viernes, 26 de septiembre de 2014

CATALUÑA



Mucho más allá de lo que digan la Constitución y las leyes, este Gobierno de Rajoy, plantado en el no a todo, y por otro lado la Generalitat, que quiere sacar más dinero de donde no hay, está el hecho de la manifiesta falta de aprecio de muchos catalanes hacia el resto de España, y viceversa, y en esto radica el quid de la cuestión, porque es innegable que en estos últimos años, unos y otros, nos hemos dedicado a cultivar esa enemistad que nos va, poco a poco, llevando a una mala voluntad que será la madre de todos los errores y que hará nuestra convivencia más difícil cada vez.
Recuerdo cuando Don Mariano, en sus discursos apocalípticos, calificaba al Estatuto catalán de “pesadilla y tropelía”, y, “una monstruosidad destinada a la disolución de España” y se dedicaba a recoger firmas y a mentir sobre el número de éstas que ya había conseguido, presentando finalmente un recurso ante el Tribunal Constitucional cuyo fallo dejó ligeramente mutilado el mencionado Estatuto. En cuanto a los medios ultraconservadores, no han parado ni un momento de crear inquina, proponiendo incluso boicots a los productos de procedencia catalana.
También los independentistas con sus argumentos de que “España nos roba” precisamente cuando estamos inmersos en esta monumental crisis y que de alguna manera pretenden hacer ver que los recortes que Cataluña sufre, que además son los mismos recortes que sufren las demás Comunidades, se debe al “robo” de los españoles y no a la mala gestión de los recursos por parte del Govern.
España, en la actualidad, es uno de los estados más descentralizados de Europa, el gobierno central solamente gestiona el 17% de sus competencias. Cataluña goza de un auto-gobierno que ya lo quisieran los escoceses. Lo único malo aquí, tal vez sea, que los gobernantes son de muy baja calidad, tienen muy poco de estadistas, tanto en Cataluña como en Madrid.
Es más necesario que nunca que se sienten a hablar horas y horas, días y días, y todo el tiempo que sea preciso, sin condiciones previas y en un clima amistoso y de buena voluntad con ánimo de encontrar soluciones y con la convicción de que la posible ruptura sería muy negativa y perjudicial, para ambas partes, por más que muchos se resistan a admitirlo. Es fundamental que el Rey Felipe VI, en cumplimiento constitucional asuma su papel de árbitro en estas conversaciones que deberían dar una solución definitiva a estos nuestros antiguos problemas territoriales.