respondas hoy, respóndeme mañana,
cuando esté más tranquila tu celestial imagen.

Ayer, al recordarte, sangró la vieja herida.
En esta gran planicie, ¡no te deseo menos!
Pienso: ¿Estará soñando como estaba Cristina
sentada en la llanura, mirando siempre lejos?

Amazona vehemente cabalgando en el río
donde purpúreas alas de cardenal se baten;
libera la serpiente que muere en el delirio,
hazla volver de nuevo al trópico de antes.

Te sigo imaginando en la cara del agua,
proyectando a la vida ambarinos colores.
Te sigo imaginando, conflictiva adversaria,
dentro del receptivo cóctel de medianoche.


                   *  *  *  *  *  *

Mañana

No bordaste el pañuelo
que te pedía,
voy a marchar sin él
por esta vida.
Si llego al cielo
no llevaré de ti
ningún recuerdo.

Todos están cantando
mientras te busco
entre los ruidos grandes
que hay en el mundo.
¡Ay, sí yo fuera!
el corazón del astro
que tú deseas.

Ángel de medianoche
cuando te escondes,
quieren enamorarte
los soñadores.
Ángel divino,
quiero escapar del mundo
y volar contigo.

Pétalo mañanero,
vas por el viento,
y mi suspiro en llamas
te va siguiendo.
Allá en los montes
no me confundas nunca
con otros hombres.

Voz de los naranjales,
azul del cerro;
convertido en palabras
marcho del pueblo.
Lluvia de cera
cubre y preserva todo
hasta que vuelva.


            *  *  *  *  *  *  *  *

Morfina

A todo renuncié por ser tu amigo
cuando eras flor de luz y de sorpresa;
mi confesión, tal vez no te interesa,
yo, de todas maneras te la digo.

Tu sinfonía de nardos y castigo,
mi piel rasgada en el dolor, no besa,
y como blanca nube hoy atraviesa
mi sueño y las espigas de mi trigo.

Hoy la sangre me fluye quedamente...
tal parece que edito mi agonía
en el rosado mármol de tu frente.

Espero, la aflicción de mi elegía,
con el acento de su voz doliente
no empañe los fulgores de tu día.

                *  *  *  *  *  *  *

Sueño

Voy a dormir de nuevo, en el penacho negro
que llevan en la cresta aquellas nubes altas.
Voy a escapar del mundo y a disfrutar el sueño
que nos brinda el descanso que ya nunca se acaba.

Voy a dejar la fuerte y apasionada angustia
que hierve entre las venas de mi sangre amargada,
para seguir caminos que nacen y se borran
en la piel infinita de tardes y mañanas.

Voy a ascender a donde los vientos son continuos
y empujan incansables la fantasía del alma.
Mis versos, como gotas de rocío mañanero,
resbalarán del manto rosado de las albas.

Qué importa que desnudo, tirite mientras vuelo,
ingrávido en las nubes, sin plumas y sin alas.
Qué importa, si es más grande la frialdad de sentir
pasiones que perduran y que nunca se apagan.

Desde la fría torre de celestial iglesia,
mi lengua, de badajo, servirá a la campana,
y pegará en el bronce, llamando persistente,
a las almas sin rumbo que por el cielo vagan.


Cuando el violín de ausencias gima apartado y triste
bajo la inmensa sombra de las nubes que pasan,
mi voz irá cantando salmodiante y tranquila,
feliz en el murmullo de la lluvia lejana.


                    *  *  *  *  *  *

                   Los músicos

¿De qué tierra vinieron estos músicos tristes,
con voces incisivas y ojos de lunas frías?
Su música tortura corazones felices
y hace llorar imágenes de mármol y de arcilla.

¿Qué nefario artesano les dio esos instrumentos
henchidos de quejidos e inmensas agonías?
Al oírlos, recuerdo las cosas que están lejos
y solitarias noches en cabañas vacías.

Todas las tardes llegan a esta posada lúgubre,
sus lenguas, cual flamas de inquietos candelabros;
hablan con el sigilo de una monja que encubre
de un amor juvenil los pasados milagros.

¿De dónde sacan ellos el sentimiento amargo
que impregnan en sus voces al emitir sus cantos?
¿Es que sienten más hondo, más profundo y más claro,
o es que tienen un timbre más perfecto y exacto?

Su música pausada gotea en la penumbra
y ataja los destellos en todas las miradas.
El daño de otro tiempo todo el espacio inunda
y en un rincón del mundo ¡Lloran todas las almas!



                           *  *  *  *  *
     
Indiferencia

¿Quieres saber en donde la ternura
vio malogrado al fin su último intento?
¡En el filón de sombra y descontento
que desplegaste ayer en la llanura!

Voy a encerrar mi voz en la clausura
penosa que regala el sufrimiento;
para anular lo absurdo de este evento
que fue otro testimonio a mi locura.

El tiempo traerá indiferencia
y la pasión se quedará dormida
en el mar del olvido y de la ausencia.

Tú en mis recuerdos vagarás perdida
como otra flor llegada a la existencia
por el costado erróneo de la vida.