viernes, 16 de mayo de 2014

POEMAS DE JOSÉ MARÍA EGUREN


Jose María Eguren Rodríguez nació el 8 de julio de 1874 en  Lima, Perú y falleció en la misma ciudad el 19 de abril de 1942.  Profesor, poeta, periodista, pintor y fotógrafo. Su poesía pertenece al Simbolismo tardío.






La Pensativa

En los jardines otoñales,
bajo palmeras virginales,
miré pasar muda y esquiva
la Pensativa.

La vi en azul de la mañana,
Con su mirada tan lejana;
Que en el misterio se perdía
De la borrosa celestía.

La vi en rosados barandales
Donde lucía sus briales;
Y su faz bella vespertina
Era un pesar en la neblina...

Luego marchaba silenciosa
A la penumbra candorosa;
Y un triste orgullo la encendía,
¿Qué pensaría?

¡Oh su semblante nacarado
Con la inocencia y el pecado!
¡oh, sus miradas peregrinas
de las llanuras mortecinas!

Era beldad hechizadora;
Era el dolor que nunca llora;
¿Sin la virtud y la ironía
Qué sentiría?

En la serena madrugada,


La vi volver apesarada,
Rumbo al poniente, muda, esquiva
¡La Pensativa!


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Blasón

A niña que dulces amores sueña

la persigue el Duque de los halcones;

y si no mienten las fablas de la dueña,

se acercan doradas tribulaciones.

En la roja almena canta el autillo

y con miriñaque beldad se asoma;

y tiene encendido el dulce carrillo
,
murmura y tiembla como la paloma.

La urraca se oculta. La niña mira

con sus ojos zarcones la aspillera,

ya con aliento de rosa suspira,

ya el cintillo descoge lastimera
.
Vienen la coja reina y los nobles;

raudo el Duque procura alejamiento;

pero las ayas de los fustes dobles,

la aurora predicen del sufrimiento.



     
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Los muertos

Los nevados muertos,
bajo triste cielo,
van por la avenida
doliente que nunca termina.

Van con mustias formas
entre las auras silenciosas,
y de la muerte dan el frío
a sauces y lirios.

Lentos brillan blancos
por el camino desolado.
y añoran las fiestas del día
y los amores de la vida.

Al caminar los muertos una
esperanza buscan:
y miran sólo la guadaña,
la triste sombra ensimismada.

En yerma noche de las brumas
y en el penar y la pavura,
van los lejanos caminantes
por la avenida interminable.


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Nocturno

De Occidente la luz matizada
Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálido sombra.

Los insectos que pasan la bruma
se mecen y flotan,
y en su largo mareo golpean
las húmedas hojas.

Por el tronco ya sube, ya sube
La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.

En las ramas de fusca alameda
Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.

Ya descansan los rubios silvanos
Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.

En el lecho mullido la inquieta
Fanciulla reposa,
y muy grave su dulce, risueño
semblante se torna.

Que así viene la noche trayendo
Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.

Y las cosas, los hombres domina
La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.

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El bote viejo

Bajo brillante niebla,
de saladas actinias cubierto,
Amaneció en la playa,
Un bote viejo.

Con arena, se mira
La banda de sus bateleros,
Y en la quilla verdosos
Calafateos.

Bote triste, yacente,
Por los moluscos horadado;
Ha venido de ignotos
Muelles amargos.

Apareció en la bruma
Y en la armonía de la aurora;
Trajo de los rompientes
Doradas conchas.

A sus bancos remeros,
A sus amarillentas sogas,
Viene los cormoranes
Y las gaviotas.

Los pintorescos niños,
Cuando dormita la marea
Lo llenan de cordajes
Y de banderas.

Los novios, e la tarde,
En su alta quilla se recuestan;
Y a los vientos marinos,
De amor se besan.

Mas el bote ruinoso
De las arenas del estuario,
Ansía los distantes
Muelles dorados.

Y en la profunda noche,
En fino tumbo abrillantado,
Partió el bote muriente
A los botes lejanos.

    
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La niña de la lámpara azul


En el pasadizo nebuloso
Calcula mágico sueño de Estambul,
Su perfil presenta destelloso
La niña de la lámpara azul.

Ágil y risueña se insinúa,
Y su llama seductora brilla,
Tiembla en su cabello la garúa
De la playa de la maravilla.

Con voz infantil y melodiosa
el fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.

Con cálidos ojos de dulzura
Y besos de amor matutino,
Me ofrece la bella criatura
Un mágico y celeste camino.

De encantación en un derroche,
Hiende leda, vaporoso tul;
Y me guía a través de la noche
La niña de la lámpara azul.