jueves, 5 de junio de 2014

POEMAS DE ÁLVARO MUTIS


Álvaro Mutis Jaramillo nació el 25 de agosto de 1923 en Bogotá, Colombia y falleció el 22 de septiembre de 2013 en Ciudad de México. Novelista y poeta, reconocido como uno de los escritores contemporáneos hispanoamericanos más importante. Recibió muchos premios literarios, entre ellos, el Premio Cervantes en 2001 y el Príncipe de Asturias en 1997. 





Sonata

Otra vez el tiempo te ha traído
al cerco de mis sueños funerales.
Tu piel, cierta humedad salina,
tus ojos asombrados de otros días,
con tu voz han venido, con tu pelo.
El tiempo, muchacha, que trabaja
como loba que entierra a sus cachorros
como óxido en las armas de caza,
como alga en la quilla del navío,
como lengua que lame la sal de los dormidos,
como el aire que sube de las minas,
cono tren en la noche de las páramos.
De su opaco trabajo nos nutrimos
como pan de cristiano o rancia carne
que enjuta la fiebre de los ghettos
a la sombra del tiempo, amiga mía,
un agua mansa de acequia me devuelve
lo que guardo de ti para ayudarme
a llegar hasta el fin de cada día.


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Sonata 2

Por los árboles quemados después de la tormenta.
Por las lodosas aguas del delta.
Por lo que hay de persistente en cada día.
Por el alba de las oraciones.
Por lo que tienen ciertas hojas
en sus venas color de agua
profunda y en sombra.
Por el recuerdo de esa breve felicidad
ya olvidada
y que fuera alimento de tantos años sin nombre.
Por tu voz de ronca madreperla.
Por tus noches por las que pasa la vida
en un galope de sangre y sueño
Por lo que eres ahora para mí.
Por lo que serás en el desorden de la muerte.
Por eso te guardo a mi lado
como la sombra de una ilusoria esperanza.


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Ciudad

Un llanto
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.
Primero un ruido de cerradura,
después unos pies que vacilan
y luego, de pronto, el llanto.
Suspiros intermitentes
como caídos de un agua interior,
densa,
imperiosa,
inagotable,
como esclusa que acumula y libera sus aguas
o como hélice secreta
que detiene y reanuda su trabajo
trasegando el blanco tiempo de la noche.
Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,
hasta los solares donde se amontonan las basuras,
bajo las cúpulas de los hospitales,
sobre las terrazas del verano,
en las discretas celdas de la prostitución,
en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,
con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,
en las medallas que reposan en joyeros de teca,
un llanto de mujer que ha llorado largamente
en el cuarto vecino,
por todos los que cavan su tumba en el sueño,
por los que vigilan la mina del tiempo,
por mí que lo escucho
sin conocer otra cosa
que su frágil rodar por la intemperie
persiguiendo las calladas arenas del alba.


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Nocturno

La fiebre atrae el canto de un pájaro andrógino
y abre caminos a un placer insaciable
que se ramifica y cruza el cuerpo de la tierra.
¡Oh el infructuoso navegar alrededor de las islas
f donde las mujeres ofrecen al viajero
la fresca balanza de sus senos
y una extensión de terror en las caderas!
La piel pálida y tersa del día
cae como la cáscara de un fruto infame.
La fiebre atrae el canto de los resumideros
donde el agua atropella los desperdicios.



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Nocturno 2

La fiebre atrae el canto de un pájaro andrógino
y abre caminos a un placer insaciable
que se ramifica y cruza el cuerpo de la tierra.
¡Oh el infructuoso navegar alrededor de las islas
f donde las mujeres ofrecen al viajero
la fresca balanza de sus senos
y una extensión de terror en las caderas!
La piel pálida y tersa del día
cae como la cáscara de un fruto infame.
La fiebre atrae el canto de los resumideros
donde el agua atropella los desperdicios.



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Nocturno 3

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el zinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.


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Amén

Que te acoja la muerte
con todos tus sueños intactos.
Al retorno de una furiosa adolescencia,
al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,
te distinguirá la muerte con su primer aviso.
Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha.




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Canción del Este


A la vuelta de la esquina
un ángel invisible espera;
una vaga niebla, un espectro desvaído
te dirá algunas palabras del pasado.
Como agua de acequia, el tiempo
cava en ti su arduo trabajo
de días y semanas,
de años sin nombre ni recuerdo.
A la vuelta de la esquina
te seguirá esprando vanamente
ése que no fuiste, ése que murió
de tanto ser tú mismo lo que eres.
Ni la más leve sospecha,
ni la más leve sombra
te indica lo que pudiera hber sido
ese encuentro. Y, sin embargo,
allí estaba la clave
de tu breve dicha sobre la tierra.




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Exilio

Voz del exilio, voz de pozo cegado,

voz huérfana, gran voz que se levanta

como hierba furiosa o pezuña de bestia,

voz sorda del exilio,

hoy ha brotado como una espesa sangre

reclamando mansamente su lugar

en algún sitio del mundo.

Hoy ha llamado en mí

el griterío de las aves que pasan en verde algarabía

sobre los cafetales, sobre las ceremoniosas hojas del banano,

sobre las heladas espumas que bajan de los páramos,

golpeando y sonando


y arrastrando consigo la pulpa del café


y las densas flores de los cámbulos.


Hoy, algo se ha detenido dentro de mí,


un espeso remanso hace girar,


de pronto, lenta, dulcemente,


rescatados en la superficie agitada de sus aguas,


ciertos días, ciertas horas del pasado,

a los que se aferra furiosamente


la materia más secreta y eficaz de mi vida.


Flotan ahora como troncos de tierno balso,


en serena evidencia de fieles testigos

y a ellos me acojo en este largo presente de exilado

En el café, en casa de amigos, tornan codolor desteñido

Teruel, Jarama, Madrid, Irún, Somosierra, Valencia

y luego Perpignan, Arreglen, Dakar, Marsella.

A su rabia me uno, a su miseria

y olvido así quién soy, de dónde vengo,

hasta cuando una noche

comienza el golpeteo de la lluvia

y corre el agua por las calles en silencio

y un olor húmedo y cierto

me regresa a las grandes noches del Tolima

en donde un vasto desorden de aguas

grita hasta el alba su vocerío vegetal;

su destronado poder, entre las ramas del sombrío,

chorrea aún en la mañana

acallando el borboteo espeso de la miel

en los pulidos calderos de cobre.

Y es entonces cuando peso mi exilio

y miro la irrescatable soledad de lo perdido

por lo que de anticipada muerte me corresponde

en cada hora, en cada día de ausencia

que lleno con asuntos y con seres

cuya extranjera condición me empuja

hacia la cal definitiva

de un sueño que roerá sus propias vestiduras,

hechas de una corteza de materias

desterradas por los años y el olvido.