viernes, 22 de agosto de 2014

EL ÉBOLA



El ébola asusta, más bien ha generado pánico, está dejando de ser una enfermedad de países pobres lejanos, y, fuera de control,  amenaza con extenderse en cualquier momento a nuestras ricas sociedades que olvidaron los valores éticos, para ocuparse únicamente de los valores bursátiles.
De momento este peligroso virus está afectando seriamente a las poblaciones de Guinea Conakry, Liberia, y Sierra Leona con más de 1.350 muertos, pero los países vecinos como Senegal, Costa de Marfil, Nigeria y Mali viven en alerta máxima. Médicos sin Fronteras ha descrito al Ébola como “una de las enfermedades más mortales del mundo, es un virus altamente infeccioso que puede matar hasta el 90% de las personas que lo contraen, lo que causa terror entre las comunidades con infección”. No hay tratamiento contra este virus, ni vacunas, y a pesar de que lo conocemos desde 1976, produciéndose brotes ocasionales, nadie se ha preocupado todavía por encontrar algún tipo de solución, ni investigar y producir algún fármaco que pudiera evitar tanta mortalidad.
Naturalmente estos países nunca han sido interesantes desde el punto de vista económico para la poderosa industria farmacéutica, al parecer, única encargada de la investigación bio-médica y es que la salud de las personas depende de los mercados, por eso, otras enfermedades tan represantativas como la malaria, el Dengue, Chagas, Chikungunyo y la fiebre amarilla, entre otras, siguen, años tras años sin tratamientos eficaces. Se puede decir que la industria farmacéutica, como privada que es, tiene derecho a investigar y producir aquello que considere rentable y conveniente para sus intereses, pero, ¿qué pasa con los Gobiernos de estas democracias occidentales? ¿A qué tanta OTAN y misiles y tantos caza-bombarderos y tan poca atención a la salud pública? ¿Con que derecho se gastan los recursos de todos nosotros en útiles para matar en lugar de mejorar la vida de los ciudadanos con empleos, educación, vivienda, sanidad, agua potable y buena nutrición todos ellos, elementos esenciales para una buena salud pública? En este mundo tenemos suficientes recursos para atender las necesidades de todos pero parece que no hay bastante para satisfacer la avaricia de unos pocos.
Ahora cuando pudiera llegar el espanto nos preocuparemos de encontrar soluciones sin reparar en gastos y aprenderemos que los virus, al igual que el capital especulativo, no saben de geografía ni de fronteras.

Gregorio García Alcalá