martes, 3 de enero de 2012

LA CODICIA




La Real Academia de la Lengua define la codicia como afán excesivo de riqueza, y la iglesia la incluye como uno de los siete pecados capitales.
La codicia tiene efectos destructivos, sus efectos van desde “un poco de envidia” hasta el crimen y las pasiones más bajas. Estas personas no disfrutan, ni son felices con lo que tienen, viven siempre inquietas, con ansias de conseguir nuevas posesiones que una vez conseguidas tampoco calman esos deseos de apropiación inmoderada de bienes, sino que el deseo desordenado que nace de una pasión sin freno por la riqueza, siguen produciendo un desasosiego y malestar continuos que les impide vivir en paz.
Por culpa de la codicia se puede caer muy bajo, por ejemplo un cargo público termina aceptando sobornos, años atrás tuvimos muchos casos de estos en infinidad de municipios por toda la geografía nacional con motivo del desgraciado negocio del ladrillo y sus consecuentes recalificaciones de terrenos que llevó a muchos alcaldes y concejales a la cárcel o cuando menos a ser destituidos y hay que mencionar también el caso Gürtel que sigue coleando por varios juzgados donde al parecer muchos cargos políticos se enriquecieron de manera ilegal y que además por intereses extraños los procesos judiciales están caminando demasiado lentamente.
En estos días todos los medios de comunicación hablan del yerno del Rey, alguien que aparentemente tiene de todo y que sin embargo lo pone todo en riesgo en aras de sus ambiciones, conseguir más dinero se convierte en algo fundamental para su vida y no importa como, sino que lo importante es que sea mucho y mientras más mejor, para ello se ha valido de tretas como montar empresas sin ánimo de lucro y pedirle a Jaume Matas en aquel tiempo, presidente del Gobierno de Baleares un millón de euros de las arcas públicas, para hacer que el Tour de Francia pasara por Mallorca, es peor que el timo de la estampita ¿No? Contratos millonarios con Francisco Camps a cambio de nada y luego está la creación, con total descaro, de una fundación para “ayudar” a niños discapacitados que sirvió únicamente para evadir todo el dinero a paraisos fiscales. Toda una inteligencia al servicio del hurto para satisfacer apetencias personales.


Gregorio García Alcalá